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LA POESÍA BREVE DE RICARDO OPAZO GONZÁLEZ por Gabriel Rodríguez

El poeta viene trabajando silenciosamente desde hace muchos años en nuestra región. Nació en 1955 en un rincón del Maule. Es profesor de Historia y Geografía y se ha desempeñado como docente en el Centro Educativo Salesianos y en el Instituto Superior de Comercio. Es también ex profesor de Poesía Chilena en la Universidad Autónoma de Chile.

Su poesía breve abarca todos los registros, desde las experiencias mágicas, el erotismo y la admiración por la naturaleza:

“Un ángel tirita. En sus alas, cada instante, cada espera nos consume. La ansiedad es un temblor en alas de un ángel. (La Ansiedad)”.

Una poesía delicada, sutil, abierta al asombro, que ha ido entregando periódicamente libros a lo largo de toda una vida y que ha dado nacimiento a títulos como: “Poemas para naufragar en tu piel”, “Solo de Niebla”, “Estación Olvido”, “Heridas de Tierra”, “La Casa Abandonada”, “Pájaros con vista al mar”, “Amarrados al tiempo”.

En un país de poetas, pero de escasos lectores, perseverar en una labor que recibe tan pocos estímulos desde el Estado y la sociedad, resulta ciertamente admirable.

“Palomas en muros derrumbados” recoge una diversidad de textos que expresan las más diversas emociones y actitudes ante el devenir cotidiano. Se requiere gran capacidad de síntesis para comunicar con brevedad experiencias que en otros requieren largos discursos:

“Que dura soledad dejan los escombros en que tu mirada ha transformado mi paisaje”.

Una poesía que no escarba en la contingencia y que más bien se desplaza por laberintos humanos que sorprenden por su cotidianidad y sus misterios. Un poeta incluido en numerosas antologías regionales y nacionales, lo que no ha conmovido su serena presencia/ausencia.

“Palomas en muros derrumbados naranjos explosionan llenando de luz el verde árbol, viejas chimeneas conjugan los pétreos sueños escuchando antiguas canciones, “El gato que está triste y azul” salta sobre techos derruidos, “querida…querida vida mía”. Suena melancólica la música (O simplemente es que en este paisaje no estas). “Que es la vida, no lo sé”. Y el gato, agazapado, mira lo incierto, “sabe que en mi alma una lágrima habrá” (Desde la ventana).

Sin duda, un hijo del Maule que sigue aportando sus imágenes y sus versos libres desde la generosidad de sus palabras.

Gabriel Rodríguez

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