Podemos entender la actividad física, llevados en primera instancia por la intuición, como la cesación del estado de reposo de un cuerpo u objeto material, ya sea este una piedra, una tela, o nuestro cuerpo humano como parte de la materia. Por un lado, la percepción de lo que acontece con los objetos ajenos a nuestro cuerpo, y que interactúan con él, llega hacia nosotros por medio de los sentidos, pues podemos ver, más no observar de momento, y hacer sensible al tacto, la actividad de ese objeto material cuando, por ejemplo, corre el agua por el drenaje, podemos palpar su frescura, oír al discurrir, o sentir la temperatura de la piedra calentada por el sol. Entendemos que en esa materia existe cierta actividad, no biológica, lo que puede persuadir nuestra razón.
Por otro lado, nuestro cuerpo puede tomar un estado de reposo al reclinarse en un sofá, o al tenderse en la cama, en ausencia de vigilia, durante varias horas cuando es invadido por el sueño. Es allí donde podríamos, ahora sí, percibir y observar ese cuerpo reposado que muestra, por ejemplo, una leve e insegura respiración, en una evidente actividad biológica, y, más aún, mientras dormimos, en primera persona, nuestra razón nos indica que estamos en actividad ya que podemos ser conscientes de ese estado, en ocasiones, por medio de los pensamientos llamados sueños. Al observar ese cuerpo, ya en tercera persona, podríamos deducir que existe cierta y tenue actividad física del cuerpo como materia.
Así, nuestro entendimiento nos llevaría a deducir que la actividad física sería inherente a la especie humana, y no a otra especie. Yo pondría en cierta duda sí de verdad es solamente exclusiva de los seres humanos ¿cuál sería la probabilidad de aseverar esta sentencia? Otras especies, como la especie perro, por ejemplo, son entidades biológicas que interactúan con nosotros, por medio de nuestro cuerpo y nuestros sentidos, a las cuales percibimos como seres vivos y que, probablemente al poseer vida, llenan nuestra intuición respecto a que en realidad sí realizan actividad física con cierto grado de intensión, “de razón”. Entonces, es ahí donde podría aseverar que dicha razón es propia del de ser humano, la cual se escinde de nuestro cuerpo material y biológico, para darle sentido a la realización de esa actividad (física). Por tanto, he respondido a la pregunta de cuán probable es que “la actividad” sea propia de los humanos, tan probable que podría deducir una asociación causal (razón – actividad física), ya sea en términos de tiempo actual, transversal, o en su modificación futura.
Ahora bien, para representarnos la concepción de actividad física mediante la razón, ya podría aseverar de forma clara que es patrimonio de los seres humanos, y no de otra especie, ya que, al direccionar la razón, esta nos hace darle sentido a la actividad, buscando algunos fines biopsicosociales. También, podría aseverar a esta altura que es evidente que esta representación de la “actividad” es solo válida para los humanos, ya que, además, necesariamente nuestra representación de ella posee límites, es finita, lo que distintamente solo le puede atribuir la especie humana, considerando bajo nuestra razón que esa representación, a la que aún no llegamos a conocer a plenitud, posiblemente sea infinita.
Así, nuestra percepción de la actividad física nos ha hecho conceptualizarla para direccionar ciertos principios, postulados, orientados por la representación de la misma, de modo que esta deba ser pensada, juiciosamente, fundamentalmente en búsqueda del sentido respecto a la conexión entre nuestro cuerpo y la razón.
Dr. Jaime Vásquez Gómez
Centro de Investigación de Estudios Avanzados del Maule (CIEAM)
Universidad Católica del Maule