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UNA DEUDA MUY DÍFICIL DE SALDAR por Felipe Orellana Solar

Felipe Orellana Solar. Geólogo y Director de la Carrera de Geología, Universidad Católica del Maule

En abril se conmemora el Día internacional de la Madre Tierra que, lejos de ser una instancia para celebrar, es un día que nos invita a reflexionar respecto a nuestras actitudes y estilos de vida – tanto en lo personal como en lo colectivo – siendo un mínimo plantearse desde una actitud respetuosa y consecuente con la protección del medioambiente, y en donde la máxima está en salir de nuestra zona de confort buscando estrategias que permitan dar perpetuidad a un futuro sostenible para las generaciones del mañana.

Dado el actual contexto de Crisis Ambiental Global, la necesidad de acelerar estrategias de acción directa y eficaz, bajo una perspectiva territorial que permitan desarrollar estrategias “Bottom up” (de abajo hacia arriba) se torna sumamente necesaria. Si bien los planes de Adaptación y Mitigación ante la Crisis Climática, o las estrategias que se han ido materializando, posterior al terremoto del 2010, como la Política Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastre, son solo consecuencia de disputas técnico-ideológicas de larga data, lo cierto, es que nuestro país a firmado una serie de acuerdos internacionales en materia ambiental.

En 1972 participa en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano en Estocolmo, siendo uno de los primeros esfuerzos mundiales en pensar y tomar acciones para un futuro sostenible; 20 años después ocurre la Cumbre del Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro, destacando la Declaración sobre Medioambiente y Desarrollo y la Agenda Local 2,1 siendo esta última el primer consenso de municipios en el mundo por concertar esfuerzos locales; 20 años más tarde, en el 2012, el acuerdo de Río viene a reafirmarse en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible – Río+20 – haciendo hincapié el valor de la acción local para generar cambios sostenidos y que se ajusten a estrategias de gestión territorial bajo una mirada sostenible. Asimismo, instrumentos como el Marco de Acción de Hyogo y su sucesora, el Marco de Sendai, presentan entre sus prioridades de acción el fortalecer la Gobernanza de la Gestión del Riesgo del Desastres invirtiendo en ella para apuntar a una mayor resiliencia. Todo lo anterior además se suscribe en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible en la mayoría de sus 169 metas.

Estos acuerdos y tratados internacionales son difíciles de manejar sin modificar la Constitución y la estructura legal que rige el medio ambiente en Chile, dado que no se integra la relación entre las componentes ambientales y sociales que se producen dentro del territorio, inclusive, los Gobiernos Locales (y Regionales) cuentan con escasas facultades que permitan visibilizar la desconcentración de poder desde un nivel central.   

En nuestra región la iniciativa Proyecto Geoparque Pillanmapu se plantea, justamente, como parte de una estrategia de Gestión Territorial (local) a nivel mundial para ir saldando esta deuda con nuestra Madre Tierra, buscando consagrar un segundo Geoparque UNESCO para nuestro país. En principio puede sonar solo como una herramienta de preservación del patrimonio y la diversidad Geológica propia de cada territorio, lo cierto, es que  el patrimonio Geológico se constituye por un conjunto de lugares con elementos geológicos de relevancia y valor especial, los cuales son vestigios clave para reconstruir el pasado, comprender el presente y predecir el futuro, reconociendo un importante valor en el ámbito científico, educativo, turístico y/o cultural. De hecho, la UNESCO plantea que el uso del patrimonio geológico en conexión con los demás aspectos del patrimonio natural y cultural, se considera una herramienta fundamental para aumentar la comprensión de los principales conflictos que enfrenta la sociedad, como el aprovechamiento sostenible de los recursos, la mitigación de los efectos del cambio climático y la reducción del impacto de los desastres. Es decir, desde la concepción del Geopatrimonio podemos ir consolidando un desarrollo integrado de la comunidad, entregando ventajas comparativas para realizar investigación y desarrollo científico, permitiendo integrar distintas áreas del conocimiento, generando sentido de pertenencia e identidad local creando un relato que une ciencia, historia, cultura y tradición.

En menos de 6 meses viviremos el término del proceso constituyente – en su plebiscito de salida – el cual sí está respondiendo a esta deuda pendiente y en donde los mecanismos para resolverla estarán descritos en ella. Un ejemplo claro de esto es el Articulo 14, planteado por la Comisión de Forma del Estado, sobre las Competencias de la Comuna Autónoma, los cuales permiten satisfacer las necesidades de la comunidad local en la materia, fomentando el desarrollo sostenible integral de la comuna, como la conservación, custodia y resguardo de los patrimonios culturales y naturales, y que permitan ejecutar los mecanismos y acciones de protección ambiental (descrito en sus distintos numerales). Saldar esta deuda requiere esfuerzos conjugados, desde acciones individuales, pero por sobre todo colectivas, que perpetúen una lógica de respeto irrestricto hacia nuestra Madre Tierra.

Felipe Orellana Solar

Director Carrera de Geología UCM.

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