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USTED, REFUGIO DEL RESPETO EN UN TRATO CAPITALISTA, por Franco Caballero, soñador

Nos podemos hablar directamente y referirnos con tanta propiedad hacia el otro como para tutearnos de entrada y pasar por alto todos esos obstáculos distanciadores y de desconfianza que nos alejan. Es algo que veníamos pensando cuando decíamos que los chilenos teníamos que ser más entradores, más directos y que nos faltaba ser más puntudos, e incluso pensábamos que casi que tratarse de usted era de huasos.

Pero eso era antes, antes de que se radicalizara el espíritu financiero, porque ahora en que el mundo se incendia, se destruye, se desahucia ante nuestras narices sin marco legal que lo ampare a costa del hambre de la cerdidumbre comercial, ahora, después de todo eso, ha vuelto a utilizarse el usted, pero esta vez con más sutileza, con más cuidado y conciencia del trato hacia el otro, denota una preocupación por cuidar los contactos con los otros.

Para todos aquellos que dicen usted, con el cuidado de un mago, con el dominio de sabia, con la holgura del afecto, para todos ellos, primero, un abrazo. Cuanta fuerza hay que tener en un mundo de ganadores, actuar de humilde, actuar con respeto e incluso aún más, poner al otro en un trono verbal de no solo respeto sino también de cariño. “Hola querido vecino ¿cómo está?”, pero no hagamos caricaturas porque sino empieza a dar risa.

Esta nueva cultura que parió la radicalización económica en la que el garabato prima y el trato hacia el otro es un canal para depositar las rabias cuando se vive en las velocidades del tráfico vehicular o de las redes sociales. Acaso en el flujo rápido es imposible tratar de usted a alguien.

Decirle usted a un amigo, a un cercano a un conocido es tratar con un cariño implícito, con un  afecto encubierto. Recordemos el viejo refrán de las ciencias de lo humano “Así como te tratas a ti mismo es como tratas a los demás”. Y vuelvo a recalcar, sobre todo hoy en día en que las modas son groserías que suenan en las canciones y se pierden entre la hegemonía de las plásticas estéticas y la contundencia de los cuerpos y las sutilezas han sido abandonadas. Allí, entre medio de la ordinariez, se oyen algunos usted. ¿Cómo ha estado? ¿Cómo le ha ido? Independiente sea mayor o menor, lejano o cercano, ¿me entiende?

Todo lo que se dice repercute de alguna forma, sin duda nos afecta ahora que sabemos de Spinoza. “En el principio era el Verbo” dice Primera de Juan, la palabra mágica por excelencia es Abracadabra, palabra de la cábala judía que significa algo así como “Creo con lo que digo”. “Y el Verbo era Dios”. Las palabras construyen realidad dicen ahora, pero es lo mismo.

En este pequeño análisis me da la impresión de que el tuteo es como poner el yo sobre el otro, como de mostrarse práctico y cercano, rápido y de igual a igual, sin importar edad ni nada. Tutearse es como no respetar a los mayores ni afectarse por la Historia.

Pongámonos un parche y digamos que igual sería muy japonés volvernos así de respetuosos y tratarnos con tanta distancia que después terminaríamos como islas tristes sin saber por qué. Tan distinto a lo latinoamericano, además, que derrocha contacto e inmanencia, pero justamente por eso quizás es que se vuelve relevante destacar a aquellos que ante la inmensa ola de tuteos vacíos, a veces irrespetuosos, que decir “usted” hoy es entregar una flor y decorar el grisáceo del caos actual, con un gesto elegante y sutil. Es cierto, ya lo dijimos, no todos lo pueden decir, o tener la capacidad, la conciencia o la fortaleza para colocar al otro en un cuidado superior.

Decir usted es decir suave, es decir cálido y amable. Ralentiza la actitud, amortigua la neura, pero es que entonces hay que decir “usted” pero con romance, con saber, con garbo y gentileza, como lo dice el caribe; el trato hacia el otro amoroso y colmado de respeto. Eso es lo bueno de las migraciones que son como condimentos que aliñan un plato que se ha ido estableciendo a punta de distintos otros condimentos que sazonan el “ser chileno”.

“Oiga usted, ¿cómo está?” qué lindo es hablarles a los niños así, cuánto amor y consideración por los más pequeños, que por mucho que estén recién iniciados en este mundo le merecemos toda la atención y relevancia. Tan distinto a lo que imprime el extremo sistema actual.

Yo preferiría decirles a todos “distinguidos”, “amados”, “muy entrañable”, “mimoso señor”, “tierno ser”, “apreciada dama”, “muy sentida señora”, “ilustrada colega”. Ahora, para como están los tiempos, preferiría eso antes que un “oye”, o en su peor versión “oe”. Los optimistas, los que creemos que falta poco para que la IA lave la loza, soñamos con un mundo más afectivo, donde los humanos pasamos a ser seres de luz y de amor, y nos tratamos con el debido sentimiento que existir amerita.

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