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SALUD MENTAL EN LA RUTINA: UN DESAFÍO IGNORADO por Wilson Albornoz

En el remolino constante de la vida moderna, donde el tiempo parece correr más rápido de lo que somos capaces de asimilar, nos encontramos nuevamente en la encrucijada de retomar nuestras rutinas. El retorno al trabajo y a las clases, tras un período de vacaciones, suele ser visto con una mezcla de resignación y aceptación, como si fuera un mal necesario para mantener en marcha la maquinaria de nuestra sociedad. Sin embargo, en este proceso repetitivo y predecible, hay un elemento crucial que frecuentemente pasamos por alto: la salud mental.

La salud mental, esa compañera silenciosa de nuestro bienestar general, a menudo es relegada al último lugar de nuestras prioridades. Nos preocupamos por llegar a tiempo, cumplir con nuestras obligaciones y mantener el ritmo frenético que nos impone el día a día, olvidando que, al igual que el cuerpo, la mente también necesita descanso, cuidado y atención.

El regreso a la rutina postvacaciones puede ser particularmente desafiante para nuestra salud mental. Durante las vacaciones nos permitimos desconectar, relajarnos y, en muchos casos, romper con el estrés cotidiano. Este paréntesis en nuestras vidas nos ofrece un respiro necesario, pero también puede hacer que el retorno a la realidad sea más duro de lo esperado. La adaptación repentina de un estado de relajación a uno de actividad constante puede generar ansiedad, estrés, e incluso depresión en algunas personas.

Es momento de preguntarnos: ¿Estamos dando a la salud mental la importancia que realmente merece en este proceso de adaptación? La respuesta, lamentablemente, suele ser negativa. La cultura del «seguir adelante» a toda costa nos impide ver la importancia de tomar medidas proactivas para cuidar nuestra mente, así como cuidamos nuestro cuerpo.

El diálogo sobre la salud mental ha avanzado significativamente en los últimos años, pero aún nos queda un largo camino por recorrer. Es fundamental crear espacios de conversación y concienciación sobre este tema, tanto en los entornos laborales como educativos. Las empresas y las instituciones educativas deben promover políticas y prácticas que faciliten una transición más amable hacia la rutina, reconociendo y abordando las necesidades de salud mental de sus trabajadores y estudiantes.

Iniciativas como jornadas laborales más flexibles, espacios de diálogo sobre emociones y estrés, programas de bienestar y asesoramiento psicológico, pueden marcar la diferencia en cómo vivimos la vuelta a la rutina. Es hora de cuestionarnos y actuar sobre la estructura de nuestros días, haciendo de la salud mental una prioridad y no un pensamiento tardío.

Como sociedad, debemos entender que cuidar de nuestra salud mental es tan importante como mantener un cuerpo sano. La mente y el cuerpo son inseparables, y el bienestar de uno influye directamente en el otro. Al enfrentarnos al ciclo continuo de trabajo y educación, recordemos que nuestra salud mental es el pilar sobre el cual se construye nuestra capacidad para vivir plenamente. No dejemos que sea la pieza olvidada en el engranaje de nuestras vidas.

Dr. Wilson Albornoz Fuentes

Académico de la carrera Psicología

Universidad Autónoma de Chile, sede Talca

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