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“No entendemos la vida hasta que alguien muy querido muere en nuestros brazos”

En “Nosotros en la arena”, Francisca Izquierdo se acerca a la fragilidad de la vida. “Creo que nuestro verdadero hogar es el que construimos como adultos con nuestra pareja e hijos”, precisa (por Mario Rodríguez Órdenes)

“Creo que todas las edades que hemos vivido están presentes en nosotros al mismo tiempo”, explica Francisca Izquierdo.

“La casa familiar siempre es refugio de nuestras vidas. Pero también vivimos en ellas situaciones extremas de desamor, traiciones. Creo que se sobrevalora la infancia como un tiempo de felicidad. En realidad, la niñez y la adolescencia son períodos difíciles, y la ‘casa de la familiar’ puede ser un lugar lleno de miedos e inseguridades. Es un espacio que tiene un idioma propio, con sus ritos, sus claves y también sus traumas. A menudo, volvemos a ese espacio, desempeñando el rol que jugábamos allí. Este regreso puede ser provocado por un gesto, una conversación o un aroma. Sin embargo, creo que nuestro verdadero hogar es el que construimos como adultos con nuestra pareja e hijos. Es en ese espacio donde encontramos un refugio para nuestra vida presente”, precisa Francisca Izquierdo al conversar sobre su reciente publicación “Nosotros en la arena” (Zigzag, 2024).

Francisca Izquierdo del Villar es Licenciada en Letras por la Universidad Católica y diplomada en Psicología Positiva por la misma universidad. Es directora de la plataforma Arteurbano, desde el año 2001. “Nosotros en la Arena” (Zig zag, 2024) es su primera novela.

Francisca, ¿cómo surge la escritura de “Nosotros en la arena”?

“La historia nace en un taller de escritura de María Paz Rodríguez cuando sentí la necesidad de plasmar mis emociones frente al duelo en un personaje, Sara. Vino el COVID, me dediqué a escribir y el contexto de la pandemia resonó con la sensación de aislamiento, con el temor de la muerte rondando y la búsqueda de sentido que la protagonista enfrentaba con su duelo. La conexión entre el pasado y el presente se convirtió en un tema central, el cómo nuestras experiencias pasadas influyen en la vida, nuestras relaciones de pareja, o con los hijos”.

Tras la muerte de su padre, Sara, la protagonista, se refugia en la casa de veraneo familiar, en el sur de Chile. ¿Por qué es tan importante hacer un ajuste con el pasado?

Las personas que nos importan las llevamos dentro, y cuando mueren, es como si una parte de nosotros se vaciara. Al morir Ismael, el padre de Sara, ella se vuelca hacia su interior en un anhelo y búsqueda de la figura querida que ha perdido y de la que solo le quedan fragmentos. Esta búsqueda instintiva se da en su entorno, en los lugares que compartieron, en las personas que conocieron a su padre, en los objetos que él dejó, en cartas y fotografías. Sara tuvo una infancia difícil debido a la relación entre sus padres, y por eso, necesita volver al pasado, escuchar ‘el murmullo de sus fantasmas’, sumergirse en las emociones que le provocan. En este proceso, descubre secretos que le permiten comprender a su padre cuando él era muy joven y las decisiones que tomó en su vida, por qué se casó con su madre, por qué regresó a Chile.  Al entender mejor esa historia va sanando sus propias heridas”.

Sara realiza un juego de la memoria entre el presente y el pasado. ¿Dónde la lleva?

Creo que todas las edades que hemos vivido están presentes en nosotros al mismo tiempo. Estas etapas de la vida influyen en nuestro comportamiento actual, de manera inconsciente. En el caso de Sara, como en el de su madre Elena, la infancia juega un papel determinante. Para Elena, los dados estaban echados desde su niñez, marcada por una hermana muy particular y unos padres deslumbrados por esta última. Sara se enfrenta a su duelo recurriendo a historias pasadas y enfrentando las emociones que le provocan la pérdida. Al mismo tiempo, se cuestiona sobre su presente con su marido Max y sus hijos. Este proceso lleva a Sara a entender cómo ella es una persona distinta, viviendo una historia única, separada de su pasado. Aunque reconoce las influencias heredadas y cómo estas se pueden haber transmitido o no, hasta la generación de sus hijos. Este ir y venir de la memoria le permite comprender que todos los personajes, incluida ella misma, tienen un ansia de otra vida y es esa ansia la que determina sus decisiones. En este sentido, mi novela es una novela sobre el ansia”.

Francisca, tal como Sara, usted también vivió la muerte de su padre. ¿Cómo la marcó ese acontecimiento?

Como digo en el libro, no entendemos la vida hasta que alguien muy querido muere en nuestros brazos. La muerte de mi padre me marcó profundamente. Fue como si cayera un velo de la realidad y de repente me encontrara en un territorio desconocido. Sentí que quedaba a la intemperie, expuesta a una nueva vulnerabilidad. Fue un despertar a la fragilidad de la existencia y a la conciencia de que hay cosas que se pierden para siempre. Me di cuenta de que ahora ‘podía caer’ y sentir el peso de esa pérdida, ya no solo de una manera abstracta. Este duelo también me ayudó a tener una mirada más compasiva y humana hacia los demás. Entendí mejor sus pérdidas y sufrimientos, a conectar de manera más profunda con las personas que me rodean”.

 ¿Ha podido superarlo?

He podido ‘elaborarlo’, pero creo que convivimos con el duelo, entrando y saliendo de él constantemente. Tengo la sensación de que no tiene fin. No hay que olvidar nada, porque el olvido es la verdadera muerte. Lo que hacemos es aprender a vivir día a día con nuestros muertos. Aprendemos de esta suma de pérdidas y separaciones inevitables que es la vida. Nos separamos de nuestra madre en la infancia, de sus brazos; luego de nuestros padres en la adolescencia para lograr nuestra identidad; del hogar paterno y de la adolescencia para formar nuestras propias familias, para tener nuestros hijos, de los que también nos tendremos que separar algún día. Así, vamos creando una especie de fortaleza interior. En este terreno es donde realmente maduramos y crecemos”.

 ¿Considera, que la figura del padre está en crisis en el mundo actual?

Gran parte de los problemas generacionales que vemos hoy en día, tienen que ver con la falta de una figura paterna internalizada por los jóvenes, que puedan apreciar, valorar, con la que puedan dialogar y construir proyectos comunes. Hoy en día en que los afectos y las emociones se consideran esenciales, la figura del padre, tal como ha sido habitualmente entendida, está atravesando una transformación. Antes, solíamos ver a un padre ausente y más autoritario, pero ahora estamos viendo otro tipo de padre más cooperador en la crianza y conectado con las emociones, logran tener una relación de intimidad con los hijos. Ha cooperado en esto la simetría de roles en las parejas jóvenes. Hoy en día, los nuevos padres participan activamente en la vida diaria de sus hijos, desde cambiar pañales hasta ayudar con la tarea escolar y acompañarlos en sus actividades deportivas entre muchas otras. Creo que la figura del padre está en proceso de redefinición”.

La biografía del padre, ¿deja marcas definitivas en su hijo?

La biografía del padre puede influir profundamente en su desarrollo emocional y psicológico. Mas que atender a lo que dicen, los hijos observan y adoptan los comportamientos y actitudes de sus padres. Y estas conductas dependen de lo que ellos mismos vivieron en el pasado. Queremos como nos han querido y también, como no nos han querido. A veces los padres pueden portar un trauma inconsciente y repetir el patrón con sus hijos. En la novela Elena repite con su hija Sara la falta de afecto de sus padres que vivió cuando niña. Sara en cambio, se empeña en ser la mejor madre para reparar esa experiencia traumática de su niñez con su madre. Una madre ausente o emocionalmente distante como Elena puede contribuir a problemas de autoestima y dificultades en las relaciones interpersonales de su hija. La biografía de un padre moldea el desarrollo emocional, psicológico y social del hijo, de manera positiva o negativa”.

 Nosotros en la arena es su primera novela, ¿que explica una publicación tan tardía?

“La escritura ha sido siempre una compañía para mí misma. Desde niña era observadora, y escribir era como una forma de estar en el mundo. En la universidad estudié literatura, pero con los años me dediqué a trabajar en otras cosas y a mi familia, y casi sin darme cuenta, durante mucho tiempo dejé de escribir. Esta novela significó volver a ese espacio tan mío.  Me he demorado en publicar, pero siento que no es tarde. Los años en literatura son un aporte, las experiencias se suman y agregan capas de significado a la escritura. Y suponiendo que hoy en día se vive más años, quizás este no es un mal momento para empezar a publicar. Y hoy que tengo el espacio para hacerlo, dedicarme a escribir; a escribir desde la curiosidad, la humildad, la compasión hacía los otros y hacía mí misma, y escribir ante lo que me toca ver, lo que me toca presenciar y lo que me toca vivir. Escribir como una forma de continuar en el mundo”.

 Sé que es una buena lectora. ¿Cómo estimular la lectura entre los jóvenes?

Una manera efectiva de estimular la lectura entre los jóvenes es, en medio de las conversaciones que tenemos con ellos, hablarles sobre personajes y temas de los libros relacionándolos con sus vivencias. Por ejemplo, con mis hijas, hacemos el luto de sus relaciones fallidas con noches de poesía. Hablarles sobre cómo un personaje enfrenta algo similar a lo que ellos están viviendo, puede hacer que se sientan identificados y curiosos por leer. Mostrarles cómo, a través de los libros, pueden vivir muchas vidas alternativas. Y cómo un libro puede transportarlos a un mundo de fantasía o a una época fascinante. Trasmitirles que, a través de las páginas de un libro, pueden entablar un diálogo con las mejores mentes de todas las épocas y conocer a personajes fascinantes. Que te vean leer y leer”.

 Francisca, ¿de qué manera nos marca el pasado?

“El pasado nos marca con fuerza, es un hecho, pero no nos encadena. Los hechos psicológicos no se disuelven con el tiempo, todo queda guardado en el inconsciente. Lo importante entonces es el acto de contención para enfrentar y poder elaborar las emociones negativas. Pero también recordar el pasado nos puede llevar a momentos de alegría, de éxitos, de amor, de plenitud. Para escapar a las coordenadas negativas del pasado hay que aprender a recordar. Nuestra memoria es engañosa, por ejemplo, nuestro yo recuerda el peor momento con mayor intensidad, distorsiona lo que verdaderamente pasó. O recuerda el mejor momento y olvida lo demás. Entendiendo esto, el desafío está en lograr, por medio de la elaboración de esos dolores o conflictos intensos y las emociones que nos provocan, que el recuerdo de ese pasado no sea tan ingrato y sentirnos agradecidos. Esto significa lograr la paz con nosotros mismos y con los demás”.

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