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“Tenemos una deuda con el pueblo mapuche de la cual debemos hacernos cargo”

La publicación de “Memorias de un historiador mirando al norte” le ha permitido a Jorge Pinto Rodríguez revisar una larga vida dedicada a la historia. De paso, reflexiona sobre la compleja coyuntura que vive Chile (por Mario Rodríguez Órdenes)

Jorge Pinto Rodríguez es director del Instituto Ta Iñ Pewan de la Universidad Católica de Temuco.

En los años 80’ del siglo pasado, Jorge Pinto Rodríguez (La Serena, 1944) fue un faro para varias generaciones de estudiantes que, en diversos claustros universitarios del país, se dedicaban al estudio de la historia. Deslumbró con su curso de historiografía colonial y con la metodología para el estudio de las fuentes. Cálido y extremadamente didáctico, siempre tenía el tiempo para conversar con sus alumnos.

Sabíamos que venía de Inglaterra, después de un breve exilio que le había permitido obtener un doctorado en la Universidad de Southampton. Tras un largo periplo, en que publicó una vasta bibliografía relacionada con tema regionales del Norte Chico y, especialmente con el conflicto del Estado de Chile con el pueblo mapuche, ha ejercido la docencia en la Universidad de La Serena, Universidad de La Frontera, USACH, Academia de Humanismo Cristiano, Universidad Católica de Temuco y Universidad Católica del Maule.

En el año 2012, recibió el Premio Nacional de Historia. En la actualidad, es director del Instituto Ta Iñ Pewan de la Universidad Católica de Temuco que busca comprender el conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche. Reside entre Temuco y Algarrobito.

Jorge, el Valle de Elqui, La Serena fueron decisivos en su formación primera. ¿Cómo fueron esos primeros años, sus lecturas, y amistades intelectuales?

“La Región de Coquimbo ha sido muy gravitante para mí. Nací en La Serena, mis primeros meses de vida los pasé en Los Vilos. Al año y medio mi familia se trasladó a Pueblo Viejo de Punitaqui, al sur de Ovalle, lugar en el cual nació padre. Viajábamos cada cierto tiempo a La Serena y más frecuentemente a Pisco Elqui, la tierra de mi madre. En esos lugares adquirí una identidad que me acompaña hasta el día de hoy”.

¿Surge ahí su interés por el estudio de ciertos temas regionales?

“Sin duda, la identidad que asumí siendo muy niño marcó mis primeros años de trabajo como historiador. Desde muy joven, siendo estudiante en la Universidad, asumí que debía dedicar mi vida a estudiar la historia de la tierra en que nací. He deambulado por varios lugares de Chile y el extranjero, pero siempre mi corazón quedó anclado en aquellas tierras semiáridas, de valles estrechos y cielos transparentes que invitan a soñar”.

¿Qué lo lleva a estudiar Pedagogía en historia y geografía en Valparaíso?

“Fue, sin duda, por el ejemplo de don Floreal Recabarren, notable profesor de historia que conocí en el Liceo de Hombres de Antofagasta. Eso lo tuve claro cuando estaba en los últimos cursos del Liceo. Valparaíso me atrajo más que Santiago, porque la presumía una ciudad más tranquila y con menos peligros que la capital donde, se comentaba en Antofagasta, a la gente la asaltaban de día. Sin embargo, si he de ser sincero, pudo gravitar también su cercanía a Viña del Mar. Al llegar a Antofagasta un compañero me habló de un equipo de futbol: Everton de Viña del Mar. Desde los siete u ocho años soy hincha del Ever for Ever y estando en Valparaíso lo podría ver jugar cada dos semanas. Sigue siendo mi equipo y cuando puedo me acerco al Sausalito con la esperanza de verlo ganar. Mientras viví en la zona pocas veces dejé de asistir a sus partidos”.

¿Cómo fue su encuentro con Mario Góngora y qué aprendió de él? Otro de sus maestros fue Sergio Villalobos, ¿lo estimuló en sus estudios regionales?

“A don Mario y don Sergio los conocí cuando cursaba el segundo año de la carrera de Pedagogía en Historia en la Universidad de Chile de Valparaíso. A don Mario lo admirábamos por su sabiduría. Sus clases las seguíamos con particular atención, porque eran de una profundidad notable. Don Sergio agregaba a su erudición una particular manera de transmitir sus conocimientos. Premunido de unas breves notas y sentado frente a nosotros hablaba 40 o 50 minutos después de lo cual las discusiones que teníamos en el pasillo acerca de lo que habíamos escuchado se prolongaban por varios minutos. En mi caso, lo único que deseaba era irme a la biblioteca para comprobar en los libros que recomendaba si era tan cierto lo que había escuchado. Era una incitación al estudio, provocador como siempre”.

Su padre fue otro de sus maestros en su formación. Escribe: «Mi tercer norte ha sido mi militancia política, heredada de mi padre que fue un ejemplo para mí». ¿Cómo ha concebido el ejercicio de la militancia con las exigencias de ser un historiador?

“Hasta el día de hoy admiro a mi padre y por supuesto a mi madre. Mi padre fue un militante del Partido Socialista muy comprometido con el Partido. Desde niño, en Tocopilla y Antofagasta, lo acompañaba a menudo a los locales del Partido. Poco a poco se agregó a mi identidad recogida en mi tierra la identidad política que mantengo hasta hoy.  Esa identidad no compromete mi trabajo de historiador. Este último lo asocio a mis trabajos en archivos y bibliotecas y el compromiso de escribir siempre apegado lo que creo descubrir en los papeles que reviso en esos lugares. Tal vez, tendría que reconocer que mis convicciones políticas me unen al estudio de los sectores más desprotegidos, a los hombres y mujeres que labraron la tierra y las minas en el Norte Chico y al Pueblo Mapuche que ha enfrentado situaciones muy dolorosas a lo largo de cinco siglos en la Araucanía”.

Jorge, recuerdo que jamás en sus clases hubo un atisbo de proselitismo. Quizás ha querido acercarse a lo que señalaba el historiador Eugen Weber: «En la historia lo mismo que en Proust, la observación depende del punto de vista del observador. Las pretensiones pueden resultar engañosas y lo único que podemos hacer es sugerir relaciones”.

“Totalmente de acuerdo”.

¿Le acomoda el término historiador?

“Yo me defino como historiador.  Postergué la Pedagogía por la Historia. Sin embargo, curiosamente quienes me conocen me llaman ‘profesor’. Creo que, con el tiempo, y sin darme cuenta, me convertí en un historiador que aprendió a ejercer la docencia. Al menos, eso espero”.

Próximamente se cumplirán 50 años del golpe militar de 1973. ¿Retrospectivamente que significó en la sociedad chilena?

“Un trauma del cual todavía no nos recuperamos. Nada justifica las crueldades que se cometieron. Dejó heridas que aún no cicatrizan”.

Si compartimos que se produjo una profunda fractura. ¿Se han sanado estos dolores?

“Ese es el gran drama de la sociedad chilena. La fractura fue tan profunda que todavía los dolores invaden los sentimientos de muchas chilenas y muchos chilenos”.

¿Cómo afianzar un proceso de sanación en el país?

“Con la verdad, la justicia y la firme voluntad, sobre todo de la clase política, de no persistir en actitudes que mantienen vivos esos dolores”.

¿Cómo encarar los problemas no resueltos como el de los detenidos desaparecidos?

“Como dije antes, solo con la verdad y la justicia. Con el reconocimiento de hechos que espero nunca más se vuelvan a repetir. El golpe despertó en quienes tenían el poder los instintos más perversos del ser humano”.

Los chilenos, en general, se han convertido en asiduos consumistas insertos en un individualismo que nos impide mirar al otro. ¿En qué nos hemos convertido?

“Absolutamente de acuerdo. Es lo propio de lo que Zygmunt Bauman denomina ‘la modernidad liquida’, en la cual lo único que importa es ‘tener’. No importan los medios. Vivimos en una sociedad individualista que postergó la solidaridad, la justicia y el respeto por el otro, para asumir comportamientos que deberíamos corregir”.

¿Cómo se resuelve esta compleja coyuntura que vive el país?

“No tengo las capacidades de recomendar una fórmula que permita superar los males de esta coyuntura. Sólo sé que es una tarea de todas y todos; y, sobre todo, de quienes tienen cuotas de poder. Especialmente a la clase política, tan desprestigiada en Chile, quisiera recordarles que su primera obligación es generar las condiciones para que seamos felices. Con discursos descalificadores, en los cuales todo lo que hace el que milita en otro partido o movimiento es malo, porque está inspirado en la perversidad. Por ese camino no llegaremos a ninguna parte. Nos llenan de odio, y pensar que los elegimos y pagamos para que eviten eso. Son unos manipuladores impresentables”.

¿Tiene confianza en el proceso constitucional que vivimos y considera que podrá encarar los grandes problemas de la sociedad chilena?

“Tengo confianza y espero que nos ayude a resolver nuestros principales problemas: las amenazas al medio ambiente, los problemas generados por el cambio climático, los temas de la salud y la violencia que ha llegado hasta los colegios”.

El conflicto del Estado chileno con el pueblo mapuche es uno de los más graves… ¿Cómo avanzar en una solución?

“Creo que sí. Es muy grave. La única manera de resolverlo es el diálogo sin exclusión, como ocurrió en el pasado. Para esto hay que reconocer los errores que cometió el Estado en el siglo XIX, que los siguió cometiendo en el XX y todavía en el XXI. Tenemos una deuda con el Pueblo Mapuche de la cual debemos hacernos cargo”.

En una columna escrita el 2021 señaló: «Por distantes que sean las posiciones del empresariado regional, las organizaciones mapuches más radicalizadas y los chilenos, debemos acercarnos, dialogar de frente, con nuestras verdades, ira acumulada y resentimientos, para ceder y ganar juntos». ¿Es ello posible?

“Sigo pensando lo mismo y sigo creyendo que siempre es posible si logramos aunar voluntades. En este momento, con las autoridades que tenemos en la región de La Araucanía, creo las condiciones son muy favorables. Tenemos un gobernador, un delegado presidencial y alcaldes que, por sobre sus diferencias, han demostrado un compromiso con la región que no podemos desaprovechar”.

¿Qué planes tiene desde el Instituto Ta Iñ Pewan?

“Seguir colaborando, en la medida de nuestras competencias y asumiendo nuestras debilidades a lograr la paz que tanto requiere nuestra región. Para mí fue muy reconfortante asistir a la reunión preparatoria de la próxima ENELA que reúne al mundo empresarial con el mundo político y las organizaciones civiles, cuya convocatoria se hace bajo el slogan ‘Paz para el desarrollo’. Eso es lo que necesitamos… paz, considero que ésta garantiza la seguridad. Deberíamos empezar por la paz para llegar a la seguridad. La Universidad Católica de Temuco, donde actualmente dirijo el Instituto Ta Iñ Pewam, se suma a este esfuerzo”.

Tras el golpe militar de 1973, parte a Inglaterra. ¿En qué circunstancias lo hace?

“Luego de mi primera expulsión de la Universidad el mismo 11 de septiembre de 1973 y luego también de tener que sobrevivir mintiendo a quienes me dieron un empleo que agradezco enormemente. Eran empresarios de Santiago que me apoyaron sin saber exactamente en que trabajaba antes. A mediados del 74, a través de Clacso, se contactaron conmigo para señalarme que la Universidad de Southampton me ofrecía un espacio para cursar un doctorado. Estudiaba el período colonial y tenía, además, recomendaciones de don Mario Góngora y Sergio Villalobos, muy conocidos en Inglaterra”.

¿Cómo fue la experiencia de llegar a la Universidad de Southampton, ¿cómo fue recibido?

“Fui muy bien recibido, pero el exilio es muy doloroso. Tengo una enorme gratitud con Frank Colson, el profesor que me abrió espacio en una hermosa universidad del sur de Inglaterra. Creo que no lo defraudé”.

En esos años algunos historiadores chilenos vivían en Inglaterra tras el Golpe en Chile. ¿Tuvo actividades con ellos?

“Por supuesto que sí, particularmente con los que partimos de Valparaíso. Recuerdo a Luis Ortega y Federico Cartens. Nos reunimos en varios encuentros de historiadores convocados por instituciones inglesas. Tan importante como esos contactos lo fue con otros historiadores latinoamericanos e ingleses. En particular debo recordar a Jaime Jaramillo Uribe y Hermes Tovar, ambos colombianos”.

Desde el punto de vista historiográfico, ¿que aprendió en Inglaterra?

“La disciplina laboral, que ya tenía en Chile, y exigencias que antes desconocía. Para mí fue una experiencia extraordinaria”.

¿Cómo fue la experiencia de conocer grandes bibliotecas en Inglaterra?

“Más que bibliotecas, en ese momento más importante fue trabajar en el Archivo de la Biblioteca Británica. Encontré documentación muy importante sobre el siglo XVIII que originalmente estuvo depositada en archivos españoles. Sin embargo, durante mi permanencia en Inglaterra tuve la oportunidad de trasladarme a España, donde permanecí 7 meses trabajando en el Archivo General de Indias de Sevilla. Mi trabajo en ese Archivo cambió en muchos sentidos la visión que tenía del mundo colonial, no sólo en Chile, sino en varios países de nuestro continente. Mis estudios sobre el período colonial fueron decisivos para acercarme al siglo XIX con una base más sólida y, luego, al siglo XX”.

¿Qué lo hizo regresar a Chile?

“La añoranza de volver a mi tierra y reencontrarme con mi familia. Aunque viajé a Inglaterra con mi esposa y nuestros dos hijos, Chile no se puede olvidar. No quise que mis hijos olvidaran su patria y terminaran viviendo en una sociedad en la cual los vínculos familiares me parecieron débiles. No fue fácil tomar la decisión. En Inglaterra pude haber vivido el resto de mi vida, al regresar tan pronto pude, lo evité”.

Jorge, ¿en qué momento de la vida se encuentra?

“Superando dolores muy intensos por la pérdida de familiares muy queridos, en particular por la partida de Julia y tratando de reponerme gracias al cariño de mis hijos y de mis nietas y nieto, que se han convertido en la razón de mi vida. En parte, esos dolores se mitigan por la calidez de mis colegas en la Universidad Católica de Temuco, recordando mis años en la Universidad de La Frontera y acompañado por varios exalumnos que no olvidan a su viejo profesor. El hecho de seguir participando en un curso con jóvenes que estudian Pedagogía en Historia en la Católica de Temuco, me llena de energía. Excelentes alumnos, a ellos también les agradezco mucho”.

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