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REPORTAJE: El llamado silencioso de Andrea, víctima de femicidio

La principal lección es, por supuesto, que nada justifica la violencia contra la mujer, en cualquier circunstancia. Pero también que cuando se detecta el más mínimo signo de una víctima, los primeros en ser llamados a actuar deben hacerlo sin importar su propio desistimiento Porque después siempre va a ser tarde y no hay pie atrás (por Hernán Espinoza Jara)

“El imputado no aceptaba el término de la relación con la víctima, La llamaba, la molestaba, concurría a su domicilio desde que ella dio por terminada esa relación. Y en días anteriores, había ingresado al domicilio de la víctima en contra de su voluntad. Le había advertido la posibilidad de darle muerte y que lo iba a hacer después de verla con otra persona. Que haya bebido o esté con tratamiento no lo exime de responsabilidad o disminuir su participación en este hecho. Por lo demás, el imputado llegó en su auto a las afueras del domicilio de la víctima, entró por la cocina, como ya lo había hecho apenas dos días antes, para luego tomar un cuchillo, dirigirse al dormitorio y la agrede de tal manera que con una estocada le causa la muerte. Las circunstancias demuestran que el imputado es un peligro para la seguridad de la sociedad y que se inserta en una violencia de género. El detenido no acepta el término de la relación y que ella comience una vida con otra persona Y procede con la agresión a la víctima que termina fallecida”.

Con estas palabras, el fiscal, Alexie Crisóstomo, justificó la formalización de cargos criminales por femicidio en contra de un sujeto de 39 años, de oficio operador de maquinaria y sin condenas previas, quien venía transformándose de a poco en un victimario, adquiriendo el perfil de una persona que no acepta que otra se aleje de su entorno, simplemente porque se había terminado el cariño que debe sustentar cualquier relación de pareja. Y para remediar aquello, en medio del consumo de fármacos y alcohol, no encontró nada mejor que asesinarla a sangre fría.

Se sabe poco de Andrea Salazar Placencia, de 37 años, tal como ocurre con todas las mujeres que dedican su vida a trabajar y criar a sus hijos, así como tratar de encontrar la felicidad sentimental y estabilidad familiar. En ese camino, Andrea se encontró con un hombre 12 años mayor que ella, casi de su misma edad y que tenía un ingreso estable. Todo parecía ir bien para ella, tanto que decidió aceptarlo en su vida y, entre ambos, tuvieron una hija, actualmente de 11 años. Todo pareció ir bien por cinco años, hasta que, en febrero pasado, ella no aguantó más.

¿Qué había pasado? Los antecedentes conocidos hablan de que los celos y el consumo de alcohol comenzaron a corroer la mente de la pareja de Andrea y padre de su hija. Pensando en algo que es difícil de imaginar, este sujeto comenzó a transformar la vida de Andrea en una constante persecución. Como si no fuera suficiente llevar la carga de la casa y los hijos, esta mujer tuvo que sufrir el tormento de la violencia intrafamiliar, silenciosa y casi indetectable, pero que termina por destruirlo todo. Y todo se agravó más luego que Andrea decidiera dar un giro a esta vida y le exigiera a su pareja que abandonara el hogar común.

“Mi madre decidió poner fin a la relación por el desgaste que tenían, ya que no se toleraban. Pero él no se quedó tranquilo e insistía en volver con mi madre, ya que la llamaba por teléfono constantemente, incluso, hace dos días, entró por el antejardín, luego pasó por la puerta del patio, en evidente estado de ebriedad. La fue a acosar a su cama y ambos discutieron. Los problemas eran por celos y él se fue de la casa antes que llegaran los carabineros”, dijo el hijo mayor de la víctima.

A pesar del evidente peligro, la mujer comenzó a tratar de rehacer su vida y comenzó una nueva relación sentimental, con quien hace dos meses tenía una vida en común. En su relato, este hombre le explicó a la PDI todo lo que hacía la ex pareja de Andrea. “Ella me comentó que tenía una pareja anterior que la amenazaba y la hostigaba, porque le decía que, si la veía con otra persona, el sujeto la iba a matar y a degollar. Es así como ese sujeto la amenazaba. Yo no lo conocía ni sabía quién era. Nunca lo había visto”, dijo.

La reacción del femicida fue el descontrol total. “El imputado se resistía a que se terminara esta relación, por lo cual, ejercía violencia psicológica en contra de su ex conviviente, en particular, que si mantenía otra pareja, entonces le daría muerte. Incluso, en algunas ocasiones había ingresado sin autorización en el domicilio de la víctima, dañando especies de su propiedad, así como insultándola e indicándole de que ella no tenía que estar con nadie más. Siendo la última vez que ejerce esta violencia el domingo 24 de julio pasado, en horas de la madrugada#”, sostuvo el fiscal Crisóstomo.

En esa jornada, tal como una película de terror, este sujeto ingresó al domicilio de Andrea, saltando la reja y a través de la cocina, por una ampliación del domicilio que él mismo había construido. Era de madrugada, por lo cual, este sujeto llegó hasta el dormitorio de su expareja y allí la vio durmiendo con otro hombre. La mujer lo percibió, se levantó y lo encaró en la misma pieza. El fiscal explicó que la respuesta de este sujeto fue una amenaza frontal y directa: “quería ver si era verdad que tenías una pareja”. Ella le exigió que se fuera de la casa y, cuando este sujeto abandonaba la propiedad, la miró hacia atrás y le gritó: “eres una m (…) Te voy a sacar la con (…) cuando te pille con él”.

La actual pareja de Andrea describió el incidente en los siguientes términos: “Estábamos durmiendo cuando escuchamos un ruido en la cocina. Se levantó Andrea para ver qué pasaba y al salir de la pieza se encontró de frente con un hombre, moreno, bajo y de bigote, vestido con jeans y una casaca negra. Le dijo que estaba ebrio, que estaba enamorado de ella, por qué lo había dejado, por qué estaba con otro hombre. Andrea le respondió que cómo podía ser tan descarado y, posteriormente, ella llamó a los carabineros, mientras este sujeto salió de la casa, saltando la reja”.

La víctima no lo dudó y llamó a personal de Carabineros del Retén de Yerbas Buenas, quienes llegaron cuando el agresor ya no estaba. En el contexto del procedimiento de rigor para estos casos, los funcionarios policiales tomaron la denuncia de la víctima y le aplicaron una encuesta de riesgo para casos de violencia intrafamiliar, cuyo puntaje extrañamente arrojó un bajo nivel de peligro, a pesar del historial de violencia, acoso y amenazas. Luego, los carabineros le habrían ofrecido medidas de protección a la mujer, quien supuestamente las rechazó. Luego, los policías se retiraron, confiando que Andrea había quedado más tranquil ay segura. Pero la verdad era que el femicida ya pensaba en volver y consumar su venganza.

Y así ocurrió, porque aprovechando que la mujer no tenía medidas de protección, este sujeto no tuvo obstáculo para volver al domicilio donde vivió con ella por cinco años. Según su defensa, antes de ello, había tomado clonazepam como parte de un tratamiento médico, pero le sumó alcohol y el despecho imparable de un femicida. Así llegó en su auto hasta la propiedad, sin importarle que lo observaran los vecinos, cerca de las 07:00 horas del martes 26 de julio pasado. Sin temor a nada, repitió lo mismo que dos días antes, pero esta vez, al pasar por la cocina del inmueble, abrió un cajón y tomó un cuchillo cocinero.

“Estábamos durmiendo con Andrea cuando escuchamos un ruido, nuevamente, desde la cocina. Andrea se levantó para mirar lo que pasaba, porque pensamos que era un hijo de ella. En eso Andera, pasa por encima de mí de la cama, para dirigirse a la puerta del dormitorio. Luego, escuché que ella gritaba y veo a un sujeto igual a su expareja, quien había abierto la puerta. Ella salió gritando y este sujeto se abalanza arriba mío. Lo veo que tenía un cuchillo en la mano y me lanzó una puñalada, pero alcancé a poner mi brazo y una mano. En eso, llegó el hijo mayor de Andrea que tomó a este sujeto por la espalda. Así logré zafarme y salí de la casa. La encontré tirada en el suelo, en la vereda. Una vecina le trataba de ayudar con un paño en el cuello, pero sangraba mucho. Luego, llegó Carabineros y la ambulancia, quienes la tomaron y la llevaron al consultorio. Al llegar, me informaron que había fallecido”, relató la actual pareja de la víctima.

El informe del médico de turno en el consultorio de Yerbas Buenas señala que Andrea llegó fallecida al servicio, tras ser objeto de cinco ciclos de reanimación cuando viajaba desde el sitio del suceso. La hora de muerte fue a las 08:26 horas de esa fatídica jornada. “La lesión le atravesó varias partes del cuerpo a la mujer y, después, este individuo pretendió agredir a la expareja. Con un preámbulo de que la madrugada del domingo anterior, había ingresado a la casa, para ver si ella mantenía otra relación sentimental. Y es en ese contexto que, sin querer dar por terminada la relación, el imputado lleva a cabo este femicidio”, destacó el fiscal Crisóstomo.

¿Qué habría pasado si se hubieran concretado las medidas de protección? La o las repuestas son solo conjeturas, pero lo importante es que el sistema de protección a víctimas nuevamente arrojó una falla que es irreparable. Las lecciones corresponden a quienes tienen estas responsabilidades, pero desde la mirada de un observador externo, sin duda que apuntan a que nunca estará de más insistir en sensibilizar a quienes están encargados de dar la primera respuesta y acogida a las mujeres que sufren el calvario de la violencia al interior del hogar. Porque no están todas y Andrea es una menos.

El fiscal, Alexie Crisóstomo, presentó cargos criminales en contra del imputado -cuyo nombre no se puede revelar por orden judicial- como autor material de tres delitos: femicidio, lesiones leves y violación de morada, todos en grado de consumados. Luego, junto al abogado querellante del SernamEG, el persecutor exigió la medida cautelar de prisión preventiva en contra del detenido, lo cual fue concedido por la jueza, Claudia Olea, sin oposición de la Defensoría Penal Pública. Así el imputado fue derivado a la cárcel de Linares y el plazo de cierre de la investigación se limitó en cuatro meses.

El abogado, Nicolás Parraguez, del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG), explicó que “la agresión de que fue víctima doña Andrea es la ideación que el imputado tenía en su cabeza previamente establecida. En ese orden de ideas, el 24 de julio, se interpuso una denuncia por violación de morada y amenazas. La pauta de riesgo arrojó peligro bajo, por lo cual, no se pudieron tomar las medidas necesarias de resguardo y protección de la víctima. Por otra parte, también hago presente que estamos en presencia de un hombre que ejerce violencia y se niega a aceptar el término de la relación”.

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