
El 1 de enero de 2026 se cumplieron 50 años de la creación de la Vicaría de la Solidaridad, institución reconocida y valorada, tanto en Chile como en el extranjero, por el apoyo a los presos políticos y perseguidos de la dictadura y la defensa de los derechos humanos en nuestra Patria. Ese año la dictadura tenía sumido al país en una situación de dolor, muerte, miedo y angustia, con cientos de encarcelados, torturados, detenidos sin ubicación conocida, trabajadores despedidos, dirigentes perseguidos, exiliados, cesantes y hambre en las familias de los sectores populares.
La acción de ayuda de las iglesias realizada inmediatamente de producido el golpe militar había sido puesta en peligro luego que el dictador presionara para poner término al Comité de Cooperación para la Paz a fines de 1975. En esas condiciones, el Cardenal Raúl Silva Henríquez creó el 1 de enero de 1976 la Vicaria de la Solidaridad, que retomó el trabajo del Comité y le dio apoyo aún mayor a la defensa y promoción de los derechos humanos, comprometiendo al interior de su propia estructura eclesial una pastoral de solidaridad y derechos humanos.
La Vicaría se instaló en el Palacio Arzobispal en Plaza de Armas 444, justo al lado de la Iglesia Catedral. Nació como una respuesta inédita y de emergencia ante la grave situación de violación de derechos existente en el país, que comprometía el magisterio pastoral de la Iglesia y la impulsaba a dar una respuesta desde la perspectiva de los más pobres y perseguidos.
Solidaridad y defensa de los DD.HH.
El Cardenal Raúl Silva Henríquez emitió una Carta Pastoral de la Solidaridad, en la que estableció el carácter eminentemente pastoral de la nueva Vicaría y su misión evangelizadora comprometida con el hombre y sus derechos, en el espíritu del Buen Samaritano del Evangelio, quien recoge al herido, le presta ayuda, lo cura y lo apoya para su retorno a la vida plena. El Cardenal exhortó a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad, a actuar en forma solidaria frente la situación por la que atravesaba el país.
Bajo la dirección del Pastor y su Vicario de la Solidaridad, se estructuró un equipo de personas comprometidas y dispuestas a tomar las diferentes acciones y responsabilidades para desarrollar esta tarea.
Fue una labor asumida mayoritariamente por laicos, hombres y mujeres, que trascendió los marcos tradicionales de la Iglesia, en una perspectiva pluralista y ecuménica incorporando a personas de distinta procedencia, credos, posiciones ideológicas e incluso con la participación de no creyentes.
Recursos de amparo
La preocupación prioritaria por la defensa y protección de la vida, fue asumida por el servicio jurídico penal del Departamento Jurídico, constituido por abogados, procuradores y asistentes sociales que atendían a los familiares de las víctimas, presentaban recursos de amparo y escritos legales por las personas detenidas, torturadas, hechas desaparecer o acusadas en tribunales ordinarios o militares. Ante la indolencia de los tribunales de justicia, que no acogían los recursos de amparo y la negativa a entregar respuestas por parte de la dictadura, quedó al menos el registro de las acciones realizadas; se registraron carpetas individuales de cada uno de los casos atendidos, permitiendo la construcción de los Archivos de la Represión.
Se instaló una unidad de análisis que procesaba la información recogida y entregaba datos sobre la coincidencia de casos, formas de proceder de los aparatos represivos, posibles lugares secretos de reclusión y otros antecedentes de interés para ayudar a los abogados en la defensa ante los tribunales.
Apoyo económico solidario
La defensa de los derechos sociales conculcados por la política económica de la dictadura y que afectó a miles de personas a nivel poblacional, fue asumida por el Departamento de Zonas, el que coordinó su acción en las diversas Vicarías de carácter territorial. Este apoyo se expresó en la creación de cientos de comedores infantiles para los niños con graves problemas de desnutrición y alimentación.
Los comedores eran atendidos por las propias madres y mujeres de las poblaciones, que van construyendo organizaciones y atendiendo otros problemas urgentes a nivel popular. Así surgieron las “bolsas de cesantes”, los “comprando juntos”, las “ollas comunes”, los “talleres artesanales” y otras iniciativas solidarias de base, que, por lo demás, constituyeron un precedente para la organización a nivel poblacional.
Un equipo de salud de la Vicaría, constituido por médicos, dentistas y enfermeras, atendió en policlínicos las situaciones de salud a nivel de todas las zonas. Los jóvenes se sumaron en forma entusiasta a las tareas solidarias, se organizaron en grupos culturales, de folklore y apoyaron los campamentos de verano y colonias urbanas de recreación para los niños. Así se fue estableciendo una red de organización del pueblo en torno a las capillas y parroquias de los sectores populares.
La Vicaría asumió el desafío profético de denunciar las injusticias, las violaciones a los derechos y la situación de abandono de los más pobres que ocurrían en el país, y la estrecha relación que existe entre los derechos humanos y la misión evangelizadora de la Iglesia.
Para dar a conocer en forma más masiva situaciones de los derechos humanos y la labor de la Vicaría, se creó el Boletín Solidaridad. Esta publicación llegó a tener un tiraje de 30.000 ejemplares, con una frecuencia de salida quincenal.
Un funcionario asesinado
La represión llegó en forma directa a la Vicaría: en marzo de 1985 es brutalmente asesinado uno de sus trabajadores, José Manuel Parada, provocando una conmoción nacional por el horrible crimen. En la medida que diversos sectores se comenzaron a plantear más contestatarios con el régimen y convocaron a movilizaciones y protestas masivas, la violencia se tomó las calles y las poblaciones populares. La Vicaría se adecuó a las nuevas formas de represión para atender las detenciones masivas, heridos, relegaciones y asesinatos de las fuerzas policiales y militares.
Ya recuperada la democracia representativa, el país se encaminó a la búsqueda de recuperación de todos los derechos perdidos.
El 31 de diciembre de 1992 la Vicaría de la Solidaridad cerró sus puertas definitivamente.
(por Gabriel Rodríguez)








