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LO NORMAL DEL INVIERNO ES QUE LLUEVE por Rodrigo Biel Melgarejo

Como nunca, en esta oportunidad, se supo lo que venía, un frente meteorológico de una intensidad superior al de junio, un río atmosférico, es decir, “brazos de humedad”, que están en el aire en lugar del suelo, pero que caen, señalándonos que eso iba a ocurrir, entre otras regiones, en la del Maule. Ocurrió, llovió como no se veía desde hace muchos años, por  lo mismo, que una autoridad sostenga que nunca se pensó que el fenómeno afectaría a las 30 comunas, es inaudible.

Se olvidó que en el invierno llueve, que no solo es lo normal, sino que lo esperable, tanto más cuando hasta ayer el discurso era la sequía, culpando de la falta de agua al cambio climático. Ergo, debemos estar felices que este invierno ha llovido, pero no, como saltimbanquis hacen una cabriola, culpando de la lluvia también al cambio climático, anunciando que el próximo invierno va a llover más, ¡plop!

Dicho sea de paso, el año 2020 se sostenía que la sequía de esta zona, solo en un 10% era culpa del cambio climático; a pesar de ello el fenómeno sirve para explicar hasta lo espesa que quedó la cazuela. En junio de este año se decía que todavía había déficit de agua, a pesar que había bajado en un 34%, ¿quién lo decía? el MOP; la Dirección Meteorológica, en mayo de este año señaló que, había una alta probabilidad de ser un año más lluvioso.

La lluvia, definitivamente, no es responsable de los efectos que ella provocó, es lisa y llanamente, responsabilidad del ser humano.

Como el frente meteorológico fue anunciado, algunos efectos son responsabilidad de la autoridad. Con lluvias menos intensas colapsan en nuestra ciudad los pasos bajo nivel, por ende, si se avizoraba una lluvia mayor, la autoridad el día domingo 19, debió disponer en cada uno de esos pasos, cuadrillas que los monitorearan y drenaran el agua de ser necesario, para dejar expedita la conectividad entre oriente y poniente. No ocurrió. La gente debió buscar por donde transitar, lo que se vio agravado por la torpeza de cortar el tránsito en algunas calles de la ciudad, a pesar de las graves falencias viales.

Otros efectos, no podemos achacárselos sólo a las actuales autoridades, sino que a la miopía generalizada y al centralismo agobiante de la capital. Le reconozco a la señora Gobernadora que el próximo año será peor, pero no porque lloverá más, eso no lo sé, tampoco lo puede saber ella, lo será por la falta de conectividad angustiante, en el caso de Talca. Y en el resto de la provincia, por la falta de soluciones integrales y definitivas.

La prensa debería averiguar de quién es la responsabilidad que aún no se encuentre operativa la prolongación de la calle 6 Oriente (espero que el paso bajo nivel haya sido diseñado pensando en la lluvia de un año normal y no en la sequía ocasional).

No podemos ni debemos seguir subsidiando a Santiago, para que sus habitantes no paguen lo que deben pagar por el uso del transporte público, tanto más cuando algunos zánganos los destruyen; debemos exigir presupuesto para solucionar nuestros problemas de conectividad. Conducir, por ejemplo, por la avenida San Miguel, a cualquier hora del día, desde la intersección de la calle 30 Oriente hasta el cruce de la ruta 5, es como hacerlo en los juegos de los autos locos. Ahí debe pensarse en grande, como una vía elevada.

Otros efectos son de responsabilidad compartida, como las defensas fluviales adecuadas; la concesión de permisos de construcción solo donde es factible y seguro construir; la construcción de puentes abarcando el cauce natural de los ríos y no rellenando los cabezales que son los que colapsan cuando el río ocupa dicho cauce.

Por último, también somos todos responsables, nunca se ha visto más suciedad que ahora, más desprecio por el medio ambiente que ahora, a pesar del discurso. Muchos están convencidos que contaminan solo las grandes industrias, sin embargo, la realidad es que todos contaminamos. El que va a la orilla de los ríos a lanzar sus desperdicios, incluso colchones y refrigeradores, es un delincuente ambiental; aquel que protesta quemando neumáticos, es un delincuente ambiental; el que raya y ensucia las paredes, rompe vidrieras y seguridades también lo es. No me refiero al grafitero artístico, cuyos trabajos recrean la vista.

Las autoridades gubernamentales y comunales deben tener como preocupación prioritaria y esencial el bien común de toda la comunidad, por lo mismo deben convocarla para que entre todos, se busquen las soluciones integrales.

Rodrigo Biel Melgarejo

Abogado

Profesor de la Universidad de Talca

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