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MENOS PROFESORES, MENOS CONTENIDOS Y MENOS PRUEBAS por Juan Carlos Pérez de la Maza

Qué elocuente resulta enterarnos que en Chile faltan Profesores. Las cifras, que hace algunos años considerábamos señales de alerta, ya son mucho más que eso: son el comienzo de una catástrofe anunciada. De acuerdo a los acuciosos análisis de varias entidades técnicas, que lamentablemente son coincidentes, en 2025 nos faltarán más de 26.000 Profesores.

No voy a abundar en argumentos que demuestren la trascendencia de la educación para el futuro de una sociedad. Tampoco intentaré demostrar la importancia de la labor docente. Es innecesario. Ambos puntos se demuestran solos. El problema radica en que, pese a lo anterior, el déficit no para de crecer. Si en 2010 algunos centros de estudios señalaron que, de mantenerse la tendencia a la baja en la matrícula de las Escuelas de Pedagogía, hacia 2020 se notaría una menor disponibilidad de profesores, hoy, 12 años más tarde, observamos que esa proyección estaba en lo cierto. Y, proyectando nuevamente, la tendencia aumentará en tal magnitud que, en 3 años más, llegaremos a la cifra anotada al inicio.

¿A qué se debe tal déficit? Los organismos del sector lo saben hace tiempo. Es una combinación nefasta de factores que han lanzado sobre los establecimientos una suerte de “tormenta perfecta”. El menor interés de quienes ingresan a las universidades por estudiar pedagogía; la excesiva carga laboral que afecta a los docentes; la mayor remuneración que, comparativamente, se obtiene en otras áreas profesionales; el notable aumento de licencias médicas extensas, que obliga a la búsqueda de reemplazantes, etc.  Y, a todo lo anterior, se agrega una sensible pérdida de autoridad de los docentes frente a alumnos “empoderados” que exigen pretendidos derechos hasta con violencia, lo que está llevando las cifras de deserción de docentes a niveles no observados en años anteriores.

Al problema descrito se debe agregar otro: el Ministerio de Educación pretende prorrogar, por 3 años más, el denominado “currículum escolar priorizado”, que fue una reducción excepcional de los contenidos en todos los niveles escolares. La medida, adoptada en 2020 como una forma de enfrentar de mejor manera la pandemia, las cuarentenas, las clases remotas y la escasa presencialidad, inicialmente regiría hasta fines de 2021, no obstante, se estimó necesario extenderla todo el presente año también. Y, ahora, se propone hacerlo nuevamente, extendiéndola hasta fines de 2025.  De ser así, las consecuencias serían tan nefastas como lo es la carencia de un número adecuado de Profesores. Por un lado, al ser una medida voluntaria para los Establecimientos, probablemente algunos, los públicos, ajustarían su trabajo a los contenidos “priorizados” nada más, mientras los privados (esto se ha observado) mantendrían la entrega del currículum completo, profundizándose todavía más la brecha que separa estas dos áreas del sistema educacional. Por otra parte, de aplicarse esta medida, configuraría toda una generación de niños y jóvenes que habrían cursado ¡seis años! de su educación, nada más que con contenidos mínimos. Imagine el Lector la formación que habrá recibido un joven que ingresó a Séptimo Básico en 2020: probablemente estuvo ese año y 2021 con clases remotas y contenidos reducidos al mínimo. Y, al ingresar en 2022 a Primero Medio, continuará con esos contenidos “priorizados”. Hasta que egrese de Cuarto Medio, en 2025, con una Licencia de Educación “mínima”, no Media.

Por último, para terminar de conformar la crisis que, me temo, se nos viene encima, se busca posponer nuevamente los sistemas obligatorios de evaluación. Tanto el sistema de Evaluación Docente, para los Profesores, como el SIMCE, postergación en la que tanto el Colegio de Profesores como el Ministerio respectivo coinciden. Para mayor desgracia de millones de niños y jóvenes que, por obra del destino, tuvieron que educarse en un país y un tiempo, en que escasean los Profesores, se reducen los contenidos a entregar y no se evalúa la calidad de quienes hacen esa entrega ni la manera en que los educandos los reciben. O sea, menos clases, menos materia, menos pruebas y menos Profesores. La crisis que nos faltaba.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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