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La última carrera de Ives Morán: atleta y formador maulino

Fue sumando metros a punta de perseverancia, siempre con una sonrisa en el rostro, llegando a ser un destacado formador de atletas. Una vida plena que cruzó la meta final el pasado 28 de julio (por Rodrigo contreras / crédito fotos: Libro “Ídolos Maulinos”)

En su época de atleta defendiendo a San Fernando. Su especialidad era la velocidad. Morán, tercero de izquierda a derecha.

Fue una carrera de largo aliento. Más que un maratón, aunque la especialidad de Ives Morán Alvarado en sus años de atleta fue la velocidad, los 100 y 200 metros planos. Después, ya retirado de las competencias, se dedicó a entrenar a las nuevas generaciones. Nunca dejó de correr. Dentro o fuera de la pista, arriba de una locomotora, en su hogar…en sus últimos años, bastón en mano, por los pasajes de la población Abate Molina.

Varias veces lo vi, siempre flaco, siempre saludando amablemente con una sonrisa en el rostro. Nunca me detuve a hablarle, a preguntarle por sus años de atleta, por su época de maquinista en la empresa de ferrocarriles. Gran error.

El pasado jueves 28 de julio falleció a los 92 años. Y el sábado 30 en el cementerio una muchedumbre no hacía más que confirmar el enorme cariño que despertó su figura en la comunidad deportiva del atletismo talquino.

PERSIGUIENDO CONEJOS

La carrera de Ives Morán comenzó en los campos de Nirivilo, localidad donde nació y la familia tenía su hogar. Ahí perseguía a los conejos y saltaba zanjas sin saber ni imaginar que existía el atletismo. Era el mayor de cinco hermanos, el único hombre. Estudió en una escuela rural, después en los Hermanos Maristas de Constitución y finalmente en el Instituto Superior de Comercio de Talca. Fue en este último establecimiento donde el profesor Luis Jiménez descubrió sus dotes en el atletismo.

Y no paró más. En 1948 se va a trabajar a Santiago a la Empresa de Ferrocarriles del Estado. Paralelamente se integra al club Green Cross, durante la época dorada del atletismo nacional, con figuras de la talla de los hermanos Heller y Ramón Sandoval. Participó en campeonatos nacionales y cosechó una gran cantidad de medallas. Trabajaba en la capital, pero la familia seguía en Talca. Tuvo siete hijos: Ives, Ítalo, Rebeca, Óscar, Jorge, Orieta, y Marta. Orieta falleció a los 7 meses de sarampión. Luego lo trasladan a San Fernando, pero siguió siempre ligado al atletismo. Cuando cumplió 40 años pasó a las competencias senior, donde también obtuvo importantes logros. El último, en un torneo en Argentina, en la categoría 55-60 años, donde alcanzó la medalla de oro en los 400 metros con vallas, con un registro de 1 minuto y 9 segundos, marca que se mantuvo como récord sudamericano durante varios años.

FORMADOR

La pasión por el atletismo siguió tras su retiro de las pistas. Hizo cursos de técnico y fue formador de distintas generaciones de atletas. En una crónica que aparece en el libro “Ídolos Maulinos, Grandes del Deporte”, de Pablo Prieto, se menciona que Ives Morán fue técnico de figuras relevantes del atletismo local, entre ellas, Ariel Santolaya, Nancy González, Elizabeth Órdenes, Juan Carlos Díaz, Jorge Rojas, Jaime Bravo y Anselmo Vilches.

Una mención especial para su hija Rebeca, la primera campeona nacional de Talca en la especialidad de cross country. Ives, evidentemente, traspasó a sus hijos la pasión por el deporte. Todos practicaron atletismo.

Ives hijo, el mayor, recuerda que de niño jugaba fútbol. Un día le pide a su padre permiso para ir a un partido a Constitución. “Está bien, puedes ir”, le respondió, pero “el próximo fin de semana tienes que ir a una competencia de atletismo en el Fiscal”. Trato hecho. Fue en ese momento, confiesa hoy el hijo, cuando se enamoró de la disciplina. Su hermano Ítalo recuerda perfectamente la anécdota, ya que -asegura- se quedó llorando porque no lo llevaron a él a esa actividad.

HOMBRE BUENO

Ambos hermanos coinciden en que su padre fue un hombre bueno, alegre, de sonrisa fácil. Y si bien de niños, por el trabajo en ferrocarriles, no lo veían muy seguido, la relación siempre fue cercana. Y en ese contexto el atletismo fue un punto de encuentro. De hecho, Ítalo compartió con él un poco más que sus hermanos, al acompañarlo en sus labores de técnico en el Deportivo Español. Mientras Ives preparaba a los adultos, ítalo se encargaba de las series menores. En su labor de técnico, lo definen como metódico, disciplinado y con un gran carisma y cercanía con sus dirigidos.

Los recuerdos se mezclan. Como maquinista de EFE, el máximo escalón al que podía aspirar un funcionario, a inicios de los 60, hizo los trayectos Talca-Santiago y Santiago-Chillán. Y después, a finales de los 60 e inicios de los 70, manejó el tren del ramal a Constitución, cuando aún no era buscarril. Tiempos en que los hijos lo iban a esperar a la estación. Se bajaba cargado de frutas y conejos, regalos que recibía de los pasajeros.

Así, Ives fue sumando kilómetros. De 100 a 200 metros, saltando de estación a estación, de hijos y familia. Una carrera larga, intensa. Una vida plena. Ives Morán cruzó la meta con una sonrisa amplia, como siempre.

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