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La Máquina del Tiempo: Cuando prometían conquistar el cosmos

En ese entonces, década del sesenta del siglo pasado, en nuestros campos aún se efectuaban topeaduras de a caballo, se jugaba rayuela con tejos, el juego del ula-ula se imponía en las ciudades, en tanto los jóvenes leían  Mundos en Colisión de Immanuel Velikovsky, y desde América del Norte informaban las nuevas hazañas en pos de la Conquista del Universo (por Jorge Valderrama Gutiérrez)

Estructuras cilíndricas y otras de caprichosas formas, se proponían -y aún se hace- como habitáculos para cientos de personas en el espacio de los años sesenta del siglo pasado. Transportes Aéreos Salvat.

Somos como mariposas volando y creyendo que lo haremos por siempre, sin tomar conciencia de nuestra fragilidad y futilidad. Seres finitos, temporales, determinados y efímeros en el concierto de la existencia. Dimensiones características de nuestra esencia que nos permiten disfrutar la Obra, lo que no puede hacer ninguna otra criatura conocida. En mi caso, cuando me zambullo en los recuerdos, proyecto imágenes y sonidos muy nítidos. Como los siguientes.

ENSOÑACIONES ENCABRITADAS

Años sesenta del siglo XX. Antes que el ser humano llegara a la Luna en julio de 1969. Nunca, en la historia de la humanidad, los niños y jóvenes de entonces realmente creíamos que pronto se podría viajar por el firmamento hacia otros planetas, contactar otras inteligencias, erigir ciudades en Marte, que se podría vivir en un mundo mejor. Pero “la realidad” nos abofeteó a través de la Guerra de Corea, la de Vietnam, la revolución china, las masacres de tiranos endiosados, la pobreza latina… y muchas otras lacras.

Recuerdo imaginar mi vida, en ocasiones, como una extensión de los guiones y personajes de Un Mundo Feliz de Huxley e, incluso, del comic Titanes Planetarios, pues vislumbraba una urbe automatizada; con robot efectuando tareas domésticas; niños aprendiendo durante el sueño, sin escuelas; viajando a otras épocas y lugares en cabinas de teletransportación; explorando universos de antimateria. Personas desarrollando potencialidades paranormales, moviendo objetos a distancia; levitando y abandonando el cuerpo para deslizarse libremente por el astral… en síntesis: un sanctasanctórum de fantasías desbocadas.

 AÑOS REVOLUCIONARIOS

Como se ha mencionado anteriormente, en aquel entonces los dos grandes colosos del planeta, Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, competían por la supremacía del espacio (y del mundo), llevando a sus naves y hombres cada vez más lejos en aras de nuevas proezas… con costos de vidas y pérdida de materiales importantes. Pero el fin lo justificaba, ¡era parte del “riesgo”!

En ese contexto, los líderes de ambas superpotencias prometían que conquistarían el infinito para el bien de la humanidad, que con ello mejorarían nuestra calidad de vida, que en algunos años disfrutaríamos los frutos del progreso y la exploración del universo (que en alguna medida se hizo), tales como: casas inteligentes, robot para realizar labores domésticas, posibilidades de teletransportación, desarrollo de capacidades humana casi desconocidas (psicosinesia o telekinesis, levitación, encarnación, viajes en el tiempo, etc.). ¡¡Sueños similares a mis fantasías desbocadas!!

No obstante, otra cara de la moneda exhibía la violencia de grupos terroristas como el IRA -Ejército Republicano Irlandés-, ETA -traducido como País Vasco y Libertad, España-, Sendero Luminoso en Perú, Tupamaros en Uruguay, los Montoneros en Argentina y el MIR en Chile. Elementos de un mundo que experimentaba revoluciones y profundos cambios sociales e ideológicos, comprometiendo a los jóvenes de entonces. A lo anterior se sumaban las amenazas que las superpotencias hacían a países más conservadores y pequeños. Naciones capitalistas o totalitarias que acostumbraron a sus pueblos a permanentes hambrunas succionándoles su libertad, que constantemente exhibían poderosas armas nucleares como amedrentamiento, cada una de las cuales era capaz de exterminar a una gran metrópolis, como si se tratara de instrumentos filantrópicos, benefactores, para la humanidad. Las adoraban igual que hoy, postrándose antes ellas como si fuesen deidades infernales, abrazándolas, sonriéndoles. Homicidas inclinados hacia adelante por el peso de inventadas medallas y piochas que ya no cabían -ni caben- en sus pechos. Tal parece, ¡los Goliat querían comerse a los David de la Tierra al igual que hoy!

 PAUWELS, BERGIER Y SUS BRUJOS

En ese desaparecido escenario, nosotros, niños y jóvenes, nos divertíamos jugando con una pelota de trapo y los pies descalzos; haciendo rodar una argolla con un palito; girando vertiginosamente el ula-ula; haciendo “silbar” el run-run y el trompo o tagüita; chocando nuestras multicolores canicas; y ya mayores, devorábamos los libros de Louis Pauwels y Jacques Bergier: La Rebelión de los Brujos, El Retorno de los Brujos, El Planeta de las Posibilidades Imposibles, etc. También leíamos a Von Daniken –Regreso a las Estrellas-, Charles Berlitz –El Triángulo de las Bermudas- y, por cierto, las infaltables Selecciones del Reader’s Digest, entre otras lecturas. Entretenciones eclosionadas con imaginación, creatividad y complicidad inteligente. Y apoyados en sanas entelequias, coleccionábamos e intercambiábamos caricaturas que nos introducían a universos paralelos: Robot, Rocket, Viajes Increíbles, Titanes Planetarios, El Capitán Júpiter, Flash Gordon, Brick Bradford, Logan As del Jet, Mundos Fabulosos y muchas más. Estábamos seguros, convencidos casi, que en algún lugar algo increíble estaba esperando ser descubierto. Parafraseando a Carl Sagan: la imaginación nos llevaba a mundos en los que nunca estuvimos.

 EL DÍA QUE SE «DETUVO» EL SOL

Y fue en aquel tiempo en que el libro Mundos en Colisión (publicado en 1950), del sabio ruso Inmanuel Velikovsky, nos cautivó. A grandes rasgos, su autor propuso ciertas hipótesis originales sostenidas con impresionante erudición. La obra fue escrita después de diez años de minuciosa investigación en la cual consultó a sabios y especialistas de todo el mundo, fundamentándose en estudios sacados de la historia y literatura de tribus y pueblos antiguos y modernos de toda la Tierra. Así, en el texto como en las notas marginales brillan citas que confirman sus datos, tomados de la Biblia y el Talmud, de papiros egipcios y tabletas astronómicas de Babilonia, de los calendarios Maya y Azteca y del folklore de Arabia, India, América del Norte, Tíbet, China y Perú. Cual detective científico, reunió los eslabones de una cadena que pudo afectar profundamente al mundo de los pensadores.

La teoría de Mundos en Colisión es que hubo cataclismos causados por un gran cometa que pasó dos veces cerca de la Tierra; la primera vez hace mil 500 años A.C. en tiempos del Éxodo y 52 años más tarde en tiempos de Josué, por lo cual la Tierra detuvo su rotación diaria, y el sol se mantuvo visible por más de un día (mientras éste mató a más de 185 mil asirios, sus enemigos, derrotándolos completamente).

Asimismo, relata que 700 u 800 años después hubo una repetición de esas primeras catástrofes, pero en menor escala, debido a que varias veces estuvo a punto de ocurrir un roce con el planeta Marte. Esos trastornos astrales provocaron fenómenos extraños en el globo terráqueo y en el firmamento. El misterioso rebelde del espacio, el cometa que provocó la separación de las aguas del Mar Rojo, levantando una columna de fuego durante la noche, fue en verdad un vagabundo del espacio, arrojado al nacer por espontánea erupción de Júpiter, lo que hizo disminuir la velocidad de rotación de nuestro planeta, por lo que la gente creyó que el sol y la luna se detuvieron repentinamente en los cielos. Ese nuevo cometa se mantuvo zumbando en el espacio alrededor de la Tierra, hasta que pasados varios siglos fue atrapado como miembro de nuestro Sistema Solar. Quedó allí brillando dentro de una órbita circular, transformado en un planeta vistoso pero tranquilo, que empezó a girar dentro del plan sideral alrededor de nuestro sol: tal habría sido el origen de la “estrella” brillante que llamamos Venus.

Dedujo que si el sol “no se puso en todo un día”, el fenómeno no pudo haber sido un mero espectáculo local. Es decir, en toda la superficie de la Tierra tuvieron que sentirse sus efectos: si el sol se detuvo sobre Gabaón, en otras partes del mundo el crepúsculo o la oscuridad debieron prolongarse por igual período de tiempo. Por cada incidente analizado, el doctor Velikovsky citó centenas de confirmaciones de todo el mundo, acudiendo -como ya se dijo- a los libros que contienen las tradiciones históricas de los orígenes de América Central. Así, descubrió que en los anales de Cuauhtitlán -historia del imperio de Culhuacán y México, escrita en lengua náhuatl-, se refiere que durante una catástrofe cósmica ocurrida en una época muy remota, la noche se prolongó por tiempo muy largo. Presentó evidencias innumerables, como cambios geológicos, fin de las edades del hielo, fundición de la sabana de hielo sobre América y Europa, variaciones bruscas del clima y muchas otras. Incompletamente expuesta, ¡tal es la teoría de Velikovsky!, fascinadora como cuento de Julio Verne, pero documentada con una erudición digna de Darwin o Einstein.

EPÍLOGO

Hoy, cuando el ser humano se ha transformado en el peor depredador de sí mismo; cuando el Cambio Climático generado por nuestra especie amenaza su propia supervivencia; cuando desde hace años el Eje Terrestre se está desviando a razón de 300 metros cada año, con incalculables consecuencias para la humanidad, los recuerdos de una época reciente, aquella que disfrutamos, sufrimos y vivimos nuestra niñez, adolescencia y adultez, nos atrae con su aureola de romanticismo y nostalgia. Y se nos hincha el pecho por ser tan afortunados, pues: ¡existen recuerdos que aún hacen sonreír!

 GALERÍA DE FOTOS

Portada del libro Mundos en Colisión, del doctor ruso Immanuel Velikovsky. Propiedad del autor.

El denominado Toro de Stanford -vista exterior e interior- es un enorme cilindro de 8 km de diámetro y 30 km de longitud, que se situaría entre la Tierra y la Luna que permitiría una colonización del cosmos, generando pseudo gravedad y paisajes idílicos. Marte, la próxima frontera.
Año 1960: Así se imaginaban los futuristas de la época que se desarrollaría una expedición a otro planeta. Enciclopedia Barza, 1960.
En los sesenta se extrapolaba que la ciencia llevaría hombres y mujeres a diferentes lugares del espacio, colonizaría otros planetas y la humanidad disfrutaría un período de confort tecnológico como nunca antes. Revista Conozca Más, 2005.

Portadas revistas Rocket, Robot y El Capitán Júpiter. Propiedad del autor.
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