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Vacunación y tercera ola

Uno de los indicadores principales del ritmo de expansión del Coronavirus -en algún instante- es el Número Reproductivo Efectivo (NRE) del momento, el cual en el último tiempo es mayor que uno (activos en aumento). Si se aspira a una inmunidad de rebaño, necesariamente debe entrar a un periodo prolongado y estable de valores por debajo de uno. ¿De qué depende? 

Hay dos factores dinámicos que son determinantes, con que el NRE se correlaciona positivamente, por un lado, con la tasa de contagio (probabilidad de que una persona enferme al estar en contacto con un infectado) y, por otra, el porcentaje que representa la población susceptible de enfermar. Tenemos que la vacunación, al retirar susceptibles  convirtiéndolos en inmunes, paulatinamente va disminuyendo dicho porcentaje. A mayor velocidad de vacunación, mejor resultado. Sin embargo, nos queda el otro factor, esto es, lo que está ocurriendo con la tasa de contagio.

Dado cierto tipo de patógeno transmisible, las poblaciones -por razones culturales, geográficas y demográficas- determinan cierta tasa natural (digamos intrínseca) de contagio que se resiste a cambiar. En general, al vivir en sociedades muy comparables y conectadas, esta tasa en todo el mundo es alta en el caso de SARS-CoV-2. 

En ese sentido, implementar y mantener las medidas de distanciamiento y de bloqueo es lo que permite disminuir su valor, lo cual debe ser un esfuerzo permanente, pues está constantemente siendo sometida a tensión para volver a su valor intrínseco. 

En Chile ocurre que siendo líderes en ritmo de vacunación, se está en medio de un periodo de expansión fuerte de la enfermedad. Claramente, respecto al NRB, hay un juego de tirar (vacunar) y afloja (relajar la conducta precautoria) en que, por las cifras a la vista, el segundo -en promedio- parece avanzar más rápido que el primero. 

Los modelos simples nos dicen que el tiempo restante para entrar a un periodo que nos asegure la denominada inmunidad comunitaria (concepto con no precisa definición) es proporcional al tamaño poblacional (más personas, más tiempo) pero, como es de esperar, también es inversamente proporcional a la velocidad de vacunación (más rápido se tiene antes). Sin embargo, también se deduce que correlaciona positivamente con el NRE que hoy presentamos. Es decir, si es más alto, más nos demoraremos en alcanzar la meta. 

Veamos algunas cifras. Nos pondremos en el supuesto que hoy por 10 personas infectados, al sanar, dejarán 12 nuevos infectivos, esto es un 20% más, lo que -en otras palabras- significa un NRE igual a 1,2 (mayor que uno). Si nos fijamos el desafío de bajar este indicador, de modo que 10 infectados solo puedan dejar 8 nuevos casos activos (NRE igual a 0,8). 

Entonces ¿qué podemos decir? ¿Qué porcentaje más de tiempo tendremos que esperar si, por el relajamiento, la tasa de contagio sube hoy un 1%, 10% ó un 20%? Las respectivas respuestas son, al menos, un 2%, 15% ó un 33%. En este último caso, tenemos que si en las condiciones de hoy faltaban 6 meses, un aumento de un quinto en la probabilidad que la persona enferme implica esperar tres meses más. 

¿Estamos más cerca de una tercera ola de alza de contagios que de alcanzar a terminar a tiempo la inoculación del 80% de la población, evitando así más víctimas fatales y el colapso de los hospitales? 

Observemos que una ola de nuevos casos es un concepto condicionado al intervalo temporal de observación, lo que en un periodo puede parecer un alza, en otro periodo mayor y que lo contenga, puede ser una protuberancia menor dentro de una ola aún mayor. 

La respuesta es que, con los datos hasta la fecha, ya estamos en una tercera ola. Lo importante es que a futuro, es decir, alejando la lupa del tiempo, el escenario es aún abierto (puede empeorar o mejorar) según cuál va a ser la conducta del ciudadano común y la presión mitigadora que la autoridad sanitaria determine.

La sugerencia a la autoridad es tirar la cuerda de la tasa de contagio y no aflojar, intensificar el ritmo de vacunación -por óptimo que nos pareciera- y también mantener o aumentar la presión mitigadora, para compensar el relajo público. En ese sentido se espera que el discurso público y las señales sean en lo formal, pero también parezcan y se muestren coherentes, con dirección única. Ya se está vacunando y se espera un abastecimiento adecuado, además, hay seguridad que el objetivo numérico de inmunización lo tendremos, lo indeterminado es cuándo. 

Sin embargo, la inmunidad de rebaño puede estar antes o después, según el control que tengamos sobre la tasa de transmisión. Estamos en condiciones que el costo en muertes hasta el objetivo sea mucho menor. Al respecto, ¿cuál es el cambio que podemos sugerir a la autoridad?.  En lo que resta del camino, la lógica imperante, la operativa, debe ser la sanitaria, por sobre la económica. La población se ha sacrificado mucho en este último aspecto. La seguridad de un real, directo y oportuno s. María Teresa Muñozoporte económico estatal, es clave para pedirle a la gente un último esfuerzo sanitario de distanciamiento y desmovilización que salve vidas.  

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