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PRIMERA PERSONA: Patricio Acevedo y el sonido del mar en tierra firme

Patricio Acevedo unió en una profesión dos de sus grandes pasiones: la música y la marina. Durante su carrera en la Armada fue parte de la banda de la institución, recorriendo los cinco continentes. Un viaje que le dejó recuerdos que atesora en una pieza de su hogar en Talca (Texto y fotos: Rodrigo Contreras Vergara)

El 2019 Patricio volvió a ponerse el uniforme tras aceptar una invitación para participar de la parada militar en Santiago.

¿Qué hacer con tanto recuerdo, con 28 años recorriendo mares y puertos, con el último uniforme de parada, con el saxofón de mil conciertos?

Patricio Acevedo González, suboficial infante de marina en retiro, se hizo esas preguntas el 2015 cuando dejó la Armada. Pero dejar es solo un verbo.

De niño le gustaba ver la parada militar. También jugar a la pelota. Y participar en la banda del Colegio Santa Ana. Ahí están sus tres pasiones. Fue seleccionado de Talca en las series infantil y juvenil, jugando bajo los tres palos. La educación media la hizo en el Salesianos, donde se incorporó al taller de música del maestro Mario Cárdenas. Ya egresado, participó en los orfeones provinciales de Talca y Curicó. Hasta que en 1987 se incorpora a la Armada.

Su instrumento es el saxofón, aunque antes tocó la tuba, el trombón y el clarinete.
En la Armada pudo unir dos de sus tres pasiones. Se sumó de inmediato a la banda de músicos, iniciando un recorrido que lo llevaría a diferentes rincones de Chile y el mundo. En los viajes de instrucción en la Esmeralda conoció los cinco continentes. Recuerda especialmente una regata en Europa y otra de grandes veleros en América. En 1997, en un trayecto entre Japón y Vancouver, le tocó en la Esmeralda enfrentar el tifón David. Habían zarpado desde Osaka. El mismo viaje en que un guardiamarina se cayó en la madrugada al mar, siendo rescatado después de 50 minutos de intensas maniobras. Fue el preludio de lo que se vendría. Luego de cuatro días de navegación, la noche del 18 de septiembre comienzan a sentir los efectos del tifón. Sin velas, solo comiendo sandwiches y café, y algunos durmiendo amarrados o, derechamente, sin dormir. El buque sufrió daños menores, pero llegó a destino. Patricio había navegado en mares revueltos, como en el Cabo de Hornos, pero nunca en medio de un tifón. Una experiencia difícil e inolvidable.

DE NUDOS Y RANCHO

No puede evitar usar expresiones o palabras marineras. Como la técnica de hacer nudos (cabullería) o el nombre de la parte donde se amarra la vela (escota). En la tradición de la Armada el “chancho de máquina” es el ingeniero, el “hilacha” el sastre, el “cookie” el cocinero, el “ZP” el zapatero. Y no se confunda, el timón no es la rueda que el imaginario colectivo asocia a la conducción de un barco, sino el dispositivo que lo mueve. En estricto rigor marinero, el aparato que el cine nos ha intalado como timón se llama rueda de timón.

Saca un silbato y sopla el toque para el rancho. Se entusiasma y relata diferentes anécdotas. Por ejemplo, la del rancho del jueves: cazuela, empanada y mote con huesillos. En todas partes, lo mismo. Cuenta que un presidente visitó la escuadra nacional un jueves y le tocó de almuerzo ese menú y quedó para siempre. O explica por qué las banderas en su réplica de La Esmeralda soplan aparentemente en sentido contrario a la lógica. Cuidado, tome en cuenta que el viento da en la popa, desde atrás.

Le gusta la historia. La casa familiar en Talca estaba ubicada, hasta el terremoto del 2010, cerca, muy cerca, de la 11 Oriente con Alameda. Recuerda que antes los circos se instalaban en la misma Alameda. Otra ciudad. Otros tiempos. Se acuerda del “chancho en piedra”, de que hay varias versiones sobre su origen. Prefiere la que hace referencia a una anécdota sobre el ejército patriota. Cuenta que los soldados comían cosas simples, que tomaban unos tomates y los molían en cualquiera roca que tuvieran a mano. En cierta ocasión, después de zamparse este menú, un oficial observa a los soldados reposar desparramados y los bautiza como “chanchos en piedra”.

UNA PIEZA MUSEO

Tiene perfil docente Patricio Acevedo. Es fácil imaginarlo explicando a sus amigos que van a su casa, la historia detrás de los muchos recuerdos que reunió en sus años de marino y músico de la banda. Como cuando participó en las giras de la banda de conciertos de la Armada. O, casi al final de su carrera, dirigir la banda de la Quinta Zona Naval en Puerto Montt. Recuerda con especial cariño la participación de la banda en la obra musical Los Miserables, acompañando a estudiantes de un colegio en el Teatro del Lago en Frutillar.

¿Qué hacer con tanto recuerdo? Su esposa, Claudia Rojas, fue clave. Lo motivó a juntar todo y destinó una pieza de la casa familiar solo para las cosas de Patricio. Su hijo Patricio también aportó, era el encargado de cambiar la vestimenta del maniquí que destaca en un rincón del cuarto. Diplomas, piochas, una claraboya adaptada de escaparate, barcos a escala, gorros, fotografías, silbatos, un pequeño museo al que con el tiempo fue sumando sus otras pasiones: la música y el fútbol.

Dice que no tendría problemas en mostrar su pequeño museo a quien quiera visitarlo. Y aunque no vive de los recuerdos, obviamente, nunca va a olvidar sus años de marinero. En mayo y en septiembre la nostalgia se hace más evidente. El 2019, ya retirado, lo invitaron a desfilar en la Parada Militar. Aceptó y volvió a ponerse el uniforme.

Enciente un equipo de música y se escucha “La leyenda del 21 de mayo”, de Willy Bascuñán, la misma que cantó en una presentación en Puerto Montt el 2014. Patricio Acevedo le hace el quite a emocionarse. Pero, sin duda, un marino es marino siempre, en altamar o tierra firme.

GALERÍA DE FOTOS

Una claraboya adaptada para lucir piochas recolectadas durante su trayectoria en la Armada.
Los recuerdos personales de Patricio Acevedo ocupan un espacio importante en su colección.
Acevedo participó en varios viajes de instrucción del buque escuela Esmeralda.
En estrico rigor marinero, en la imagen una rueda de timón.
Patricio Acevedo con su uniforme de gala.
En sus inicios musicales en la banda del Colegio Santa Ana.
Varios diplomas de su época en la Armada cuelgan en las paredes de su pequeño museo.
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