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Partió la bolita

Al iniciarse la semana se abrió la caja de Pandora al cumplirse el plazo de inscripción de candidatos a las distintas instancias electorales que tendrán lugar el 11 de abril próximo. En estricto rigor no hubo mayores sorpresas. Tal como se preveía, la derecha va unida y la izquierda dividida, particularmente en la madre de todas las batallas: la elección de constituyentes. No resulta difícil explicarse las razones de la unidad en la derecha, así como la división en la izquierda. Aventuraré algunas de ellas. 

La abrumadora victoria del apruebo en el plebiscito de octubre del año pasado por casi un 80% puso en estado de alerta a la derecha. Fue la antesala de lo que podría ocurrir en caso de ir dividida. No hay que olvidar que parte de ella estuvo por el apruebo. Por la izquierda, al contrario, produjo un relajamiento, un exceso de confianza. Creyó que era goleada, carrera corrida. Presumió que los dos tercios exigidos estaban prácticamente asegurados. Olvidó que tan solo había terminado el primer tiempo del partido y que faltaba el segundo. El equipo de la derecha ingresa a la cancha reforzada, en una única lista, ensamblando su defensa con el ataque, consciente de que se está jugando el todo por el todo. 

Distinto es el caso de la izquierda que al sentir que tiene el 80% en el bolsillo, ingresa al campo de juego quebrado en al menos dos listas, con una defensa y un ataque desconectados, que no se entienden y en el que parecen primar las individualidades, en desmedro del trabajo colectivo. Si bien el partido no ha terminado, dado que el pitazo final tendrá lugar en tres meses más, no es necesario ser brujo para percatarse que lo más probable es que la derecha se vea sobrerrepresentada en la convención. El mismo fenómeno tendrá lugar a nivel de alcaldías, concejales y gobernaciones, particularmente, allí donde la oposición vaya dividida. 

Asimilo lo ocurrido con el famoso naranjazo de 1963 en Curicó, donde con motivo del fallecimiento de un diputado, tuvo lugar una elección complementaria, triunfando sorpresivamente Oscar Naranjo, candidato del Frente de Acción Popular (FRAP) que representaba a la izquierda. Ese triunfo asustó a la derecha, la cual para las elecciones presidenciales que tendrían lugar al año siguiente, abandonó a su candidato presidencial, Julio Durán, para volcarse en brazos de Frei Montalva, candidato que representaba a la Democracia Cristiana. Todo ello con el solo propósito de impedir el triunfo de Allende, candidato representativo de la izquierda.   

Un segundo motivo por el que la derecha va en una única lista y la izquierda en dos, reside simplemente en que la primera ha tomado conciencia de lo que está en juego: la redacción de una nueva carta fundamental que establecerá las reglas de juego para las próximas décadas, con el modelo de sociedad en que viviremos. La oposición, en cambio, no ha logrado tomar conciencia o tomarle el peso a lo que se juega, privilegiando las identidades partidarias por sobre el interés común.

Un tercer motivo, y que está relacionado con los anteriores, reside en que la derecha tiene más claro lo que quiere, el modelo de país que quiere construir, basado en el individualismo, la competencia, el emprendimiento privado y el derecho de propiedad,. La izquierda, en cambio, tiene claro que desea un país con énfasis en la colaboración, el bien común, los derechos sociales y el rol del Estado en la distribución de la riqueza. 

Sin embargo, el nivel de claridad de la derecha respecto de lo que quiere es sustantivamente mayor al que posee la izquierda. La derecha tiene un modelo en mente, nítidamente dibujado: el neoliberal; en cambio la izquierda aún no lo tiene. El modelo de sociedad de la izquierda está en pleno proceso de construcción, con características propias del estado de bienestar, de economía social de mercado y el socialista.

Solo digo que la derecha tiene más claridad respecto de la sociedad en que aspira vivir, pero eso no significa que en su seno no existan diferencias sustantivas. Pero en este minuto, para los efectos de las elecciones que vienen, en ella han primado los elementos que los unen. A diferencia de la oposición, la derecha la sabido procesar sus diferencias. La paradoja reside en que tales diferencias aflorarán en mayor o menor magnitud, dependiendo del nivel de representación que alcance en la convención constituyente y quienes resulten elegidos en su seno.

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