11.9 C
Talca
InicioCrónica10 años de Fundación Roberto Hernández: periodista, historiador y bibliófilo

10 años de Fundación Roberto Hernández: periodista, historiador y bibliófilo

Horacio Hernández, su presidente, destaca el rescate de la labor cultural en Arica, Valparaíso, Santiago, Melipilla y Talca (por Fernando Rivas Inostroza)

Sin duda cautelar y promover la obra cultural de un periodista, historiador y bibliófilo no es una tarea común y menos en nuestros tiempos, cuando se echa de menos una mayor lectura y, lo que es más decisivo aún, una lectura comprensiva. Sin duda se trata de una labor quijotesca, que ha desarrollado la Fundación Roberto Hernández y, en particular, su motor propio, su nieto Horacio Hernández.

Diez años de labor se cumplen por estos días y pareciera que sólo fue ayer cuando se desarrolló esa sencilla reunión constitutiva en una casa y en un acto aparentemente simple, pero que el tiempo se ha encargado de dotar de una trascendental proyección. Allí comenzó un camino que, al cabo del recuento, sorprende por todo lo realizado y porque lo que está por hacerse obedece a una planificación y a un desarrollo sistemático, que sólo lo brindan la actividad metódica, constante y perseverante desarrollada año tras año.

Horacio Hernández, en las próximas líneas, pasa revista a esta evolución y de sus palabras se desprende un esfuerzo fructífero que ha logrado rescatar y situar la figura de Roberto Hernández, dentro de los márgenes de la Academia y de la cultura nacional, estableciendo quizás su logro principal, cuál ha sido relevar y poner en perspectiva el valor de los libros y de la lectura, en función de la educación, que tanta falta hacen aún en nuestro país.

¿Cuál fue la inspiración detrás de la creación de la Fundación Roberto Hernández Cornejo, hace ya 10 años?

«En mis estudios de Historia en la Universidad de Chile (1974-1976), destacados profesores me hacían ver el valor e importancia de las obras de mi abuelo Roberto, para la historiografía nacional, a quien, decían, se “debía rescatar del olvido”. Poco a poco, tomé conciencia de su legado vivido en atmósfera familiar. Pasó largo tiempo y a fines de 2009, recibí en Talca, el archivo personal de Roberto Hernández, custodiado celosamente por mi padre desde 1966. Así, lo pude preservar y conocer en el museo de la Villa Cultural Huilquilemu, de la Universidad Católica del Maule. Allí accedí a documentos fascinantes que me llevaron a la consciencia de estar ante un patrimonio de bienes culturales de una significación mayor a la familiar, un patrimonio del país. De este modo nació la inspiración de crear la Fundación, cuyo objeto es preservar, estudiar y difundir la memoria y legado cultural de Roberto Hernández. El acto constitutivo del primer directorio fue en mi hogar, el 28 de noviembre de 2013. Testigo de fe fue Yamil Allende Yaber, secretario municipal de Talca. Como nota curiosa: nos acompañó un matrimonio amigo español: Carmen Limiñana y Miguel Bernabé».

Hablemos sobre los primeros años. ¿Fueron muy complicados?

«Los primeros años tienen la complejidad propia de dar forma a la personalidad jurídica, gestiones para obtener los instrumentos básicos de existencia; trámites en la unidad de organizaciones sociales del municipio de Talca, gestiones del Rut o rol único tributario en el SII y en el banco, para una cuenta corriente; primera presentación al Fondo Presidencia de la República, encarar ajustes al directorio y nuevas incorporaciones; postulación al Fondart, para el archivo, con primer diagnóstico de Katina Vivanco, conservadora restauradora y formulación de proyecto para Ley de Donaciones, etc. Estas son un conjunto de acciones reveladoras de cuán difícil y engorroso es llevar adelante la labor cultural, tanto con el Estado como con el mercado financiero. El único recurso de la Fundación era el legado bibliográfico y documental de Roberto Hernández y los apoyos de quienes han creído en esta obra.

En Talca, tuvimos varias actividades. Recuerdo un gesto hermoso, del dueño entonces del Eco Hotel, Floreal Usan García, quien, al cumplir un año de existencia, en diciembre de 2014, nos regaló una cena para el directorio y colaboradores de la Fundación, donde compartieron con nosotros Óscar Vega, Gobernador de Talca y Jaime González Colville, historiador local. Luego, el 15 de enero de 2015, hubo una presentación pública de la Fundación en el Instituto de Chile, en Santiago, con académicos de la Lengua y de la Historia, invitados y familia. Abraham Santibáñez, era secretario del Instituto y anfitrión.

Participó, además, el historiador Cristián Gazmuri. Al año siguiente, en 2016, octubre, con la Escuela de periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), dirigida entonces por Fernando Rivas, realizamos un seminario en la Biblioteca Santiago Severin, sobre «Periodismo, historia y patrimonio», con las conferencias de Gazmuri, Gandolfo, Santibáñez, Lucrecia Enríquez, Roberto Silva, Jorge Ferrada, Miguel Vilches, otros y yo. Fueron muchos los esfuerzos con resultados modestos, pero sólidos. Después de esto, advertimos que el Fondo Bibliográfico y documental Roberto Hernández Cornejo, tras algunas exploraciones, debíamos confiarlo a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, para que pudiera ser preservado con estándares de conservación y acceso público. La gestión de Jorge Ferrada y la disposición del rector Claudio Elórtegui fueron esenciales. Así fue como se firmó un convenio en noviembre de 2017.

Con escasos recursos financieros la Fundación básicamente se sostuvo con aportes personales y con generosas colaboraciones privadas».

¿En qué costó avanzar más?

«Sin duda, costó y cuesta conseguir financiamiento a proyectos. La elaboración y postulación a los fondos públicos demanda mucho esfuerzo técnico y profesional. Desafortunadamente, las evaluaciones, a veces, carecen de competencias adecuadas, para ámbitos tan específicos, por lo que adjudicarse un fondo resulta una lotería… Es que la cultura y las letras, no son apreciadas debidamente, porque no se las considera un “bien productivo”; a lo más sirven como, “adorno”. Esto empobrece al país. Los mismos fondos públicos o privados, son «beneficios». Pero estas son las reglas del juego con las que debemos contar. También creo que ha faltado comunicación efectiva, y, sobre todo, una didáctica dirigida al amplio público».

¿Cuál ha sido la receptividad que ha tenido la Fundación?

«En general, la receptividad ha sido muy buena e interesada. Donde hemos golpeado puertas y presentado la figura y obra de Roberto Hernández nos hemos encontrado con brazos abiertos y deseos de colaborar. Organismos públicos, bibliotecas, recintos educacionales, museos y centros culturales ven un estímulo y oportunidad para cubrir un vacío educacional».

¿Cuáles han sido sus principales logros en este tiempo?

«Estimo que, durante este tiempo hemos crecido en colaboradores de la Fundación. No me refiero a recursos, sino al compromiso, dedicación e interés por apoyar a nuestra corporación en sus actividades e iniciativas. Hermoso es ver más manos, inteligencias y voluntades unidas.

Además, hay que destacar que tres universidades se han sumado a la misión de la Fundación mediante convenios de colaboración: La Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (2017), la Universidad de Valparaíso (2020) y la Universidad de Tarapacá (2023).  Contamos, asimismo, con apoyos de gran valor, como del Instituto Chile, museos, como el O’Higginiano y el de Bellas Artes, de Talca y, desde nuestros inicios, la Biblioteca Nacional y la Biblioteca Pública de Valparaíso “Santiago Severin”.

En cada uno de esos lugares hemos tenido lanzamientos de libros coeditados por la Fundación y conversatorios, difundiendo los proyectos, como el del Archivo Hernández, en Valparaíso, en Talca, en Santiago, en Melipilla y el 13 y 14 de noviembre, en Arica, estaré, para visitar rector Emilio Rodríguez, y ratificar el convenio que tenemos con la Universidad de Tarapacá».

¿La reedición de los libros de Roberto Hernández es una meta prioritaria?

«A lo dicho de los logros, hay que agregar la nueva edición de la obra de Roberto Hernández, “Valparaíso Panorámico”, con la PUCV, 2019; la publicación de un libro que escribimos 7 autores del directorio de la fundación, “La Biblioteca Pública de Valparaíso y Roberto Hernández. Homenaje a los 100 años”, cuyo editor fue Rodrigo Moreno, y que lo publicamos con Ediciones de la Biblioteca Nacional.

Ese libro es un fruto colectivo en plena pandemia y fue lanzado en marzo de 2022, en la Biblioteca Severin. Finalmente, un pequeño libro también editado y lanzado fue “La muerte de Balmaceda”, que hace públicos dos artículos en “La Unión” de Valparaíso, en 1941, de Roberto Hernández, escritos con motivo de los 50 años del malogrado presidente en 1891. Fue una publicación editada por el Instituto de Historia de la PUCV, con la colaboración de los académicos Ricardo Iglesias y David Aceituno, además, obviamente, con los aportes de la Fundación. Se trata de un bello libro.

Agréguese a lo dicho, decenas de artículos, columnas, notas periodísticas en diarios locales en Valparaíso, Talca, Curicó y Melipilla, así como también en diarios de tiradas nacionales tanto en papel como en formato digital».

¿Qué anécdotas han sucedido en estos diez años?

«El 18 de octubre de 2019, tuve una reunión con el Director del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, Carlos Maillet, para presentarle el proyecto del libro sobre la Bblioteca Severin. La reunión era en la Biblioteca Nacional, a las 12:00 hrs. Él no pudo llegar, pero igual, dispuso que un asesor suyo me recibiera. Al salir, algo extraño ocurría: la gente caminaba nerviosa. ¡La Alameda se llenaba de multitud y de gritos! El metro estaba cerrado. Caminé por unas cuadras interiores y lo hice hasta el terminal de buses Alameda, en medio de las manifestaciones del estallido social. Y así quedó presentado nuestro proyecto del libro colectivo sobre la Biblioteca Severin, que es hijo de esas circunstancias extremas de malestar social y después, de la prolongada e incierta pandemia: ¡Las obras de la cultura nacen en momentos únicos y muchas veces apremiantes!

Otra circunstancia diferente, ocurrió en la Biblioteca Municipal de Melipilla, el 15 de diciembre de 2022. Allí tuvimos un conversatorio sobre el legado cultural de Roberto Hernández. La cita era a 18:00 horas y en ese momento hizo ¡37º de calor! Nos saludábamos como sonámbulos, transpirados. Afortunadamente, al comenzar, hubo aire acondicionado y pudimos disfrutar de un grato encuentro… Pero, ¡con qué esfuerzo y disposición, los dueños de casa, Jorge Facuse y Marcela Paz Moreno, encargados de la Biblioteca y del Departamento de Cultura, respectivamente, estaban allí, junto a los heroicos convocados, entre ellos, Andrea Hermans, conservadora restauradora, que viajó de Viña para exponer sobre el proyecto del archivo, que se hizo también en tiempos de pandemia. ¡Todos caminamos bajo el quemante sol para llegar a la biblioteca! ¡Inolvidable!»

¿Cómo ha sido la tarea de reunir fondos?

«Ah! De dulce y agraz. Cuando hemos obtenido fondos, hemos podido avanzar. Fue vital para dar inicio al conocimiento y registro del archivo y Fondo Hernández en la PUCV. Pero, la segunda etapa del proyecto postulada, quedó inconclusa, por no obtener los recursos. En 2022, tuvimos la alegría de ganar el Fondo de Fortalecimiento de Organizaciones Patrimoniales, para gastos operativos, del Servicio Nacional del Patrimonio. Sin embargo, este 2023, no lo obtuvimos… Únicamente, se nos dio una subvención del municipio de Talca, por un millón de pesos para gastos operativos del año, el que se agradece, porque no lo teníamos. Finalmente, hay un conjunto de colaboradores y amigos que, en forma generosa y oculta, ante necesidades de pago de cuentas, traslados, etc., no dudan en hacer su aporte cuando lo solicitamos. Ellos y ellas no se imaginan el impacto que tiene tal gesto».

¿Cuáles han sido los principales obstáculos y, a la vez, los principales impulsores?

«Tal vez lo más desolador, me atrevería a decir, son esas recepciones de personas e instituciones muy atentas al principio, que hacen promesas y que al final quedan en nada… Eso es frecuente. Se comprometen y luego, desaparecen. Esto exige no desanimarse. Los principales impulsores siempre están, sin grandes alardes, pero con apoyos reales, ocultos. Sumándose a la misión, colocando infraestructura y recursos humanos, para que tal o cual iniciativa salga adelante.

Destaco a Ana María Córdova, de la UV. En la Biblioteca Nacional, contamos con el apoyo de Pedro Pablo Zegers, cuando era su director y ahora, con nuevos bríos y cariño, Soledad Abarca. También a Julio Pinto, Premio Nacional de Historia y los respaldos de Abraham Santibáñez, cuando era Secretario del Instituto de Chile, y de la directora Adriana Valdés y Joaquín Fermandois, de la Academia de la Historia. En fin, sería larga la lista. Pero, no deseo olvidar a las directoras Nelly Bravo y Alejandra Paredes, en Valparaíso y Ana María Arriola, en Talca. ¡Qué decir de profesionales como Gisella Morety y Gonzalo Olmedo, del Museo O’Higginiano de Talca! Y otros silentes apoyos, como de Víctor Brangier, director de Centro de Documentación Patrimonial de la Universidad de Talca».

¿La Fundación qué presencia tiene hoy: nacional y local?

«La Fundación cuenta con numerosos colaboradores que lo hacen en forma diversa, y según las tareas y necesidades profesionales. En Santiago, hay amigos y amigas con quienes hemos realizado tareas juntos. Está el Centro Nacional de Conservación y Restauración. También, y en número significativo, estamos en Valparaíso, como dije, en universidades y establecimientos educacionales. Nos han dado cobertura periodística los diarios “La Estrella” y “El Mercurio” porteño y el de Santiago. También “El Martutino” de la Región de Valparaíso. Pero también, hay una presencia importante de descendientes de mi abuelo Roberto.

A su vez, en Talca, el número de colaboradores alcanza a más de una treintena, con nexos en instituciones culturales y educacionales y medios de comunicación, como el “Diario Talca”, “El Maule Hoy”, y, “El Maule Informa”, de José Manuel Álvarez. Otra presencia local, desde hace tiempo y se fortalece últimamente, está en Melipilla, donde contamos con el apoyo de Marcela Paz Moreno, directora del Departamento de las Culturas de la comuna, los amigos del Ateneo y otros; así como con el equipo de la Biblioteca Pública Municipal. Hay que destacar al diario “El Labrador”, y Raúl Moyano, que nos ha publicado varias notas y artículos».

¿Cómo ha sido la acogida de los rectores de las universidades de Valparaíso?

«Hay que destacar la acogida y aprecio de los rectores de las universidades porteñas con las que estamos ligados. Un paso fundamental lo dio don Claudio Elórtegui, para que el Fondo Roberto Hernández quedara en la PUCV, vía convenio. Don Claudio, como porteño, sabía del significado de Hernández para Valparaíso. También han sido importantes diversas iniciativas con unidades académicas o de gestión con las que hemos trabajado en la PUCV, siempre con un real deseo y disposición de contribuir. Advierten que el autor, cuyo archivo se cautela, nutre la reflexión e investigación sobre Valparaíso y la historia del país.

Pero también, es muy rica la experiencia suya de periodista, en tiempos convulsos y bullentes. El modo de ejercer el periodismo, entrega muchas pistas, tanto para conocer ese tiempo vivido por “RH”, como para adquirir claves de comprensión para la época presente. Ahora, el rector Nelson Vásquez, ha puesto un gran empeño e interés destinando personal, para poner en valor el archivo Hernández. Todos sabemos que son tareas de largo plazo y requieren dedicación y recursos y, desde luego, la correspondiente coordinación.

Por otra parte, el rector de la Universidad de Valparaíso, Osvaldo Corrales, desde que tomé contacto con él, ha tenido una disposición muy abierta y cercana. A él le tocó la gestión del convenio, por el que la casa del Departamento de Meteorología de la Facultad de Ciencias de la Universidad, junto a sus funciones ordinarias, está disponible como sede porteña de la Fundación. A poco de asumir el cargo, el rector Corrales, junto a académicos de la UV, el Directorio de la Fundación, familiares y amigos, presidió un emotivo acto el 11 de enero de 2022, descubriendo una placa recordatoria de Roberto Hernández en el hall de la casona, ubicada en Playa Ancha, la que fue su residencia familiar entre 1935 y 1966. La placa, fue diseño de Marcela Hurtado. Ese lugar, es para nosotros un privilegiado espacio de sesiones, encuentros y visitas. Hay proyectos todavía pendientes en el orden cultural. Pero, de modo especial debemos sumar fuerzas para poner en valor la casona, patrimonio significativo de la UV y para la memoria de la Fundación».

¿Cuáles son las metas a futuro? ¿Qué buscará ahora la Fundación?

«Las metas que tenemos por delante, a mi juicio, las tiene que definir el nuevo directorio que asume ahora al cumplir los 10 años la Fundación. Pero, debe tenerse en cuenta lo dicho sobre la casa de Playa Ancha de la UV y sede porteña de la Fundación. Las metas deberemos definirlas mediante un plan de trabajo que nos abra al futuro que viene. Eso significa ver de qué modo concretamos los propósitos de la Fundación, así como hacer visible la obra y el legado de Roberto Hernández. No sólo con una nueva edición de libros, sino acercar al autor con medios pedagógicos, a las nuevas generaciones. Debemos hacer estudios.

En forma muy prioritaria tenemos que lograr que el archivo llegue a estar plenamente disponible y con acceso al público y para investigadores. Recién dimos un primer paso, con una plataforma digital que hace visible 500 documentos, entre fotografías y manuscritos. Por otra parte, nos corresponde fortalecer los vínculos existentes, como, por ejemplo, con la Biblioteca Nacional, para que salga a luz el mini sitio de Roberto Hernández, en Memoria Chilena. Llevar a cabo jornadas de investigación y difusión, que congreguen a entidades que preservan el patrimonio de Hernández con la Universidad de Valparaíso, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad de Tarapacá, en Arica; con la Biblioteca Nacional y la Biblioteca Severin. Estas son metas ambiciosas y en línea con nuestra misión.

Metas son, además: consolidar la Fundación allí donde tiene colaboradores presentes; establecer comités locales de amigos colaboradores en Valparaíso, Talca, Santiago, Arica y Melipilla… ¡Hay mucho trabajo todavía!».

En que pie considera que se encuentra la Fundación: ¿se ha consolidado?, ¿ha madurado como institución?

«Poco a poco ha ido tomando una figura definida y una consistencia mayor. Entre los desafíos está la consolidación institucional –sin crecer burocráticamente-, pero sí, tener una fortaleza financiera y administrativa mínima. Debemos saber y hacer un catastro acerca de ¿cómo allegamos recursos y quiénes o qué empresas estarían dispuestas a aportar para la realización de nuestras actividades culturales?».

¿Qué acción le gustaría desarrollar ahora? ¿Y en función de quiénes?

«Hay un campo todavía por explorar, que son los niños. Por ejemplo: una sencilla y motivadora biografía de Roberto Hernández, muy didáctica, pensada para ellos, sería fabuloso. También, la nueva edición de “Vistazo periodístico a los ochenta años”, que son como las memorias de Roberto Hernández, en una versión amable, actual, bella y con imágenes, que me parece es necesario para que pueda conocerse y apreciar más al autor».

¿Cómo ha sido la relación con la Biblioteca Severin?

«Desde el origen hemos tenido una fluida relación con la Biblioteca Severin y sus directores. Con Francisca Araneda, hay contacto directo. Hemos participado cuando nos invitan y hemos realizado seminarios, lanzamiento de libro y conversatorios. Queda mucho todavía. La obra de Roberto Hernández desde la Biblioteca, está aún por ser descubierta y conocida».

¿Se podrán acometer acciones con lo publicado por Roberto Hernández en el diario La Unión?

«Desde 1915 hasta 1954, Roberto Hernández escribió semana a semana artículos en el diario “La Unión” de Valparaíso. Fue el tiempo más fecundo y maduro del autor, encausándose a la crónica histórica, donde llega a ser un maestro. Esas páginas fugaces y amarillentas del diario, preservadas en archivos, son verdaderos tesoros literarios e históricos de “RH”. De ellas, podríamos tener más que un libro. “La Unión” está digitalizada y la PUCV la tiene.

También, el archivo Hernández tiene de él sus escritos. Además, se conserva en la Biblioteca Severin. Tampoco hay que olvidar el tiempo de Roberto Hernández en “El Chileno”, que va desde 1902 a 1915. Y qué decir, de los primeros escritos en la prensa local de Melipilla, “La Constitución”, “El Deber” y “La Unión de Melipilla”. Como puede verse, hay mucho por delante, sin nombrar los 28 libros y los dos o tres que están inéditos».

Mantente Informado
11,071FansMe gusta
4,491SeguidoresSeguir
916SeguidoresSeguir
829SuscriptoresSuscribirte
Noticias Relacionadas