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¿QUIÉN SE QUEDA? por Juan Carlos Pérez de La Maza

Ya sabemos que los rumores relativos a cambios ministeriales son casi un deporte nacional en nuestra política. Y si a eso sumamos la secuela de errores sustanciales que muchos de los altos asesores presidenciales han cometido desde el día uno de la actual administración, la inminencia de un cambio de Gabinete no debiera sorprender a nadie.

Todos sabemos que la facultad de nombrar y remover a los Ministros de Estado la tiene, de manera exclusiva, el Presidente de la República. Sin embargo, hay veces en que los desaciertos y la impericia son tan notables, que las remociones son ineludibles y el Mandatario puede demorar, mas no descartar, esa decisión. Y esta es una de aquellas ocasiones.  El cambio es, entonces, necesario, insoslayable e inexcusable. No obstante, y asumiendo esa inminencia, la verdadera pregunta que deben hacerse los analistas no es qué Ministros (y Subsecretarios) se irán del Gabinete, sino más bien, quiénes se quedarán en dicho grupo de asesores.

Esta vez no creo que sea necesario abundar mucho en las razones que llevarán al Primer Mandatario a adoptar la decisión inminente. Los errores gruesos, las carencias de manejo político, los impases y desaciertos son de tal magnitud que sería casi una crueldad hacer el listado. Basta decir que la inexperiencia política presidencial, sumada a la notable soberbia y arrogancia de que el Mandatario hace gala, le llevaron a designar en las Carteras Ministeriales a personas que no reunían las condiciones para tan altas investiduras. Cuando se confunde innovación con informalidad, cuando se cree que el año de nacimiento habilita para el cargo o cuando se piensa que la amistad universitaria es bastante para garantizar eficiencia, se comete el error de nombrar como Ministros a personas como las que ahora el Presidente deberá excluir.

Y si bien la decisión será fácil, el trámite para implementarla no será igual. Primero, porque es sabido que en el Gobierno coexisten dos sectores harto diferentes. El Frente Amplio, por un lado, una abigarrada mezcolanza de grupos generacionalmente homogéneos, pero ideológicamente confusos, que defenderá sus derechos preeminentes a detentar ciertas Carteras. Y, por otra, el llamado socialismo democrático, harto más definido y experimentado, que esgrimirá precisamente esas razones para exigir un mayor número de cargos. Y, segundo, porque el apoyo político cada vez más disminuido y la crisis económica galopante, hará que el atractivo a integrar el Gobierno decrezca, obligando al Presidente a recurrir a figuras de segunda línea.

Pero, lo más importante en esta crónica de cambio anunciado no será el nombre de aquellos que se van, sino el de esos que se quedan. Esa circunstancia, el nombre de los que continuarán, en la misma u otra oficina, será determinante para la secuela de decisiones electorales que tendremos este año y el próximo. Si aquellos que se quedan son de esos cuyas decisiones abonan la crítica por la incompetencia y desprolijidad que reflejan, lo más probable es que las votaciones no favorezcan al oficialismo. Y, mucho más importante, tampoco favorecerían a la ciudadanía, que espera de sus autoridades la eficiencia y talento necesarios para conducir tareas de tanta importancia como la seguridad pública, la economía, la salud, el desarrollo social o las relaciones internacionales.

Ignoro si el Presidente aprovechará febrero, un mes particularmente vacacional, para hacer el cambio de Gabinete y dar a los eventuales nuevos Ministros un lapso tranquilo de rodaje y puesta en marcha. O, por el contrario, esperará marzo y el verdadero comienzo de año en nuestro país, para hacer el cambio señalado, ajustándolo al primer aniversario de una administración que, más que celebración, debiera reflexionar en torno a los escasos logros alcanzados y los muchos errores cometidos. Y, sobre todo, evaluar si de esas circunstancias han podido extraer aprendizajes, experiencias y madurez. Eso debieran hacer los que se queden.

Los otros, los que se vayan, vivirán el desempleo que tantos chilenos ya sufren.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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