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“CON TU ENCANTO, CON TU EDAD” por Rodrigo Biel Melgarejo

Hay una balada, que en parte dice: “Yo te amo desde siempre con tu encanto, con tu edad”, lo que me mueve a reflexionar sobre la vejez y la ancianidad, la que comienza, según la OMS, a partir de los 80 años de edad.

Ese “amarte con tu edad”, encuentra sentido, cuando nos percatamos que ir envejeciendo es angustiante en nuestros días; somos testigos de “un culto colectivo a la juventud como la única etapa verdaderamente valiosa de la vida y la ancianidad queda reflejada como indeseable…”, por ende, hay que combatirla, hay que disimularla, porque ella es mal vista. Lo anterior obliga a que las personas de edad comiencen a refugiarse tras una máscara para seguir siendo aceptados, toda vez que su prestigio queda relegado a una imagen ideal del pasado; adquieren una existencia ficticia, viviendo con el temor a perderla.

“Eres ángel del pasado”, dice la misma balada, es decir, te respetan por lo que fuiste, no por lo que eres. En un trabajo sobre la vejez y Jean Paúl Sartre, el autor dice: “que “Jean Amery acude a una conferencia de Sartre, ya viejo. No la encuentra especialmente brillante, pero el público aplaude con fuerza, se le aclama por lo que fue, no por lo que enseña ahora; por su obra del pasado, no la que se proyecta hacia el futuro”.

En la vida real, especialmente por motivos laborales, se obliga expresa o tácitamente, a ese rejuvenecimiento ficticio; hay una exigencia de juventud que se supone asociada a la productividad, entonces debemos exhibir, por medio del acondicionamiento físico y del despliegue de energías reservadas a los y las jóvenes, que todavía podemos. Se tiene miedo de mostrar signos prematuros de envejecimiento que acrecienten la rivalidad con personas más jóvenes.

Conversaba con una persona mayor, que se quejaba de lo angustiante que era llegar a su trabajo, y responder a la pregunta recurrente de las razones por las cuales no jubilaba, teniendo edad para hacerlo; como consuelo le respondí que el final del camino no es jubilar, recordando un verso que dice “no somos carne de un ciego destino; nuestro destino es vivir”.

Lo importante, creo yo, es siendo viejo, no sentirse viejo, siguiendo el consejo de Clint Eastwood, “cuando me levanto todos los días no dejo entrar al viejo (….) he tenido que sacarlo a la rastra”. Ergo, hay que cerrarle la puerta al viejo.

La vejez ha sido tratada de diversas maneras; en esta oportunidad he optado por elegir a dos autores, Cicerón y Simone de Beauvoir, la mujer de Jean Paul Sartre, ayudado por la lectura de un trabajo de David Montero en el caso de la última, y respecto a Cicerón, con el trabajo de un chileno García Kraus.

Cicerón nos muestra una vejez ideal, sea en Senectute o en el Elogio de la vejez y la Beauvoir lo desagradable de ser viejo. Ella narra lo que escribió, un escriba egipcio hace 4.500 años ante de Cristo. “la vejez es la peor de las desgracias que pueda afligir a un hombre, es penoso, es el fin de un viejo…”.

En ambos autores, su obra muestra alguna coincidencia con lo que vivimos en la actualidad, en otras creo que han sido superadas.

Un tercer autor, Gil Calvo, sostiene que “hay una ambigüedad cultural en nuestra sociedad sobre la vejez, por un lado, encarecida y por otro lado escarnecida, es decir se la protege materialmente a través del gasto público en salud, en las pensiones, en servicios social y, por otra parte, se la humilla moralmente descalificándola al identificarla como carga familiar y social”.

Cicerón narra la conversación que tiene Sócrates con Céfalo:

“‒Y en verdad, Céfalo me agrada conversar con personas de gran ancianidad; me parece necesario informarme de ellos, como quienes han recorrido delante un camino por el que quizás, también nosotros tengamos que pasar, cuál es el, si es áspero y difícil o fácil y expedito.”.

¿Seguirá vigente lo que dice Sócrates?

Si uno observa el escenario del país, se tiende a pensar que no se ha dado lo que le agradaba a Sócrates.

Pero, además, ¿Cuántos son los jóvenes que se acercan con la pretensión de escuchar de nuestros labios qué es la vejez?

Pocos.

¿A quién le importan los viejos?; lo estudiosos responden, “solo a ellos, es decir, a los viejos”, aduciendo “que el tema de la vejez no afecta a los jóvenes, éstos ven a las personas viejas como personajes secundarios”.

No comparto esa percepción tan negativa, Cicerón tampoco la tuvo, negando que fuera la edad decadente, como lo veremos el próximo domingo.

Rodrigo Biel Melgarejo

Abogado

Profesor de la Universidad de Talca

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