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OFRENDAS AL NIÑO DIOS por Horacio Hernández Anguita

Las familias se reúnen esta Nochebuena. A pesar de las propagandas y consumos enervantes, continúa la memoria viva del nacimiento de Jesús en Belén. Es una fiesta popular. Cabe destacar que la invasión de las imágenes y las costumbres foráneas –las que responden a intereses comerciales-, no logran destruir la tradición chilena conservada en los rincones rurales. Es la memoria viva de una fe que honra con lenguaje castizo, las formas de vida de la cultura originaria con sus expresiones genuinas, las que se mantienen aún vigentes.

Tal vez, una de las mejores manifestaciones de la religiosidad popular y campesina, sea lo que conocemos como el “canto a lo divino”. Que, desde luego, tiene su otra cara en el “canto a lo humano”. El cantor o cantora, con su guitarra o guitarrón, entonan versos que actualizan y hacen presente los misterios cristianos. En este caso, ahora es en torno al Pesebre. En efecto, los villancicos en coplas se inspiran en los elementos de la vida campestre mostrando lo más genuino de nuestra gente. Las ofrendas al Niño Dios, pues, son el cordero, la harina tostada, el trigo, el mote, el cuero de carnero, repollos, pollitos, flores y “clarines del campo” para el “aroma”. He aquí unas cuartetas de sabor criollo:

Señora Doña María

Soy una pobre pastora

Un corderito le traje

A su niñito Señora

 

Yo madrugué tempranazo

Con la Chepa acompañada,

Entre las dos le trajimos

Bastante harina tostada.

 

De trigo nuevo harto mote

Trajimos con la Catita

Un cuero de un carnerón

Para cama a la guagüita.

 

Me previne y caminé

Para traerle repollos,

Fui al gallinero y pillé

Para usted catorce pollos.

 

Señora Doña María

Flores le traigo y aroma:

Hartos clarines del campo

Que los agarré en la loma.

Las estrofas pertenecen a una Novena de Nicasio García, poeta popular del siglo XIX. Esta poesía nace en los albores de la Colonia y adquirió su esplendor a mediados de siglo del cantor citado. “Soldados, poetas, misioneros, funcionarios y aventureros españoles dieron a conocer e iniciaron el trasplante y adaptación de los cantos a lo humano y a lo divino en décimas que glosan (comentan) temas contenidos en cuartetas”, dice Juan Uribe.

En nuestros campos resuenan estas alegres trovas al Nacimiento del Niño Dios. Congregado el pueblo, con sencillez rememora y celebra lo más genuino de la fe. Rostros admirados de actuales pastores que prolongan el cántico angélico a la guagüita divina…

Horacio Hernández Anguita

Fundación Roberto Hernández Cornejo

 

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