
Todos fuimos testigos de cierta “desprolijidad” en las formas protocolares del gobierno saliente de Gabriel Boric. Hoy, por el contrario, vemos una extrema rigurosidad en gestos, referencias históricas, maneras de vestir y lineamientos discursivos.
Ante las críticas que se levantan dado el nuevo escenario simbólico, conviene recordar que las democracias también se sostienen en gestos, relatos, códigos y categorías que cumplen una función articuladora de la acción pública. Los símbolos son parte del lenguaje político a través del cual se expresa liderazgo, dirección y sentido de propósito. Lo anterior es fundamental en tiempos en que la ciudadanía demanda un liderazgo claro.
Catalina Riquelme
Investigadora
Instituto Libertad








