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La promesa de Gabriela Gómez Lavín por el canto lírico

En un momento de su vida quiso estudiar ingeniería. Tal vez la matemática tenga su ritmo. Pero, evidentemente, no es el mismo de la música y menos del canto lírico. Tomada la decisión, comenzó un camino que la llevó a Alemania donde busca cumplir su sueño (por Rodrigo Contreras Vergara/ Fotografía: Luis Casanova Valdés)

A veces basta un sorbo. Un tarareo corto, pero decidor. El resto es cosa de intuir y seguir las pistas. No es necesario beberse toda la botella ni escuchar la canción de principio a fin. A Gabriela no la he visto vestida de Carmen cantando que el amor es un pájaro rebelde. Tampoco encontré videos en Youtube. Es decir, Gabriela Gómez Lavín es una promesa.

Además, no soy un experto en música clásica ni mucho menos en canto lírico. Pero soy periodista. Ya sabe, un tipo nadando en un océano de un centímetro de profundidad.

Pero basta sentarse junto a Gabriela un mediodía de principios de septiembre en una banca en la Alameda, para saber -o más bien sentir- lo bien que canta.

Gabriela es talquina y tiene 32 años. Acaba de ganar el concurso “Mujeres en la Música” en su cuarta versión, organizado por el Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts.

El 2015 fue seleccionada para cantar en el coro de la Bach Akademie. Una experiencia que la impulsó a estudiar en Alemania. Buscó opciones, se presentó ante profesores que la alentaron y, luego de tres intentos, logró entrar a la Universidad de Mannheim, una ciudad de 300 mil habitantes en el suroeste alemán. El 2016 se radicó en Europa. Viene al menos una vez al año a Chile, a Talca, a ver a sus padres, a realizar presentaciones y recargar energías. El 20 de septiembre volvió a Mannheim.

Gabriela es inquieta. Pudo estudiar en la Universidad de Talca, luego que a los 10 años entrara al coro de niños. Pudo quedarse en la Quinta Región donde, finalmente, estudió licenciatura en música con mención en canto lírico en la Universidad de Valparaíso. Incluso, pudo quedarse en Santiago donde realizó un ciclo básico de interpretación musical en la Universidad Católica. Pero, no. No se quedó en Talca, ni en Valparaíso, ni en Santiago. Siempre ha buscado crecer a través de su arte, buscando las herramientas que le permitan cumplir sus sueños. De ahí que decidiera partir a Alemania. Porque quería ser intérprete y no solo profesora. Porque sabe lo difícil que es vivir de la música.

DE INGENIERA A MÚSICA

Siendo sincera, no siempre quiso dedicarse a la música. Si bien cantó desde niña y escuchó el soul y el jazz que le gustaba a su madre, y cantaba las canciones de Mariah Carey y Whitney Houston, cuando salió de la enseñanza media entró a estudiar ingeniería en construcción en la Universidad Santa María. Pero a poco andar se dio cuenta que no era feliz. Sus compañeros contentos y ella tres pasos atrás. Su pololo de esa época la ayudó a tomar la decisión de cambiarse de carrera. Y aunque le seguía dando vueltas el tema de lo complejo que es vivir del arte, se tiró a la piscina. Iba a ser difícil, pero “si es lo que a uno le apasiona…tiene que hacerlo”.

Ama Talca, ama Chile. Le gusta la Alameda talquina. Pero si quería vivir del arte, en una especialidad, el canto lírico, difícil, tenía que moverse. A Valparaíso, a Santiago, a Alemania. Ha notado la diferencia. Si en Chile es complejo desarrollar una carrera profesional de intérprete, en Europa, si bien no es llegar y triunfar, al menos existe conciencia sobre la importancia del arte y los espacios de participación son más amplios. La dificultad, en todo caso, siempre está presente. Mientras en Chile es difícil por lo precario, en Alemania lo es por la abundancia de talento.

En Europa podría hacer una buena carrera de intérprete lírica. En eso está. Hace clases particulares para pagar las cuentas, va a audiciones y se contacta con agentes. Ganar el concurso “Mujeres en la Música” es un paso más en ese camino.

En esa ruta, el apoyo de sus padres, Marta Lavín Rojas y Christian Gómez, ha sido fundamental. Estuvieron en la final del concurso en Santiago. La mamá se emocionó al escucharla cantar y le dijo que si se moría en ese minuto, lo haría feliz. Puro sentimiento.

Para el concurso se preparó con mentalidad alemana. Al 200 porciento. Llevó su propio pianista (David Rojas). Mucho ensayo. “Estoy muy agradecida de David, se tomó el concurso muy en serio, como yo…”. Para la final estaba nerviosa. “La vida me ha mostrado que uno no puede decir nada hasta el resultado final…y a veces la vida no es justa”. Pero esta vez sí lo fue.

Gabriela tararea la famosa habanera de Carmen. Leve y suave. Su voz de mezzosoprano susurra. Suficiente para intuir la belleza de su arte. La promesa de un talento talquino.

 

 

Foto: El pasado martes 20 de septiembre Gabriela regresó a Alemania para cumplir su promesa con el canto lírico.

 

 

 

 

 

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