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La muerte de Tasha, el otro lado de la historia

Verónica Foxley Detmer (Santiago, 1970) en una exhaustiva investigación reconstruye en “Agonía en Malasia /Crónica secreta de los chilenos condenados a la horca” (Catalonia, 2020) los hechos ocurridos en la madrugada del 4 de agosto de 2017, donde muere Tasha, una transgenero en Kuala Lumpur. DiarioTalca conversó con Verónica, poco después del lanzamiento de la publicación.

Verónica, ¿cómo surge escribir “Agonía en Malasia”?

“Creo que me pasó algo similar a muchos de los que oímos la noticia: que hubiera dos chilenos que podían ser condenados a la horca en un país lejano parecía una escena de una película. Pero por sobre todo quería saber la historia de la víctima, cómo era su vida. En Chile sólo se hablaba de un ‘ladyboy muerto en extrañas circuntancias’. Eso me tocó internamente, sentía que había una discriminación hacia Tasha, como se llamaba la víctima, hacia el trato que se le daba, como si por ser una mujer trans su vida no importara. Por eso quise investigar su historia, su familia, darle rostro. En el fondo quería iluminar esos espacios que hasta ese momento no se podían ver. Había una suerte de manto de silencio, una zona oscura que envolvía la trama, una fragilidad latente”.

Usted viaja a Kuala Lumpur el 2018. ¿Cómo enfrentó un mundo tan distinto al nuestro?

“Con cuidado, con sigilo y con los sentidos bien atentos. Se trataba de hacer una inmersión en el país, en su religion oficial el Islam, en sus valores, en el sincretismo cultural. Eso se consigue siempre a través de las personas. Los poderosos o autoridades sirven para entender un contexto, pero para mí las más de las veces resulta más importante la gente común y corriente. Es a través de esas personas que uno puede ir poco a poco plasmando la realidad del país. Quería buscar eso que el gran periodista estadounidenese Jon Lee Anderson llama el ‘espacio emocional’”.

¿Qué testimonios le resultaron fundamentales para construir su relato?

“Todos. La familia de Tasha, sus amigos, sus compañeras nocturnas ya que Tasha era trabajora sexual, breves entrevistas con Candia y Osiadacz, policías, presos de la misma cárcel de Sungai Buloh donde estuvieron los chilenos, guardias del penal, médicos, Imanes, Bilanes, agentes de la ‘policía religiosa’ que vigila la moral de los musulmanes, activistas de derechos humanos que luchan contra la violación de los derechos humanos de la comunidad LGTB, contra la tortura, contra las miserables condiciones de las cárceles, la libertad de expresión, la violencia contra las mujeres, entre tantas otras, médicos, traficantes de personas y muchos más. La lista es larga”.

¿Pudo asistir a alguna sesión del juicio?

“Sí, a casi la totalidad de ellas”.

“Esta no era la manera de morir”

Verónica Foxley Detmer (Santiago, 1970) estudió periodismo en la Universidad Diego Portales. Cursó un magister en la Universidad de San Andrés y en el Grupo Clarín de Buenos Aires. Con una dilatada experiencia ha trabajado en diversas revistas: Qué pasa, Caras, Cosas y fue corresponsal de Siete + 7 y El sábado. En Argentina fue parte del noticiero Telenoche de Canal 13 de Buenos Aires. En 2013 publicó “Cinco gotas de sangre”, sobre Antares de la luz y la secta de Colliguay. En “Agonía en Malasia” quiso contar “el caso de dos compatriotas y una ciudadana malasia unidos en una tragedia que terminó con una vida y afectó para siempre la de otros. Como tantas veces ocurre en la vida de los seres humanos el destino y sus azarosos designios terminó por imponer su ley”.

¿Quedó establecido cómo muere Tasha?

“Tasha, ese era el nombre que eligió cuando hizo pública su identidad de género, murió por asfixia compresiva. Prefiero que lean el libro ya que allí se cuenta con detalles todo lo que ocurrió aquella noche en el lobby de ese hotel de Kuala Lumpur”.

¿Cómo se logró reconstruir lo que sucedió ese día aciago a través de un audio?

“En el juicio se exhibió parte del video de las cámaras de seguridad del hotel, pero sin audio. En ese momento, los periodistas presentes, no pudimos ver bien la proyección de éste ya que la pantalla estaba muy lejos y en perpendicular a nuestra ubicación. Una vez que logré obtener una copia de ese video, y ya que la calidad del audio era muy mala recurrí a agencias de video forenses internacionales para su mejoramiento”.

¿Qué relevancia tuvo esa prueba?

“En las audiencias el audio no fue presentado en el tribunal, por lo tanto no tuvo relevancia alguna. Sólo se presentó el video”. (Pero es clave para comprender lo que sucedió, pese a que faltan 39 segundos de la secuencia). 

¿En qué circunstancias estuvo con la madre de la víctima?

“Viajé varias veces a su pueblo Kampung Tebal para entrevistarla. Llegué a su casa sin una cita previa y fue muy amable siempre. Ella es una persona muy religiosa, estudiosa del Corán, madre de 11 hijos y 26 nietos. Conversar con ella fue especialmente duro, su hija de 25 años había muerto en un homicidio y el dolor de su ausencia se plasmaba en cada palabra que decía.

No sólo había perdido a su hija sino que además había sido en un crimen. Además Tasha era una mujer transgenero lo que en el mundo musulmán era un boleto al infierno y un motivo de deshonra familiar en el pueblo. Por lo mismo se había ido de Tebal a Kuala Lumpur años antes, para ser un poco más libre y vivir de acuerdo a su identidad de género, lo que en el pueblo habría sido imposible.

De todos modos, iba y venía de manera permanente a su casa y siempre que regresaba lo hacía con dinero para compartir con todos sus amigos y familiares. Cuando estaba en Tebal ayudaba a su mamá en la cocina, en el aseo, arreglaba el jardín y ayudaba a su amigo Jack en una peluquería”

“Qué pasó con la cámara de seguridad de la calle del hotel que habría servido para corroborar o desmentir la versión de Candia de que Tasha lo venía persiguiendo. Además, en el video del lobby y justo en el momento que empieza la pelea física, el video se corta y por ello no es posible saber quien tiró al piso a quien primero”. 

¿Cómo pudieron Fernando Candia y Felipe Osiadacz soportar las condiciones inhumanas de las cárceles de Malasia?

“Fue duro para ellos. Sé que en las cárceles de Chile se vive hacinamiento, violencia y malas condiciones sanitarias, por mencionar sólo alguna de las problemáticas que allí imperan. Pero en Malasia son desde todo punto de vista muchísimo peores. En Malasia hay 60 mil presos, de los cuales 15 mil son extranjeros. Hay más de 1500 condenados a la horca de los cuales el 44 por ciento son extranjeros. Candia y Osiadacz pasaron 16 meses en una prisión con capacidad para 2800 reos, pero en la que en realidad había más de 5000. Hay que pensar que la celda que compartían con 5 nigerianos y un paquistaní era muy pequeña y con compañeros que hablaban en otros idiomas, que venían de otras culturas.

Dormían en el suelo, no había televisión, ni radio, la única distracción era la lectura. Hubo un período en que estuvieron sin salir de la celda durante seis meses. El alimento era mínimo y contaminado, con 38 grados de temperatura de promedio, rodeados de mafias de traficantes y de peligrosos criminales. Mantenerse saludable física y mentalmente era muy complicado. Muchos presos enloquecen. Allá la gente se muere de una gripe o una diarrea mal cuidada.  Sólo entre 2010 y 2017 se registraron 1.654 casos de muerte bajo custodia”.

¿Cuál fue la condena que en definitiva sufrieron Fernando y Felipe?

“Se les condenó a dos años de prisión por homicidio culposo”.

¿Qué tan cerca estuvieron de la horca?

“En un principio fueron imputados por asesinato. Eso implicaba la pena de muerte. Luego a lo largo del juicio la fiscalía se abrió a recalificar el caso como homicidio culposo o cuasi delito de homicidio como lo llamamos en Chile. A partir de ese momento, la condena a morir en la horca se desestimó. Pero eso ocurrió en el último período de los chilenos en prisión”. 

¿Qué fue fundamental para impedirlo?

“Por una parte, una fiscalía poco prolija en su trabajo y un equipo de abogadas que lograron que el juez aceptara que había sido un homicidio, pero sin intención de matar. La fiscalía había pedido tres años de cárzel efectiva, y el magistrado se las redujo a dos”.

¿Por qué Felipe y Fernando deciden no esperar el término del juicio?

“Eso es mejor que lo expliquen ellos”.

¿En qué situación están ahora y cómo han podido rearmar sus vidas?

“No tengo contacto con ellos”. 

Verónica, cuando se refiere a que su investigación «no estuvo exenta de miedos y peligro», ¿a qué se refiere? 

“Todo periodista corre riesgos al investigar, es parte de nuestro trabajo. Esos peligros prefiero dejarlos en mi esfera privada, porque acá lo importante es la historia de Tasha, de esa vida que desapareció, de esa familia que aún la llora, y también la historia de los chilenos, no los miedos o problemas que enfrenté haciendo mi trabajo”. 

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