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“Pese a lo sombrío de nuestro tiempo contamos con infinitos modos de resistencia y sublevación”

La filosofía tiene herramientas para que los seres humanos podamos enfrentar el caótico mundo presente y darle un sentido. Martín Heiddegger, uno de los filósofos más importantes de la modernidad, es un faro para encontrar la ruta. Sin embargo, su lectura exige “desarrollar la actividad del pensamiento pensante y no reproducir un pensamiento que ya fue pensado” precisa Aldo Bombardiere Castro (por Mario Rodríguez Órdenes)

En este caótico mundo hay un deseo profundo por acercarse a la filosofía. ¿Quizás buscar el sentido a la vida? Aldo Bombardiere Castro (Santiago, 1985), licenciado en Filosofía y estudiante del Magister de la Universidad Alberto Hurtado, nos acerca a Heidegger a través de “Heiddeger y la existencia propia. Una ética para enfrentar la actual crisis planetaria” (RIL Editores / Universidad Mayor, 2018) de Rodrigo Pinto Pastrana, quien actualmente prepara su tesis doctoral y es un profundo conocedor de Heiddeger. En momentos que en todo el mundo se hacen preparativos para conmemorar los 100 años de Ser y Tiempo, que se cumplen el 2027.

Aldo, el fallido proceso constitucional que vivió Chile dejó en claro una ausencia de un diálogo profundo. Siguiendo a Heidegger, cuando se refiere a los modos de convivencia entre los hombres, estaríamos en el tramo de los deficientes. Es decir, los que están el uno contra el otro…

“Si bien la filosofía de Heidegger no tematiza la dimensión política o ética de modo directo, pues se concentra en el problema de la pregunta por el sentido del ser, es decir, en la ontología, sí pareciera que, a nivel implícito o derivado de ésta, la convivencia humana es un tema relevante. Antes que concebir una sociedad a partir de intereses o beneficios individuales o sectoriales, guiados por un cálculo de costos versus beneficios, en Heidegger está muy presente la capacidad de los humanos para ‘poner en juego’ en pro de la autenticidad de su existencia. Esto significa, el hecho fáctico de quedar expuestos, vulnerables y a disposición de la escucha del ser y, con ello, de abrirse a las posibilidades de una vida plena y a la vibración del asombro, donde el acontecimiento de lo impensado e impronosticable de paso a un comienzo nuevo, a otra realidad y más allá de cualquier deslucido realismo. Bajo tal perspectiva, el diálogo sería una experiencia potente, ya que cuando se desarrolla de manera radical y desprejuiciada, no consiste en un medio de mera persuasión, una simple conversación con el objetivo de llegar a acuerdos o, incluso, la sorpresa de hacernos cambiar de opinión, sino en una experiencia donde nos volvemos susceptibles de devenir otros, donde acontezcamos otros que jamás creímos llegar a ser”.

Según el filósofo Gadamer el éxito del diálogo se basa en el fracaso de los dialogantes…

“En efecto, para referir al diálogo me gusta mucho apoyarme en una idea de Gadamer -discípulo de Heidegger-: el diálogo sólo resulta fructífero en la medida que ninguna posición previa haya triunfado por sobre las otras, es decir, el éxito del diálogo se basa en el fracaso de los dialogantes; sólo podemos valorar la radical riqueza del diálogo en la medida que nuestras ideas, e incluso nuestra identidad, salen de él de un modo totalmente distinto a cómo entraron. Por ende, un debate político realmente dialogado implica estar dispuesto y expuesto no sólo a hacer concesiones -como suele decirse- para llegar a un consenso, sino a ser vencido, a perder cualquier privilegio de clase o acumulación de capital económico y cultural. Pero en un sistema capitalista, que tiene a la propiedad privada y al individualismo como pilares metafísicos, nadie está dispuesto a ‘ponerse en juego’”.

¿Cómo acercarse más a la filosofía desde el colegio?

“Actualmente es difícil establecer el nexo entre filosofía y educación, pues vivimos en una cultura de la instantaneidad, la impulsividad y la proliferación de estímulos visuales. Ante tal demanda de atención -muchas veces con grados deficientes de conciencia- el ejercicio reflexivo resulta cada vez más tedioso. Por lo mismo, quizás sea hora de empezar a pensar la filosofía desde el shock o desde un golpe de asombro. En mi experiencia como profesor escolar he intentado combinar dos métodos. Primero, trabajar la apreciación libre a través de imágenes para detenerse, habitar en ellas, imaginar con ellas e, incluso, sentir y describir la impaciencia y el aburrimiento que nos pudieran provocar. En ese tipo de experiencias, reales y a la vez situadas, es donde los estudiantes se encuentran con la posibilidad de filosofar de tú a tú, superando las interpretaciones sobre la imagen misma. Segundo, los programas educativos en general suelen recomendar la aproximación a la cotidianeidad de los estudiantes; bien, lo que yo he intentado hacer fue generar un cierto impacto, un modo de extrañamiento con esa cotidianeidad, justamente por medio de un método un tanto heideggeriano: reflexionar críticamente sobre lo que tenemos más a la mano, reflexionar sobre el sentido, tanto etimológico como político-social, que poseen las palabras. Así, palabras como ‘alumno’ (el sin luz, que debe esperar ser iluminado por el profesor), ‘orientación’ (el sentido que expresa la ruta desde donde nace el sol, pero que a la vez presupone un destino al cual llegará), o como ‘carrera universitaria’ y  ‘créditos de asignatura’ (los cuales dan cuenta de una matriz semántica donde la educación, en lugar de constituir un derecho social, yace subordinada a lógicas de competitividad y a criterios de mercado) son rescatadas del simple uso habitual y automático para ver cómo ellas no sólo reflejan la realidad, sino también condicionan la vida que llevamos. Este tipo de prácticas, por sólo mencionar algunas, pueden llegar a ser mucho ‘más filosóficas’ que las de enseñar la historia de la disciplina. Porque -recurriendo a una magistral expresión de Humberto Giannini- al final se trata de eso, de filosofar: de desarrollar la actividad del ‘pensamiento pensante’ y no de reproducir un simple ‘pensamiento (que ya fue) pensado’”.

¿Una filosofía que nos haga comprender que todos somos pasajeros de un mismo viaje?

“Eso es fundamental, tanto filosófica como existencialmente. De hecho, hoy en día, cuando enfrentamos una crisis climática que es efecto de un modelo de desarrollo capitalista basado en la acumulación (de riquezas en pocas manos) por desposesión (del trabajo humano) y devastación (de la naturaleza). La solidaridad y la comprensión resulta imperiosa. Y con solidaridad y comprensión no me refiero simplemente a una intención o a un acto puntual, sino a una actitud, a un ethos o modo de habitar la existencia en común, incluyendo a la diversidad de culturas, con sus cosmovisiones y saberes, y al conjunto de la naturaleza, con sus distintos reinos, especies, lenguajes e inteligencias no-humanas. Este ethos solidario y comprensivo requiere, eso sí, de una disposición de escucha y de un descentramiento de lo humano, pues, históricamente y sobre todo en la modernidad, nos hemos concebido tanto como dominadores de otros seres humanos, así como dominadores de la naturaleza. En otras palabras, quiere decir que el barco del cual somos pasajeros, la naturaleza animal y vegetal, también cuenta con el estatuto de ser otro pasajero, con sus propios modos de perseverar en su vida, de comportarse y de enfrentar esta crisis, en lúcida relación con su entorno circundante. Comprender que la vida humana es una más de entre muchas formas de vida y modos de existencia, nos permitirá, por ejemplo, valorar (y no sólo acceder a) el conocimiento respetuoso de la sensibilidad y del sentido de los comportamientos de cuidado de algunas especies animales. Nos habla de nosotros y de la dinámica relacional que somos capaces de desplegar en la existencia común, donde tal comunidad significa encuentro de diferencias. En plena crisis ecológica, lo anterior se torna tan interesante como urgente de cara a generar relaciones armónicas con el ecosistema natural. El precio: dejar de lado la inercia alienante del capitalismo, y con ello la comodidad del desarrollo hiperproductivo -a escala sistémica- y del consumismo, a escala social”.

¿De dónde se nutre la mirada ética de Heidegger y qué se propone?

“Podríamos especular que la filosofía del Heidegger se nutre de la pregunta, de la vibración y del misterio que palpita en el auténtico preguntar, esto es, del ser que se transparenta en la pregunta misma y del tiempo que es capaz de distenderse o extasiarse en su seno. Ello lo podemos apreciar en Ser y tiempo. En última instancia, Heidegger se nutre de lo que acontece cuando pensamos a cabalidad: somos nutridos, llamados y tomados, por un asombroso exceso de sentido. Responder a la inminencia de tal llamado consta de ponernos en juego, de arriesgar, incluso, nuestro cuidado”.

Heidegger también vivió en un mundo muy cruento. ¿Cómo conciliar su mirada ética con su breve adhesión al nazismo?

“Creo que ese capítulo de la vida de Heidegger es inconciliable con una visión ética de la existencia. El tema del nazismo en Heidegger nos conmina a pensar cómo el filósofo más grande del siglo XX pudo adherir a la ideología más criminal del mismo siglo. Y aquí me detengo para aprovechar de recalcarlo: quien adhirió al nazismo fue el filósofo, el hombre caído que se dedica a la filosofía, a impartir clases y entrevistas, a ascender socialmente. Pero quizás no sea el hombre que ama y se acuesta con Hannah Arendt, y el cual firma como Martín Heidegger, es decir, aquel hombre medianamente anclado a su identidad en el mundo cotidiano. Pero estoy seguro de que ese no es el mismo hombre que, sin siquiera importar su condición de género, de clase o su ideología, pensó la pregunta por el sentido del ser, en cuanto emanación de una fuente originaria capaz de sostener y, al mismo tiempo, desbordar todo lo que existe. En cierto sentido, ¿el Heidegger nazi no es el mismo hombre que revitaliza y se asombra ante la vibración de la pregunta más radical de todas y donde confluye lo ontológico con lo existencial, aquel que vibra al preguntarse ¿por qué existe el ser y no la nada? Y esto se explica por una razón antimoderna: el origen de esa pregunta no reside en Heidegger, pues él sólo la vehiculiza, la vuelve presente o, a lo más, participa en ella como su guardián o pastor; el origen de esa pregunta proviene de la misma potencia del ser. Y en tal potencia se revela tanto su tendencia a ocultarse como su capacidad de autotransparentarse a través de la experiencia más auténticamente filosófica que existe: la del asombro”.

¿Cómo lograr un vivir ético, en un mundo qué desde hace décadas, en su vida cotidiana, ha estado alejado de la filosofía?

“Tal cual señala Rodrigo Brito Pastrana a la hora de profundizar en la fuerza ética de la obra de Heidegger, habrá que alejarse de todo manual moralista, de cualquier receta o paso a paso que nos dicte lo que debemos hacer. En su lugar, me parece fundamental la capacidad de estar despiertos, en vigilia más que en vigilancia, y de ponerse en tonalidad con las características elementales que constituyen el sentido de las acciones que llevamos a cabo y de los afectos que nos cruzan. ¿Cómo hemos llegado a ser quiénes somos? ¿Acaso, después de la muerte de nuestros padres o de la desgracia de perder a un hijo, seguiremos siendo quienes hoy somos? Problematizar este tipo de experiencias vitales, muchas veces catastróficas, pero también asombrosas, nos invita a profundizar en los aspectos cambiantes y permanentes -las variables y las constantes, para decirlo de un modo estadístico- que resultan significativos y constitutivos para cada uno de nosotros. He ahí que no exista respuesta correcta, sino una ineludible obligación de responder acerca del modo cómo nos ponemos en juego”.

¿Cómo alejarnos de la tesis de Byung – Chul Han que sostiene que en esta sociedad hiper moderna los humanos nos estamos convirtiendo en animales de trabajo?

“A grandes rasgos, el diagnóstico de Byung-Chul Han me parece cierto. Para alejarnos de esa dominación capitalista que hemos introyectado hasta elogiar la propia autoexplotación o hasta hacer del cansancio una culpa, hay muchísimo que podemos hacer. Quiero decir que al estar tan perdidos, tan consumidos y enajenados, tenemos mucho por hacer y también muchas posibilidades para tomar. Pese, y gracias, a lo sombrío de nuestros tiempos, también contamos con casi infinitos modos de resistencia y sublevación. Los mejores tiempos para la imaginación, el pensamiento y la dignidad, para luchar y crear, son aquellos de mayor opresión. Como decía Hölderlin -poeta venerado por Heidegger- ‘donde está el peligro, también crece lo que lo salva’. Por eso, tal vez, seguimos aquí”.

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