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¿Qué fue de aquellos clásicos personajes de tiras cómicas…?

Si bien algunos tuvieron una existencia transitoria y circunstancial, otros trascendieron a sus creadores, y continúan entreteniendo a centenares de lectores a través de las páginas de revistas antiguas, así como de diarios y periódicos de todo el país, perpetuando su memoria y encumbrándolos en sus recuerdos. Por Jorge Valderrama Gutiérrez

Víctor Arriagada, Vícar, el mejor dibujante del Pato Donald, y creador -cuando residía en Barcelona- del chilenísimo Guaso Ramón. Museo de la Historieta de Chile.

Desde tiempos de la Colonia, los habitantes del territorio chileno consideraron lo importado como el non plus ultra de la perfección. Sin embargo, con el paso del tiempo la inteligencia y malicia criollas encontraron una veta inagotable de riqueza humorística y crítica social en una serie de dibujantes de tiras cómicas. Así, en las décadas del cincuenta y sesenta del siglo pasado, diarios como Última Hora, El Mercurio, La Segunda, La Tercera, Las Últimas Noticias, y otros de distribución nacional, reprodujeron en sus páginas series educativas y viñetas de imaginativos dibujantes que aún se añoran, tales como: La Ventana de la Ciencia; Ripley, Aunque Usted no lo Crea; La Naturaleza es Así, de Walt Disney; ¿No lo Sabía?; Homobono, Condorito y muchas otras. Sin embargo, no todas desparecieron, pues algunas -para deleite de sus lectores- continúan editándose. A continuación se reseñan aquellos personajes más representativos que, con su actuación en el universo de las historietas, se perfilaron como los más clásicos de su época.

Emblemáticas portadas de personajes de tiras cómicas que se editaron como libros y revistas en la década del sesenta del siglo XX. Colección del autor.

Los tradicionales

En 1931 el dibujante y poeta Héctor Meléndez cristalizó a su polémico Juan Verdejo (a veces llamado Juan Machuca), un roto popular que debutó en la revista de humor político Topaze, y desde ahí se proyectó a varios diarios que lo utilizaron como un “comodín” que otorgaba impunidad a sus comprometidas y/o sesgadas opiniones. Expertos señalan que en él “se verifica con claridad un conjunto de prácticas y saberes propios de la cultura simbólico-popular”. Verdejo disfrutaba con placeres mundanos, como una buena comida, una vivienda acogedora, una celebración nacional “como Dios manda” y relacionarse con los demás en forma armónica y sin jerarquías… un poco lo que deseaba el común de los mortales en esa época. Su icónica figura se mantuvo vigente durante más de tres décadas.

En ese escenario, el 6 de agosto de 1949, en el número 1 de revista Okey, apareció Condorito, creado por el dibujante René Ríos Boettiger, Pepo. En una oportunidad, expresó: “Yo creo que el mérito que tiene Condorito es no meterse nunca en política, y en ser bien chileno. De repente empezaron a poblar su mundo una serie de personajes, que permanecen hoy en la historieta. Muchos de ellos, inspirados en gente que yo conocía: el Comegato, por ejemplo, era un pescador del puerto de Caldera, con una cara de gato que no se la podía. Y se alimentaba de gatos. Fue gran amigo mío y murió hace ocho años. El Compadre…, bueno, uno siempre tiene un compadre que en los tiempos duros le tiende la mano. On Chuma existió en un momento de mi vida. La Yayita no era mi novia, ni mi señora. Lo único que tomé de un familiar (mi cuñada) fue el nombre. Y el roto Quezada ¡Ah, ésa es historia conocida y bastante desagradable! El roto Quezada era un funcionario del casino del Club Militar. Un día fuimos a comer allí con mi mujer y este hombre la insultó. Hubo un incidente muy bochornoso, y desde ese momento decidí vengarme de él. ‘Muera el roto Quezada’”. Condorito es el personaje nacional por excelencia, aun cuando la revista -que circuló por toda América Latina- se dejó de imprimir, pero no los cuadritos con su clásico humor. Existen estatuas suyas en Cumpeo y en el Parque del Cómic de San Miguel, Santiago (donde también se exhiben las de Ogú, Mampato y Pepe Antártico, realizadas por el escultor Sammy Salvo).

Andando en el tiempo, en 1955 el dibujante Luis Goyenechea Zegarra, Lugoze (Premio Nacional de Periodismo Mención Dibujo, 1966), creó a Perejil. Su autor lo retrató así: “Me llaman Perejil, a pesar de que en otro país me bautizaron Pajarito, Flor de Vago. Vivo feliz con mi existencia. Me carga trabajar. ¡Aj! El trabajo se hizo para los animales. Yo soy un pájaro. Compadezco a los esclavos…, pero ¡prefiero ser patrón!”. Por años la tira se publicó en El Mercurio, demostrando con su éxito que, frente a la variedad de impresos de origen norteamericano imperantes, las series chilenas podían transmitir valores y conceptos políticos propios usando personajes inofensivos. En el libro Caricaturas de Ayer y Hoy, se menciona que “su autor estuvo vinculado a elementos no muy santos de ultraderecha, antes de emigrar de Chile”. En 1960 Editorial Lord Cochrane publicó el libro Pellejerías de Perejil, una selección de sus mejores historietas, con prólogo de René Silva Espejo.

Inolvidablemente ingeniosos

El versátil dibujante chileno Víctor Arriagada, Vícar, por más de 40 años dibujó al famoso Pato Donald, de Walt Disney. No obstante ese mérito, se le recuerda más como el autor del Guaso Ramón, arquetipo del huaso pícaro y ladino, mujeriego, bueno para empinar el codo, aniñao, característico de la Zona Central. De estatura media, tiene el cabello negro, una gran nariz, bigotes y viste su característico traje de huaso. Compañeros de aventuras son Clorinda, su cariñosa esposa; Carmelo, su pequeño hijo; su compadre Beñeño; Cantimplora, su fiel perro; y su querido caballo Lucero. Primero su autor lo editó en las páginas del suplemento de historietas de diario La Tercera, donde se hizo famoso. Sus correrías estaban ambientadas en Penquehue, su pueblo natal, incrustado en el campo. Con regularidad viajaba a Santiago, donde protagonizaba jocosas historias.

Asimismo, Percy Eaglehurst, un buen dibujante provisto de notable ingenio, dio en el clavo y en el gusto de los viejos verdes y donjuanes chilenos de los años cincuenta del siglo XX al crear a su Pepe Antártico. Un hombrecito chico, feo y libidinoso, vistiendo su traje a rayas y siempre pensando en curvas, cuyas tiras aparecían en La Tercera. Deseoso de la mujer del otro, y de muchas otras, vive en función del sexo. En esos años debió haber sido joven, ¡un lolo de los cincuenta del siglo pasado!, don juan y fresco, aunque hoy daría la impresión de ser un hombre maduro, cincuentón. Con trampas se las arregla con su jefe para poder salir a una cita en horas de trabajo. Es el eterno “enamorado” chilensis, al que no siempre le resultan sus picadas. Es machista al cubo. Para él la mujer es un objeto de placer y punto. Es un verdadero fresco, y a nadie se la pega que es caballero. Sin embargo, con más defectos que virtudes, supo captarse un numeroso público, especialmente masculino, que seguramente vivía, pensaba y “deseaba” como lo hizo ese sicalíptico del que se han publicado varias recopilaciones.

También el dibujante y publicista talquino, Luis Sepúlveda Donoso, Alhué, publicó a su más célebre monito: Homobono, a fines de la década del cincuenta de la centuria pasada en las páginas de la revista Pobre Diablo, personaje sarcástico que al desaparecer la revista continuó dibujándolo para El Mercurio, diario que le encomendó realizar ilustraciones en color para el magazine del domingo. Su creador lo definió como “el hombre malo, el modesto Lucifer de la vida cotidiana, y que existe en todas partes”. En 1955 fundó -junto a Pepo, Lugoze, Leo, Mario Igor, Abel Romero y otros- la Sociedad Historietas Ltda. Con el propósito de difundir las historietas nacionales en la prensa. Como promoción editaron un folleto de presentación de excelente calidad y al año siguiente publicaron el Primer libro de historietas, que tuvo una gran aceptación. En 1957 elaboró para revista Cascabel la tira llamada Cascarrabias. En 1961 la Editorial Lord Cochrane sacó el libro Homobono, prologado por Antonio Romera, notable crítico y caricaturista español radicado en Chile, quien lo consideró admirador de Coke, con un estilo asociado al dibujo de Bagaría y Pepo.

Epílogo

En relación a Pedro Urdemales, esa caricatura no es una creación netamente chilena, sino un arquetípico personaje español cuyas principales características son la astucia con la que se vale para engañar a otros y hasta al mismo Diablo. Antiguos libros de lectura nacionales acostumbraban incluir historias de ese mítico personaje, un pícaro que no tiene más fortuna que su vestimenta e inventiva y que va por la vida tratando de sobrevivir. En general, las tiras cómicas de antaño reflejaron una realidad existente en esa sociedad, que no fue muy lejana a la actual. Ésa cuando por el territorio vagaban numerosos Condorito, Verdejo, Pepe Antártico, Perejil, Viborita, Homobono… intentando hacer más dulces los tragos amargos de la existencia, pero también porque aquellas viñetas y comic fotografiaron retazos de un pasado más relajado y sereno que quedó aprisionado en una dimensión fantasma. Monitos que aún parecen gesticular, allende la cámara del pasado.

Diluvio de personajes

 Por supuesto que fueron muchos más los personajes de tiras cómicas que tuvieron sus adeptos, desde Cachupín del dibujante Renato Andrade, hasta Alaraco de Thermístocles Lobos (ese último personificado por el actor y empresario Fernando Alarcón en sketch del Jappening con Ja).  Y Juan Gálvez Elorza, creador del “estilo Fantasio”, caracterizado por sus ilustraciones de chicas poseedoras de formidables siluetas y erotismo, dejó una legión de monitos -Tancredo, Inocencio, Pan de Dios- suspendidos en seculares bocetos, papeles y publicaciones (no está de más mencionar que fue presidente de la Asociación Argentina de Dibujantes y cónsul chileno en La Plata). En ese contexto apareció Cuchepo, el corto. Dibujado por Luis Cerna, un hombrecito inválido, sin brazos ni piernas, que se deslizaba sobre una carretilla con ruedas. Durante años se publicó en el diario Las Últimas Noticias. A pesar de su defecto no tenía ninguna inhibición. Algo momio para sus apreciaciones, siempre era víctima de algún interlocutor que hacía un chiste a costa de su invalidez. No obstante, Cuchepo seguía adelante con optimismo.

Macabeo: según Leo: “Es un modesto oficinista que vive de exiguo sueldo, y como tal, apremiado por deudores y cobradores. A pesar de ser casado, es hombre vividor, gusta del buen tinto y las mujeres”. Por décadas fue el centro de chistes, sketch, gags, comedias, parodias y comentarios salpicados de machismo. Porque era de otro universo, de uno difícil de imaginar hoy día, de aquél cuando las mujeres estaban relegadas a quehaceres domésticos, criar a los niños y verse guapas para el marido…

Viborita: en un universo de hombres, no debe estar ausente la creación atípica de Pepo: la de una jovencita con “lengua de víbora” a la hora de comentar diversas situaciones y cosas triviales. Según palabras de su creador: “Una bruja gentil, de labios pintados, que sabe pinchar a cada amiga con un alfiler diferente”.

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