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PASO DE CASTAÑO OSCURO por Rodrigo Biel Melgarejo

Hay expresiones ue van quedando en desuso, pero muy pertinentes al momento en que se vive una determinada situación.

Pasar de castaño oscurose utiliza para afirmar que se han sobrepasado los límites tolerables de una situación o circunstancia”. Justamente es lo que ocurre con el aumento explosivo de la delincuencia en nuestro país; en verdad y nadie lo puede negar, hemos sobrepasado los límites tolerables.

Parece evidente habiéndose pasado los límites tolerables, que deben tomarse de inmediato medidas concretas, directas, con eficacia y con fuerza, que modifiquen la situación de caos, pero con incredulidad, observamos que se espera el resultado de una “mesa” que aborde el problema.

De un tiempo acá, todo se pretende arreglar en base a ese “mueble” y, en verdad, lo que siempre vemos es una “mesa coja”, que no se repara como corresponde, sino que colocando- como en los restaurantes chileno – una cuña bajo una de sus patas. La mesa, que supone dialogo y consenso, más se parece a “las medidas para mejor retardar” que se utilizan malamente en el proceso.

La decisión para terminar con lo intolerable, pasa por que quien tiene la responsabilidad del bien común asuma el liderazgo consustancial a la figura de los presidentes, dictando las resoluciones, reglamentos, instrucciones y/o decretos que le permite la legislación vigente, o presentando las proposiciones de leyes que se necesiten, para que el legislador asuma a su vez, el papel que les corresponde, siendo en esa sede donde debe producirse la discusión y los acuerdos pertinentes.

Podemos mencionar variadas causas sobre el incremento de la delincuencia, unas recientes y otras remotas; hace ya varios años a un senador de la zona, que ya no está en el cargo, le señalaba: “senador, cuidado, la delincuencia también puede matar a la democracia”, y hoy es mi temor fundado. Ya se escucha en las redes sociales, en las calles y en los taxis, donde la gente se desahoga con ese “psicólogo ocasional” que es el taxista.

El ser humano, sea mujer u hombre, ha ido dejando de lado a Dios, pero no para convertirse en un ser absolutamente racional, que abjure de esa figura, sino que creando otros dioses, para luego actuar como los religiosos más conservadores o radicales, elevando a dogma de fe en lo que creen, sin ninguna capacidad de reflexión, y es lo que pasa – yo también pequé de aquello- por ejemplo, con lo que dice la organización de Naciones Unidas, pontificando y dando recetas que, en ocasiones, causan más daño que solución, lo que pasa con la migración.

Burócratas internacionales que colocan en el mismo fardo a los perseguidos por sus ideas políticas o religiosas, como a los delincuentes comunes, lo que ha derivado en el ingreso masivo de nacionales de otros países, sin mayor control de sus antecedentes, con un desparpajo digno del cine.

También se ha pasado de castaño oscuro la justificación de conductas violentas en algunos adolescentes, vendiéndonos la idea de que no hay que reprender, no hay que castigar, en definitiva, no hay que enseñar, derivando en el irrespeto a la autoridad, sea en la casa, en la escuela, en el colegio, en el liceo, en la calle, en la ciudad.  ¿Cuándo comenzó aquello? cuando una niña lanzó a la ministra de educación un vaso de agua.  Hoy ningún profesor o profesora se atreve a reprender a un niño, niña o adolescente temiendo la reacción violenta de éstos o de sus padres. Lo anterior no es cuento, lo vi muchas veces en los recursos de protección.

Se ha pasado de castaño oscuro, la incapacidad de resolver los conflictos por las vías pacíficas del dialogo, la comprensión, la tolerancia, prefiriendo actos de violencias sobre las personas y las cosas. En Buenos Aires, un día de la semana hay protestas, marchan, gritan, cantan y tocan los tambores, pero nadie toca el Obelisco ni el patrimonio de la ciudad, en cambio recorremos nuestro país y las ciudades asemejan a otras que enfrentan conflictos bélicos; necesario entonces es recapacitar y hacer recapacitar a quienes asumen esas conductas para que las muten, lo que debe partir en las casas y en los centros educacionales.

Nuestros lideres deben tener la capacidad de despejar la paja del trigo, no queda tiempo para llorar sobre la leche derramada, ni esperar la mesa perfecta. Creo en las instituciones, especialmente la que detenta el presidente, por eso confío que él, tome las riendas y nos haga galopar para procurar el bien común; ya cayó la gota que colmó el vaso.

Rodrigo Biel Melgarejo

Abogado

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