Seguramente, estimado lector, usted ha asociado el título de esta columna, con ese popular dicho referido a la última morada. En realidad, para efectos de esta columna, se trata de algo bastante más sofisticado, de uso en vida y más aún proporcionando una ayuda importante a la calidad de vida de las personas.
Se trata de la ropa que a diario utilizamos. Para contextualizar, primero hablemos algo de las fibras textiles de algodón, que es uno de los materiales más usados en el vestir. Al revisar bibliografía nos encontramos con que “los tejidos textiles son producidos mayoritariamente a partir de fibras de algodón. El algodón es el cultivo no alimentario más extendido en el mundo. No obstante, los métodos de producción de algodón están cuestionados ambientalmente y por ello se ve un condicionamiento a la capacidad de producción futura de la industria textil.
Los impactos ambientales del cultivo del algodón están relacionados al elevado consumo de agua, la competencia con el suelo para uso agrícola de especies comestibles y el uso de agroquímicos. Se estima que se necesitan 20.000 litros de agua por kilogramo de algodón producido (equivalente a un pantalón o camisa). Por otra parte, en un contexto en que el área total de tierra cultivable está disminuyendo mientras que la demanda de alimentos aumenta rápidamente, los campos destinados al cultivo de algodón son competidores de los cultivos alimentarios.
La mayor parte del algodón se cultiva en campos establecidos, pero el agota[1]miento del suelo destruye el hábitat y lleva a la explotación de nuevas áreas”. En este contexto, la industria textil necesita nuevas alternativas para continuar con el crecimiento de la producción textil para satisfacer la creciente demanda de indumentaria. Aquí es donde aparece la madera, específicamente, las fibras textiles de madera. La madera, en su fibra posee unas fibras celulósicas denominadas “pulpas para disolver” o “pulpas de disolución”. Se trata de la principal materia prima de la industria textil para la producción de fibras sintéticas, es decir, la celulosa regenerada como rayón, lyocell, modal y viscosa.
Podemos producir textiles, a partir de madera, de la misma que usamos para producir papel. En esta materia prima, hay un tremendo aporte ambiental adicional, pues la madera necesaria, viene de bosques gestionados de forma sostenible (como lo son el 75 % de los bosques productivos de Chile) y además en el proceso las fibras de madera son renovables, además de ser biodegradables y reciclables. Por ejemplo, con la cantidad de agua necesaria para producir 1 kilogramo de fibras de algodón se pueden producir más de 26 kilogramos de fibras textiles de viscosa.
El producto final es una pulpa de alta pureza, que contiene solo celulosa, con las mismas propiedades químicas del algodón. Chile, desde hace muy poco, ya está entrando en esta línea de productos, siendo innovador en el contexto americano y por cierto mundial. Entonces, si va de compras a la tienda y le ofrecen una camisa, pantalón o terno, a partir “de madera”, no se ofenda, es de verdad y además es para mejorar su calidad de vida y la de la humanidad