
A inicios de febrero, Chile asumió un desafío mayúsculo: la presidencia del proceso de negociación del tratado global contra la contaminación por plásticos. El embajador Julio Cordano, elegido con 92 votos en segunda vuelta, deberá conducir un proceso estancado por profundas divisiones entre países que buscan limitar la producción de plástico -liderados por Noruega y Ruanda- y aquellos, como Rusia y Estados Unidos, que prefieren enfocarse solo en gestión de residuos.
Nuestro país ha sido tradicionalmente un «constructor de puentes», como lo demuestra el hecho de haber liderado junto a Reino Unido las conversaciones informales sobre diseño de productos. En esta nueva etapa, Chile debe articular una visión equilibrada pero ambiciosa, que aborde el ciclo de vida completo del plástico sin perder de vista la urgencia de reducir la producción en la fuente. La ciencia es clara: si no se toman medidas, la contaminación por plásticos se triplicará al 2060.
Pero aquí surge la pregunta incómoda: ¿cómo puede un país con baja tasa de reciclaje -apenas 8-9%- y problemas estructurales en gestión de residuos liderar la solución global? La respuesta está en la coherencia y la oportunidad. Chile cuenta con legislación avanzada: la Ley REP y la Ley de Plásticos de Un Solo Uso, que esta misma semana completa su implementación. Tenemos un «laboratorio» normativo que, pese a sus imperfecciones, demuestra voluntad política de avanzar.
El liderazgo internacional no exige perfección, sino honestidad para compartir aprendizajes -incluyendo las dificultades- y convicción para impulsar acuerdos que, como señala Cordano, «sean realistas pero ambiciosos». Nuestra vulnerabilidad como país costero ante los residuos plásticos nos otorga legitimidad para exigir acción global mientras trabajamos en nuestras propias transformaciones.
El tratado no es el punto final, sino «un paso más». Que Chile lo presida es una oportunidad para demostrar que la economía circular no es un privilegio de países desarrollados, sino una necesidad del Sur Global. Lideremos con humildad, pero también con la convicción de que otro modelo económico es posible.
Dra. María Luisa Valenzuela Valdés
Directora
Magíster en Economía Circular
Universidad Autónoma de Chile








