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La máquina del tiempo: Cuando Hollywood se hizo (más) grande

A inicios de la segunda mitad del siglo pasado, la sociedad chilena comenzó a disfrutar de colosales producciones cinematográficas norteamericanas, con las cuales esa industria afrontó la competencia de la televisión, las que eran generalmente de género histórico (o películas de época), tales como Quo Vadis? (1951), Ben Hur (1959), El Cid (1961), Cleopatra (1963), El Planeta de los Simios (1968), 2001: Odisea del Espacio (1968) y El Padrino (1972), entre otras (por Jorge Valderrama Gutiérrez)

Elizabeth Taylor en el rol de Cleopatra, obra que precisó tres años de trabajo y un gasto total de 40 millones de dólares, la suma más alta gastada hasta entonces por la industria cinematográfica en la producción de una película. Archivo del autor.

Hoy en día es probable que exista algo de desconocimiento respecto a los orígenes y permanente evolución del cine, especialmente en una sociedad cautiva de la tecnología, y que tiende a pensar que desde siempre se ha proyectado en color, con sonido estéreo y efectos especiales extraordinarios, lo que no es tal. Sí, porque actualmente los sofisticados efectos especiales son considerados rutinarios, meros componentes del desarrollo de una película, y a nadie le extrañan los viajes en el tiempo, cruzar el espacio sideral, hacerse invisible, ver superhéroes de historietas con poderes sobrenaturales, resucitar especies extinguidas, combinar la animación con escenas reales, y un largo etcétera. ¡Prácticamente todo se puede recrear! Lo cual evidencia los avances tecnológicos que ha experimentado la cinematografía, y que hace solo algunas décadas atrás ni siquiera se soñaban.

Asimismo, dicha evolución no estuvo exenta de dificultades, pues debió sobreponerse a varias crisis económicas, políticas y sociales. En ese contexto, quienes eran niños y adolescentes en las décadas del cincuenta y sesenta del siglo pasado se recrearon extasiados con aquellos filmes, algunos de los cuales se continúan rememorando con nostalgia.

TV VERSUS PRODUCCIONES COLOSALES

Hacia mediados de 1950 la cinematografía norteamericana debió afrontar un nuevo y temible competidor: la televisión. En ese escenario histórico -inicios de la segunda mitad del siglo XX-, era una hazaña escenificar varias tomas simples, por lo cual superar a la pantalla chica constituyó todo un desafío que llevaría a productores, empresarios, actores, actrices, camarógrafos y a toda la maquinaria de Hollywood, apostar por los grandes temas históricos, religiosos, mitológicos y científicos. Por ello, así como se dice que el Séptimo Arte es el cine, el Octavo Arte sería el de hacer dinero con el séptimo. Porque en alguna medida el cine ha sido una fábrica de sueños y de generar riqueza… y no se detendría.

Entonces, intentando reconquistar al público, introdujo innovaciones técnicas como el relieve, la estereofonía, el aumento de las dimensiones de las pantallas y la modificación de su tradicional formato. Así nacieron el cinemascope, el cinerama, el technirama, la vistavisión, la panavisión, el Todd A.O. y, paralelamente, se comenzaron a filmar obras colosales, muy costosas y de una duración de tres o cuatro horas, para marcar las diferencias entre el espectáculo cinematográfico y el televisivo: Quo Vadis? (1951), expresión bíblica que se traduce como ¿Adónde Vas?), de Mervyn LeRoy; Los Diez Mandamientos (1956) de De Mille; Ben Hur (1959) de William Wyler; Espartaco (1961) de Stanley Kubrick; El Cid (1961) de Anthony Mann; Rey de Reyes (1961) de Nicholas Ray; Cleopatra (1963) de Joseph Mankiewicz; El Planeta de los Simios (1968); 2001 Odisea del Espacio (1968); El Padrino (1972), y varias otras.

Los niños y jóvenes de entonces, hundidos en las butacas de una sala provinciana o capitalina, contemplaban arrobados aquellos magníficos escenarios que alimentaban con su imaginación desbordante y que formarían parte de posteriores conversaciones. De esa manera, mordiéndose las uñas a veces, tiritando otras, asistieron al nacimiento de aquellas escenografías de masas que dejaron huella en la historia.

ODISEA EN EL ESPACIO

Recordar el film 2001: Odisea del Espacio, es también evocar la singular novela de Arthur C. Clarke, uno de los nombres más relevantes de la ciencia-ficción británica (junto a Ray Bradbury, Isaac Asimov, Paul Anderson, Fredric Brown, Frederick Pohl y algunos más). Ese reputado científico, experto tanto en física astronáutica como en la realización de precursores trabajos en el campo de las telecomunicaciones, unió su talento al del notable Stanley Kubrick, prestigioso director de cine norteamericano, para dar a luz esa superproducción estelar que hizo historia. Ambos compusieron una historia que abarcó la evolución completa de la humanidad, desde el proceso de hominización de los primates hasta el estadio posthumano que alcanzó el personaje central, David Bowman, al cruzar la Puerta de las Estrellas. La película rebasó los límites de la clásica Space ópera, hundiéndose en un inquietante vértigo cósmico y biológico, iluminando al espectador a imaginar nuevas interpretaciones del presente mediante las hipótesis de un futuro posible. Proyección notable hasta hoy, porque en pleno siglo XXI podría materializarse el umbral de una nueva etapa para toda la especie humana, tal cual han pronosticado cabalistas y esotéricos. En aquella poética época, cuando se lanzaban las primeras naves a sobrevolar la Tierra o el Sistema Solar, expuesta en un despacho de la NASA estaba la siguiente cita de Leonardo da Vinci: “La Gran Ave emprenderá su vuelo/ en el lomo de la gran ave,/ dando gloria al nido donde naciera”, la que grabaron en su mente muchos astronautas al momento de encenderse los motores de su nave y comenzar alejarse del planeta madre.

TE CON LIMÍON Y CANELA

En esos años, cuando en las radios y periódicos nacionales se comentaban las hazañas automovilísticas del gran piloto talquino Lorenzo Varoli, llamado “el piloto suicida” por los argentinos, o sinónimo de vértigo y velocidad por la afición chilena, era frecuente que los niños escucharan a los adultos emplear un lenguaje “raro”, palabras como: aplicar cataplasmas de barro; sacar el aire con una copa, una vela y un peso de cobre; curar el empacho y el mal de ojo; santiguar a los bebés; chupar azúcar con parafina para curar la tos; tomar leche de burra para el raquitismo; echar al tué-tué de las casas, etcétera, se contradecían con lo que leían y escuchaban. Cierto, porque paradojalmente, los mismos se iban interiorizando -a la vez- de algunos avances científicos en medicina, como el primer trasplante cardíaco de Chile efectuado en 1968 por el doctor Jorge Kaplan, solo 6 meses después de Christian Barnard; de la llegada del hombre a la Luna en 1969; de los descubrimientos de grandes ciudades sepultadas en los cinco continentes, de hallazgos de nuevas especies, etc..

EPÍLOGO

Compuesto en 1934 por Enrique Santos Discépolo, el tango Cambalache dibujó una era de cambios y contradicciones sociales que caracterizaron a parte de la sociedad del siglo XX, y que en parte de su letra reza: “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el 510 y en el 2000 también […] Siglo veinte, cambalache, problemático y febril. El que no llora no mama y el que no afana es un gil. Dale nomás, dale que va, que allá en el horno nos vamo’ a encontrar…”. Lo que generalmente nadie recuerda.

Finalmente, al analizar una época se desnuda el ser humano, mostrándose con sus pequeñeces y grandezas; el mismo que generalmente yace envuelto en fotografías, colores, verbos, poses y mantos de mitos. Como reza otra frase del gran Leonardo: “Por cada cosa nuestra, el tiempo se interrumpe”… y deberíamos añadir que con cada evocación “lo dominamos” como si poseyéramos una máquina para viajar por él.

¡POR SIEMPRE OK!

En aquel entonces, en Chile las revistas más leídas eran Okey, El Peneca y Don Fausto. En relación a Okey, ésa fue la primera publicación nacional dedicada completamente a la historieta, surgida en julio de 1949 y publicada hasta 1965, con un total de 800 números. Si bien en sus páginas incluyó historietas extranjeras, también destacaron las viñetas y guiones de dibujantes locales como Óscar Camino en el ámbito de la ciencia-ficción, con: El Navío Atómico y El Misterioso Invasor, dos series que creó en forma consecutiva con los mismos personajes. Según Moisés Hasson, en su libro Comic en Chile “a tres años de su creación  apareció el arte de Mario Igor cubriendo 2/3 de la portada”. Además, colaboraron René Ríos Boettiger (creador del popular Condorito) y otros. Algunas obras de esos autores chilenos fueron “La Marca del Escorpión, de Mario Igor; El Araña Desafía, de Arteaga; El Fantasma de las Playas, de G. Ulzurrun; y El Tejedor Incógnito, de Rafael Alberto” (Moisés Hasson).

Las series norteamericanas eran Flash Gordon y Brick Bradford, pero también estaban Paul Temple, James Bond, Mandrake el Mago y otras, que en la década del sesenta se transformaron en revistas formato comic book. Igualmente editó comics notables de Inglaterra, Francia, Argentina y numerosos otros países.

Con el devenir del tiempo, el 1 de diciembre de 1965, al celebrar poco más de 16 años desde su creación, con su número 800, pasó del “formato original al nuevo existente en el mercado, un comic-book con historias completas y a todo color” (Hasson), con 32 páginas y el tradicional chiste de Condorito incluido. Así terminó la época de Okey: con el comienzo de El Justiciero, que incluía clásicas aventuras ambientadas en el far west americano.

 GALERÍA DE FOTOS

Poster de la película El Cid, con la actuación de Sophia Loren y Charlton Heston, estrenada en 1961. Colección Historia del Cine.
Escena del film 2001: Odisea del Espacio. Para su materialización, Arthur C. Clarke, notable astrofísico y escritor de ciencia-ficción, unió su talento al del notable director de cine Stanley Kubrick.
Ben Hur, largometraje del género épico y dramático, fue ambientada mayormente en la provincia romana de Judea, en tiempos del emperador Tiberio.  Archivo del autor.
Quo Vadis?, film basado en la novela de Henryk Sienkiewicz, narra un incidente basado en los Hechos Apócrifos de Pedro. Fue ambientada en la antigua Roma, durante el reinado del emperador Nerón. Colección Historia del Cine.

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