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UN TALQUINO EN TUCUMÁN por Franco Caballero Vásquez

Una duda tucumana, como decía Facundo Cabral, es la de toda Argentina. La incertidumbre en el país de los sindicatos y los planes sociales, de atiborrados cafés merenderos que me miran con sospecha cuando pregunto si puedo pagar con tarjeta, es una duda que fui explorando en esta semana que acabo de vivir en Tucumán, la ciudad donde se firmó la independencia del país, es decir, es una ciudad fundacional, igual que nosotros.

Aquí nadie quiere trabajar, me dice un che, con los planes sociales -algo así como los bonos para nosotros- se hacen sueldos de por ejemplo 400 mil pesos solo en estos planes que con el laburo salarial contractual se pierde este beneficio, además el trabajo si paga 450 mil, no vas a salir a laburar por 50 loros, entonces no se trabaja. Fue solo una opinión, pero yo lo veía fascinado mientras todos los días era domingo, con tantas actividades en parques, cafés como ya he dicho, escuelas, boutiques, bancos, plazas, lo que sea, está repleto de gente compartiendo. Los sindicatos son la política fuerte me decía un uber, quien padecía la hegemonía de los taxistas que allá fueron los que ganaron la batalla. Los sindicatos son los organismos que convocan muchas personas por algún particular interés que se defiende ante el gobierno, por tanto, son una bajada de beneficios directa hacia las personas, lo que hace que haya sindicato para todo.

Otro vecino me dijo que prefería un Estado empresarial como en Chile para que la economía levante, a lo que refuté: al menos el país es de ustedes. Son la izquierda, nosotros la derecha. En ambos hay desigualdad social crítica. Pero su pobreza es coyuntural, la nuestra es histórica, ojo con eso, para que no nos agrandemos tanto tampoco, mira que es difícil dejar de competir.

Entrar a la universidad fue un schock dopamínico, verdaderas bases de activismo y germinación de pensamiento crítico que se piensa el mundo dos veces para hallar respuestas que se organizan y politizan. Pensar el contraste es inevitable: acá ya -sabemos-quién castró de la Educación el Estatuto Estudiantil que colocaba a la organización estudiantil como fortaleza, el cual la Concertación no supo reparar ni alcanzar si quiera el contundente incentivo que tenía la articulación estudiantil antes de la dictadura. Lo político de Chantall Mouffe emanaba de las salas y bibliotecas internas que tenían las facultades.

Una mañana entré a misa y vi dos cursos de pequeños 4tos básicos que acompañaban el canto alegre de los feligreses, mientras fuertes señores acomodaban las numerosas sillas para la fiesta de la Virgen de la Merced. Fue inevitable preguntarme por los evangélicos, pero los conocían muy poco. Me recordó la enmienda constitucional Argentina que en estricto rigor no tiene separada la Iglesia del Estado, y que Menem se tuvo que bautizar católico para ser presidente. Como repaso cívico, Chile la separó en 1925. Pero no sirve competir, ni ponerse a decir que aquí el cielo es transparente y las estrellas se ven nítidamente. Es mejor buscar semejanzas: allá, incluso en el norte, en el interior, también hay mapuches, solo que el Estado no está en guerra con ellos, tienen su organización, por supuesto, y sus tierras, e incluso hay cacicas.

Tucumán está poblado de todo, de personas, de cultura, escuelas, actividades y muchos museos. El principal es la Casa Histórica donde está el Museo Nacional de la Independencia donde ésta se firmó. En el salón principal la niña termina su charla de la visita guiada con una frase que además está colgando interactivamente desde el techo: “¿Qué es la independencia para vos?”. Buen gesto de Formación Ciudadana, me recordó una frase que leí en una de las salas de su universidad: “Hemos sido buenos obreros, pero ¿hemos sido buenos ciudadanos?”. Es una frase de Ernst Bloch. Son dudas que surgen, que acompañan la incertidumbre presidencial que trasunta como fantasmas entre la armonía colectiva que se respira. No obstante, las preguntas empoderan a las personas pienso, puesto que permiten el hallazgo de las respuestas sin que nadie la otorgue, ya lo decía Tennynson: “hay más fe en una honrada duda, que en la mitad de las creencias”.

Franco Caballero Vásquez

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