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BORIC, LA GUITARRA Y EL EMPEDRADO por Juan Carlos Pérez de la Maza

Cuando el viernes que viene Gabriel Boric asuma como Presidente de la República, no sólo se le entregará la banda presidencial y la piocha de O’Higgins, también se le dará, metafóricamente, una guitarra que habrá de tocar durante su mandato. Porque, como es sabido, “otra cosa es con guitarra”, tras instalarse en La Moneda el flamante nuevo Mandatario tendrá que intentar compatibilizar sus promesas de campaña y las expectativas populares que provocó, por un lado, con la implacable y áspera realidad que pavimentará sus cuatro años, por el otro. Y será difícil.

Si gobernar nunca ha sido fácil, hacerlo en el contexto nacional y exterior en el que asumirá el novel Mandatario, le significará una complicación mayor aún.  ¿Cómo intentará satisfacer las inmensas expectativas que su campaña desató? Un Programa de gobierno lleno de promesas, una coalición gubernamental que sólo habla de derechos, reivindicaciones y beneficios y una ciudadanía que cree que satisfacer todo lo anterior es tarea del gobierno y no de ella, exigirá al gobernante demostrar cualidades que aún no vemos, pero que sinceramente esperamos que posea.

En primer término, la severa crisis económica, local e internacional, no contribuirá a la reactivación que todos anhelamos. La ralentización del sistema productivo mundial, tras la pandemia, agravada todavía más por la guerra de Putin contra Ucrania, augura varios años de restricciones del consumo, elevadas tasas inflacionarias y recesiones por doquier. Hasta ahora el mundo, y nosotros en particular, hemos enfrentado la crisis sanitaria con las reservas y los ahorros. Pero, agotados estos recursos, la austeridad es necesaria y la estrechez ineludible. Entonces, ¿cómo hará el nuevo Presidente para cumplir con todos los beneficios que dijo que traería? La previsión, la salud y la vivienda son, apenas, sólo algunos.

Otra de las circunstancias del contexto en que el nuevo Presidente asume es el problema de la seguridad. En una doble faz: Por un lado, el innegable deterioro de la seguridad ciudadana, la delincuencia y el narcotráfico no requiere de mayor abundamiento.  Pero, a ello se agrega la violencia incontrarrestable en la zona sur. Ya ni siquiera en La Araucanía, sino desde Biobío a Valdivia. Los grupos violentistas que actúan allí no dejarán sus atentados criminales sólo porque las nuevas autoridades llamen Wallmapu a la zona. Esta arista del contexto descrito, la seguridad o más bien la carencia de ella, se agrava todavía más con el recelo y los prejuicios que los nuevos gobernantes han manifestado tantas veces hacia las fuerzas policiales, más aún hacia las Fuerzas Armadas y a los Estados de Emergencia.

Por último, como si no bastara con lo anterior, la Convención Constitucional insiste en refundar y remodelar Chile desde sus bases. Y el problema radica en que las normas ya aprobadas y las que se discuten todavía, permiten esbozar un panorama institucional tremendamente incierto. Y esa incertidumbre configura el peor contexto que un gobierno quiere al asumir. Pero la soberbia maximalista de los miembros de la Convención es tal, que ni siquiera el desequilibrio y la inestabilidad que provocarán en el nuevo gobierno les hará reflexionar. Y Boric, de no mediar un vuelco sustantivo, habrá de gobernar con una Constitución que reniega de la tradición constitucional chilena, que desconoce los principios más básicos de la institucionalidad comparada, que abunda en adjetivos innecesarios y redundantes y que confunde innovación con mejoría. La obsesión de los convencionistas por dejar atrás todo lo que Chile fue, no sólo causará el deterioro democrático al imponer una institucionalidad sesgada y ladeada a la izquierda, sino que provocará, también, la frustración de los millones de chilenos que creyeron, cándidamente, que una Constitución es un listado de deseos y derechos, sin exigencias ni deberes.

El nuevo Mandatario habrá de ser muy virtuoso con la guitarra, que se le entregará este viernes 11, si desea sortear con éxito las asperezas e incidencias que plagarán su mandato. Es de esperar que la templanza, la justicia, la fortaleza y la prudencia acompañen su talento musical. De no ser así, habrá de excusarse con el empedrado, con el ruido ambiente o con el gobierno anterior.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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