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PÓNGALE NOTA A LA CAPITAL por Juan Carlos Pérez de La Maza

Tal vez Ud. se enteró de la nota que los santiaguinos pusieron a su ciudad, en un reciente estudio de opinión.  Le pusieron un escaso 4.0, apenas en el borde de la aprobación si la ciudad estuviera rindiendo algún tipo de examen escolar. ¿Por qué los habitantes de la principal ciudad del país califican con un exíguo “cuatrito”, o sea, menos que regular, a la urbe capital, que precisamente hoy domingo 12 de febrero cumple 482 primaveras?

Razones hay de sobra. Si el Lector se ha dado una vuelta por la capital este último año, si ha atendido con un poco de cuidado a la crónica roja santiaguina o ha observado los numerosos reportajes que describen el panorama capitalino de los últimos tiempos, seguro que le encuentra toda la razón a sus habitantes.  Es tal el estado lamentable que presenta Santiago, que comentarlo es casi una perversidad. Pero, a veces, es necesario ser un poquito perverso, si queremos subrayar algo que es preciso cambiar. O, al menos, dejar por escrito el punto, para que aquellos que pueden hacer algo, lo hagan. O quede en evidencia su desidia, su incapacidad o su falta de visión.

Comencemos con la seguridad. Recién hace unos días, mientras secuestraban a una persona, los malhechores dispararon a la diestra y a la otra, sin considerar a los cientos de personas del lugar. También hace poco, en un mall, los delincuentes asaltaron un local de lujo, huyendo en medio de disparos por doquier. No pongo la cifra de homicidios porque no le quiero asustar, pero créame que poco a poco nos vamos acercando a los indicadores que, hace unos años, eran patrimonio exclusivo de Ciudad de México y Caracas. Y los otros delitos, encerronas, portonazos, asaltos en la vía pública, se han hecho tan habituales, se han integrado de tal manera al paisaje urbano, que ya no merecen titulares. Apenas menciones al pasar, como el valor del dólar o los combustibles. Vivir en Santiago y ser víctima de algún delito es de una probabilidad demasiado elevada como para dejársela al azar.

Y el paisaje urbano ¿cómo está? La Alameda se ha convertido en una afrenta más a don Bernardo. ¿Cómo seguir llamándole con el nombre del Libertador a esa especie de camping de inmigrantes, baños al aire libre incluidos, en que se ha transformado? ¿Y la Plaza de Armas? El Lector habrá de saber que las agencias de viajes ya no programan visitas al sector. Es demasiado arriesgado. No sólo por la probabilidad de asaltos, sino porque más de algún turista desprevenido podría tentarse con las variadas delicatessen que se ofrecen en su entorno, poniendo en grave peligro su salud. ¿Cómo hará la Iglesia para disimular el olor a fritanga, cuando entrega la Comunión en la Catedral? ¿Cómo hará la Alcaldesa para que no la asalten camino a su oficina, precisamente frente a la Plaza que creó Valdivia con tanto orgullo? ¿Y la basura, y los rayados, y la fealdad convertida en baluarte urbano?

Santiago no merece aproximarse a sus 5 siglos de historia en el estado en que se haya. Hoy, cuando habrá más de alguna conmemoración, ojalá alguien se percate que sólo restan 18 años para ese quinto centenario. Y, en esos escasos años, habría que dedicarse a limpiar, sanear, ordenar y adecentar la ciudad principal del país, para que no siga siendo ejemplo de delito, mugre y abandono y vuelva a ser el espejo en el que tantas otras, del país y más allá, se miraban con envidia.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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