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Más Giannini

Ciudadano Kein

Está bien López, hablaré en serio, muy en serio. Y para que no queden dudas de mis intenciones, partiré recomendándote que leas la entrevista a Rosemary Bruna Ramírez, doctora en filosofía, en esta misma edición unas páginas más adelante. La llamaré Bruna porque Bruna me parece un nombre o una palabra maravillosa. Aunque Bruna sea solo un medio, una discípula en este caso, del pensamiento de Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, la figura central de mi recomendación.

Bruna fue ayudante de Giannini en su última cátedra. Hay un vínculo emotivo, sin duda. Pero lo importante, López, es la valoración que hace Bruna de las ideas de Giannini. Sí, me estoy dando muchas vueltas. Al grano. Diré entonces que Giannini habla de cosas que deberían hablarse más en estas fechas tan extremistas, tan de blanco o negro, tan de Kast o Boric.

Tú sabes, yo no voto, ni en primera ni en segunda. Y no me vengas con el discurso cívico disfrazado de politiquería, de que será mi culpa si llega a ganar Kast. Está bien, me desvío del tema, de Giannini. Bruna parafrasea a Giannini y nos dice que su maestro defiende el diálogo como una posibilidad de convivir, más allá de las diferencias propias de una sociedad diversa. También, que pese a esa postura dialogante, no se trata de llegar a acuerdos absolutos. Por favor, no hay una sola verdad. Y atento con esta idea López, para Giannini el diálogo que surge en contextos de conflicto, sólo puede ser superado cuando se denuncia la ofensa cometida y el enjuiciado pide perdón. ¿No te parece una idea demasiado bella? Unir en una misma frase diálogo, ofensa y perdón es como encontrar el sinónimo perfecto para una palabra que se repite dos veces en un párrafo.

El fantasma de Giannini dice muchas otras cosas. Bruna se esfuerza con la esencia, pone cara de Giannini, se viste como él, modula con el mismo tono.

Yo, López, si votara, votaría por Giannini. Pero Giannini está muerto. Si me decidiera a romper mi promesa votaría por Maturana, pero también está muerto. Warnken no está muerto, pero no creo que se le ocurra ser candidato. Y mejor que no lo sea.

Sabes López, es una pena que la filosofía esté arrinconada en estantes polvorientos. Yo la sacaría a pasear a la Plaza Italia, a los mall, al Congreso, me disfrazaría de Sócrates y la pintaría en todas las murallas y en todos los puentes.

Hablando en serio, López, menos Kast, menos Boric, más Giannini.

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