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MISIÓN CUMPLIDA por Rodolfo Schmal S.

El día del golpe, luego del bombardeo del palacio presidencial y del ingreso de una tropa militar al mando del General Palacios, se constata la muerte del presidente Allende. A las 14 horas del 11 de septiembre de 1973, el General Palacios emite un escueto mensaje cuyo destinatario era el alto mando golpista: “Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto”.

25 años después, el mismísimo comandante en jefe del Ejército que había resuelto derrocar al presidente Allende, abandona la jefatura del Ejército exclamando a viva voz ¡Misión Cumplida! Con esta expresión hacía referencia a las tareas gubernativas cumplidas por las FFAA y Carabineros a lo largo de los 17 años. Tareas que incluyeron la persecución, el exilio, la tortura y la desaparición de opositores con apoyo de sectores civiles. Sectores a los cuales, el presidente Piñera, recientemente fallecido, al cumplirse los 40 años del golpe calificó como cómplices pasivos.

En 1998, el innombrable no abandona la jefatura del Ejército para irse para la casa. Lo hace para asumir un escaño en el Senado en carácter vitalicio, disposición fraguada por su corte de abogados para resguardarlo por la vía de la inmunidad parlamentaria frente a cualquier acusación que le pudiese formular el reguero de víctimas que dejó a su paso.

Misión cumplida es una expresión que ha vuelto a la actualidad de la mano del prestigioso abogado Luis Hermosilla. En uno de sus whatsapps a Sergio Muñoz, cuando fuera nominado como nuevo director general de la PDI, hace casi 3 años, el 10 de junio del 2021, escribió: “Un abrazo de felicitaciones!! Me alegro mucho. ¡Misión cumplida!”. Hermosilla no es un abogado cualquiera. Su poder e influencia alcanzaba alturas hasta ahora insospechadas, pero que ahora ya se sospechan. Su pasado le permitía tener clientes a diestra y siniestra. Era el poder detrás del trono.

Hermosilla hizo su trabajo a conciencia cuando afirma “Misión cumplida”. Se movió en la cancha donde mejor se mueve para realizar la misión solicitada por Muñoz: que el gobierno lo escogiera para comandar la PDI por tratarse de un hombre “mesurado, muy prudente y medido”. Hermosilla no pidió nada a cambio. La petición de Muñoz tenía base: Hermosilla era yunta de quien por esos días era el ministro del interior, Andrés Chadwick, primo del presidente de entonces. Puro pituteo, o como dirían los snobs, pura meritocracia. La corrupción, el tráfico de influencias a la orden del día.

Una vez designado, como era de esperarse, Muñoz le devolvió la mano a Hermosilla. ¿Cómo? Pasándole datos confidenciales de distintos procesos en que estaban implicados clientes pesos pesados de Hermosilla. Lo que se llama violación de secreto, que es de lo que se le acusa.

El otro día, conversando con un amigo sobre el tema, en el marco de una tertulia, me decía que la corrupción tenía antecedentes bíblicos, que no es algo nuevo, que ha existido desde siempre, que es consustancial al ser humano. Con ello, implícitamente le estaba bajando el perfil a los hechos o para ponerlo en su “justa dimensión”. ¡Por favor!

Estamos en presencia de una mafia, de un tráfico de influencias, que no es nuevo, que en este caso empapa al poder judicial. Todos sabemos que para ascender en el escalafón judicial necesitas apoyos porque de otro modo no pasa nada. Lo mismo vale en otro orden de actividades. Más en los tiempos actuales de neoliberalismo, donde tanto tienes, tanto vales, y donde se impone la lógica del pasando, pasando. No necesariamente tiene que ser dinero, el vil billete, el que se transa, sino que pueden ser favores, cargos, viajes, premios, votos, ascensos. Para eso, se afilian a organizaciones de todo tipo -deportivas, bomberiles, militares, políticas, religiosas, civiles, sociales- donde puedan codearse con quienes tengan, o eventualmente puedan tener poder, moverse como pez en el agua. No es necesario tener ojo de lince para identificarlos.

Son quienes quieren estar en todas, quienes no dan puntada sin hilo. La ambición los supera. Nada los detiene, salvo cuando dan un paso en falso, como en este caso, y que es el que está permitiendo que se abra una caja de Pandora. En buena hora. De todo esto algo bueno debe salir. No hay mal que por bien no venga.

Rodolfo Schmal S.

Bachiller en Ciencias de la Ingeniería e Ing. Civil Industrial, Universidad de Chile

Magister en Informática de la Universidad Politécnica de Madrid, España

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