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“Los actuales jerarcas de Colonia Dignidad no son blancas palomas”

“No podemos descansar mientras Colonia Dignidad siga siendo una organización que refleja la indiferencia, la opresión y la inequidad con las víctimas, las que no han tenido donde ir, las que han tenido que volver a vivir a ese espacio, las que fueron secuestradas o adoptadas fraudulentamente”, señala Hernán Fernández, emblemático abogado vinculado a la larga lucha contra el enclave

“Los niños, sus madres y sus familias son los que derribaron al monstruo siniestro de Colonia Dignidad”, enfatiza el abogado Hernán Fernández.

Hernán Fernández Rojas es oriundo de la Región del Bio Bio. Estudió Derecho en la Universidad de Concepción y desde que egresó se ha dedicado a la defensa de la niñez contra el maltrato y toda forma de abuso o violencia.

Desde los primeros años de ejercicio de su profesión entendió que no basta que existan leyes si éstas no se aplican, o se aplican deficientemente sin lograr los resultados que las víctimas requieren.

Durante la segunda mitad de los años 90 asumió un tema candente: los abusos de los niños al interior de Colonia Dignidad.

La fuga de Wolfgang Müller -hoy Wolfgang Kneese- en 1966 había alertado a la sociedad chilena sobre dichos abusos y otras ilegalidades. Sin embargo, ni el Estado de Chile, ni el Estado Alemán investigaron las denuncias y fracasaron en la protección de los derechos de los niños chilenos y alemanes, así como de los adultos sometidos a todo tipo de arbitrariedades al interior de ese predio.

Las causas de los menores secuestrados y abusados permitirían abrir la caja de Pandora que la Colonia ocultaba detrás de su falsa beneficencia: crímenes, desaparición de personas, esclavitud, tráfico de armas, torturas, uso de psicofármacos, evasión de impuestos, incumplimiento de leyes laborales y previsionales, entre otros delitos.

La cúpula de la organización fue condenada por la justicia por constituir una “asociación ilícita para delinquir”. Con el tiempo se han sumado las investigaciones, sanciones, películas y series de TV sobre el enclave.

Schäfer fue capturado en Argentina el 2005, después de ocho años de fuga. Murió en la cárcel y un puñado de sus incondicionales fueron condenados en Chile. Otros escaparon a Alemania donde gozan de total impunidad. Pero el enclave sigue operando, ahora a través de un conjunto de empresas, que incluyen turismo y hotelería.

Hernán Fernández se ha convertido en un símbolo de la larga lucha contra la poderosa organización que durante décadas fue un verdadero Estado dentro de nuestro Estado.

 

¿Cómo llegaste a conocer y vincularte con los casos de abusos en Colonia Dignidad?

“Yo trabajaba en Santiago y allí me buscó la primera mamá que decidió denunciar a la Colonia por los abusos que se cometían contra los niños, y me pidió que la representara en el caso de su hijo, que ella había rescatado con gran valentía e inteligencia. Yo no sabía en ese momento que se trataba de Colonia Dignidad, y que sería una lucha tan larga y difícil. Porque comprobaría después que no era Paul Schäfer el único autor de los delitos, sino que era una sofisticada y poderosa organización criminal, que llevaba décadas de impunidad en Chile y Alemania, que estaba activa, tenía un increíble respaldo entre chilenos, y que también era una organización defendida por empresarios, políticos, académicos y parlamentarios”.

 

¿Qué recuerdos relevantes tienes de tus primeras acciones vinculadas a este tema?

“Mis primeros recuerdos, son el haber viajado al sur para conocer a la familia de ese primer niño, en bus y en una madrugada lluviosa del invierno de 1996. También el haber regresado a Santiago a buscar apoyo porque ya pensaba que sería un caso muy complejo en que se necesitaba no solo un abogado sino un grupo, un equipo. Consulté en ese momento a algunos de mis amigos, y uno de ellos que tenía contactos políticos y era abogado, me dijo que no me metiera, que me quedara tranquilo pues ya me había preocupado suficiente, que era peligroso pues la Colonia siempre ganaba. Eso en lugar de desanimarme me dio más motivación, pues pensé en ese momento en la valentía del niño y su familia, y decidí tomar el caso. Si él estaba dispuesto a rescatar a sus amigos y compañeros que habían quedado atrapados por la Colonia, ya no tenía ninguna duda que tenía que estar con las víctimas, incondicionalmente y costara lo que costara, en tiempo, recursos, energías y esfuerzos”.

 

¿Cómo financiaste en ese tiempo esas demandas, las diligencias y costos relacionados con las acciones judiciales que se iniciaban?

“En ese tiempo gasté todo lo que tenía, generalmente se piensa, ¿por qué monto de honorarios te arriesgas y te comprometes?, y para mí fue lo contrario, ¿cuánto hay que poner y gastar para defender esta causa? y mi respuesta fue todo.  En todos estos años hice miles de viajes, en todos lo medios de transporte público, en todos los horarios imaginables, conocí todos los hoteles y hostales de San Carlos, Chillán, Parral y Talca. Al partir el caso, no conocía Parral, ni San Carlos, ni tampoco los campos, y después con el tiempo que pasaba estaba un día en la mañana en Ñiquen, en la tarde en Zemita, y a la mañana siguiente en un alegato en la Corte de Talca, por alguna apelación de la Colonia. La Colonia tenía muchos abogados, había una verdadera fábrica de recursos y acciones judiciales para intentar frenar nuestras acciones y las de la Policía. Después del caso de la Colonia incluyendo la fase argentina, quedé sin nada, sin ningún bien material, ni ahorros”.

 

¿Qué me puedes contar de esos niños y esas familias? 

“Me siento muy honrado de haber representado a los niños y sus madres, son una lección de valentía, de ética, de perseverancia y consecuencia. La historia de la Colonia habría sido muy diferente, tal vez hoy seguiría siendo un terreno de esclavitud, torturas y sufrimiento para sus habitantes. Y de crímenes que no se habrían detenido, ni aún después de la muerte de Schäfer. Habría estado Hopp para suceder, y los nuevos jerarcas para reinar. La diferencia es que cayeron las murallas, es que los criminales de esa generación fueron condenados, gracias a los niños y sus madres.  Recuerdo las caminatas por los campos donde vivían, y que más de alguna vez nos refugiamos en una casa, para enfrentar los hostigamientos de los chilenos que eran parte de los brazos operativos de la organización. Esas madres resistieron, nunca retiraron las denuncias. Hicieron lo que los burócratas de los gobiernos de dos Estados nunca hicieron, enfrentar el mal y triunfar.  No ceder ante el mal, no mezclarse con él. Esa es la diferencia entre los niños y sus familias, y los gobernantes, los políticos, empresarios y académicos que defendieron a la Colonia. Valentía y nobleza de los niños y sus madres, cobardía, conveniencia o participación de quienes le dieron poder a la Colonia”.

 

¿En algún minuto te amenazaron o amedrentaron de alguna manera?

“Muchas veces me intimidaron, una vez en San Carlos, en otras ocasiones a la salida del tribunal de Parral. Eran generalmente chilenos amigos de los alemanes procesados, cuando comenzaron a caer en la cárcel, y eso los hizo ponerse agresivos y violentos. Un día me llamaron desde un lugar en Parral, para advertirme que me seguían unas personas, que en la década de los ochenta habían atentado contra la vida de otro abogado que se había opuesto a la Colonia, y que tuviera cuidado. Pero el riesgo más alto lo supe años después, cuando un colono me contó que él había integrado un comando para poner gas sarín en mi auto, pero que fracasaron porque nunca encontraron mi auto, y la razón, que ellos no sabían, fue que yo no tenía auto”.

 

¿Qué hiciste en esos años en que el fugado Schäfer parecía inubicable?

“El jefe del Departamento V de Investigaciones Luis Henríquez fue muy sabio. Mientras Schäfer no sea localizado, había que investigar al resto de la organización criminal. Y fue así como fueron detenidos y procesados por otros delitos Kurt Schnellenkamp, Gerhard Mucke, Hans-Jurgen Blank, Gerd Seewald, Harmutt Hopp. Y huyeron de Chile Alfred Mathussen, Reinhard Doring, Albert Schreiber entre otros.  Pero lo más importante es que desde el inicio se comenzó a rescatar a los niños, que los Jerarcas debieron entregar, o que la policía pudo encontrar. Los actuales jerarcas de Colonia Dignidad no son blancas palomas como hoy algunos de ellos se presentan descaradamente en la serie de Netflix, el mal los inunda, no se han arrepentido de verdad.  Nuestro trabajo permitió comenzar a derribar al sistema criminal de Colonia Dignidad, con Schäfer fuera de Chile, los crímenes siguieron cometiéndose, y esa es la mejor prueba que era una organización criminal. ¿Cómo alguien puede plantear todavía, que esto solo era una secta, o solo los crímenes de Paul Schäfer? Eso es ingenuo, reduccionista e irreal, va contra toda la lógica y contra toda la contundente evidencia disponible”.

 

¿Participaste de alguna manera en su ubicación y captura en Argentina?

“Pocos saben que la captura de Schäfer en Argentina fue un largo proceso que duró 14 meses. Realicé muchos  viajes y estuve semanas completas en Argentina, pues había que buscar respaldos judiciales, para que la captura tuviera éxito. No bastaba localizar a Paul Schäfer, sino que había que lograr que no huyera nuevamente y allí el trabajo policial y judicial era fundamental. Había que ayudar a que el proceso legal fuera exitoso, y tuvimos el gran acierto de encontrar un incorruptible y brillante equipo policial que fue la Interpol Argentina, dirigida operativamente por el comisario  Salvador Bellusci, y un juez muy sensible y honesto que fue Héctor Raúl Echave, que abrió un proceso en la ciudad de Mercedes, ante el cual comparecí, y otorgó las ordenes e instrucciones que se necesitaban para que Interpol pudiera disponer de escuchas telefónicas y otros medios para enfrentar esa estructura criminal que se había establecido en Argentina”.

 

¿Cuál es la situación actual de esos niños? ¿Recibieron sus indemnizaciones? ¿Qué pasa con el proceso judicial?

“Los niños y sus madres lograron lo que los Estados de Chile y Alemania no habían logrado en décadas de negligencia e indolencia. Los niños, sus madres y sus familias son los que derribaron al monstruo siniestro de Colonia Dignidad, y ayudaron a liberar a los colonos víctimas de opresión y torturas. Por eso es tan injusto que aún no reciban la reparación e indemnizaciones que los nuevos jerarcas obstaculizan, viviendo ellos con lujos y poder, del que se apropiaron pues Chile y Alemania volvieron a fracasar cometiendo nuevos errores, y validando ciegamente a una nueva organización que se basa en la arrogancia y en la inequidad. Aún no se pagan las indemnizaciones pues los nuevos jerarcas son ambiciosos y lo quieren todo, como en los antiguos tiempos usan la ley para impedir que las víctimas tengan justicia. Desde la sentencia de la Corte Suprema en 2013 que confirmó las indemnizaciones, los nuevos jerarcas lo único que han hechos es dificultar el pago, y los Estados también son responsables pues en lugar de apoyar a las víctimas han apoyado con sus acciones y omisiones a este nuevo entramado empresarial, edificados por los antiguos jerarcas y traspasado a sus hijos. Es una vergüenza. No podemos aceptar lo que están haciendo los nuevos jerarcas”.

 

¿En algún momento has podido conversar con los actuales gerentes del enclave o sus representantes legales? ¿Cómo evalúas su actitud ante las víctimas?

“Solo vi a algunos de esos jerarcas cuando me invitaron a una recepción en la embajada alemana, en homenaje al presidente de Alemania Joachim Gauck, que nos vino a faltar el respeto diciendo en Chile que Alemania no tiene responsabilidad en el caso de la Colonia, que no habían puesto a Pinochet, y que Chile estaba en democracia. Gauck fue desmentido después por el ministro de relaciones exteriores de Alemania el Sr. Steinmeier el 2016 en Berlín, que reconoció que Alemania había fallado, y que rendía un respetuoso homenaje a las víctimas.  En esa recepción a la que me refiero vi a lo lejos a Hans Schreiber y a Reinhard Zeitner que después se fue de Chile. Eran invitados oficiales de las autoridades diplomáticas alemanas. Nueva demostración que no entienden nada del drama de la Colonia. Nunca más acepté una invitación de la embajada a ninguna celebración, ni recepción, no hay nada que celebrar mientras Alemania siga siendo responsable de la tragedia. A Thomas Schnellenkamp lo ví en el Juzgado de Parral mientras ingresaba su padre Kurt, esposado a cumplir condena. Allí me dijo que habíamos sido severos, que su padre era inocente. Inocente de nada y culpable de todo, le respondí. Esos son los nuevos jerarcas, gozan del patrimonio que no construyeron, son arrogantes y tienen la misma soberbia de sus predecesores”.

 

¿Qué debería pasar con las víctimas y con ese espacio marcado por los abusos, la tortura y los crímenes?

“Todas las auténticas víctimas, deben ser reparadas como corresponde, por los dos Estados, las víctimas han tenido demasiada paciencia y espera.  El Estado de Chile debe ser activo, y sigue siendo vergonzosamente pasivo, avala con su omisión, las nuevas crueldades y atropellos. Se debe respetar las víctimas que allí fueron cruelmente torturadas y ejecutadas, se debe respetar a sus familiares que han buscado a sus seres queridos sin descanso, ni consuelo. Villa Baviera debe ser un ‘Sitio de Memoria’ y no un centro de curiosidad y turismo”.

 

Imagino que esta causa ha tenido un alto costo personal y familiar. ¿Asumirías de nuevo una causa contra una organización tan poderosa y con tantos amigos políticos y empresariales?

“No solo la asumiría, la estoy asumiendo nuevamente, pues ahora hay que enfrentarse a los nuevos jerarcas. No podemos descansar mientras Colonia Dignidad siga siendo una organización que refleja la indiferencia, la opresión y la inequidad con las víctimas, las que no han tenido donde ir, las que han tenido que volver a vivir a ese espacio, las que fueron secuestradas o adoptadas fraudulentamente. También las víctimas que ingresan una y otra vez a buscar a sus seres queridos que nunca más pudieron ver. Los Estados no aprendieron de sus errores. Los vuelven a cometer”.

Gabriel Rodríguez Bustos

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