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En la mente del torturador: Manuel Contreras, Pedro Espinoza y Armando Fernández Larios

El siquiatra Rodrigo Dresdner, a través de una exhaustiva investigación, intenta comprender la mente de un torturador, centrándose en tres agentes de la policía secreta del régimen militar: Manuel Contreras Sepúlveda, Pedro Espinoza Bravo y Armando Fernández Larios (por Mario Rodríguez Órdenes)

“A partir del quiebre democrático del 11 de septiembre de 1973, se abrió en Chile un periodo en el cual la tortura fue institucionalizada y formó parte de una política de Estado, pasando a constituirse en una práctica cotidiana y habitual. Los testimonios de miles de víctimas sobrevivientes que pasaron por los centros o cuarteles de detención de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Central Nacional de Informaciones (CNI) y otros organismos castrenses y policiales, dan dilatada cuenta de crueles y malos tratos físicos, psicológicos y sexuales a los que fueron sometidos y sometidas”, precisa el siquiatra Rodrigo Dresdner Cid, durante la conversación que tuvo con Diario Talca.

Próximo a cumplirse 50 años del Golpe Militar de 1973 el doctor Dresdner acaba de publicar La tortura y el torturador” (LOM Ediciones, 2023) donde profundiza para intentar comprender la mente de un torturador. La exhaustiva investigación se centra en tres agentes de la policía secreta del régimen militar chileno. Manuel Contreras Sepúlveda, Pedro Espinoza Bravo y Armando Fernández Larios.

En su exilio en Suecia, Rodrigo Dresdner terminó sus estudios secundarios para luego cursar la carrera de Enfermería. Tras su retorno a Chile en 1980, estudio medicina en la Universidad de Concepción, donde además destacó como dirigente de la Federación de Estudiantes. Esto le valió un año de exoneración, pudiendo, luego de un año, retomar sus estudios junto a otros estudiantes. Debido a sus antecedentes políticos, una vez graduado tuvo que emigrar a Argentina, donde estudió la especialidad de psiquiatría.

A su regreso a Chile, con el retorno de la democracia, ejerció en el Servicio Médico Metropolitano. En la actualidad, ejerce clínicamente en su consulta privada y es miembro de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía. Entre sus publicaciones destacamos Psicópatas Seriales. Un recorrido por su oscura e inquietante naturaleza” (LOM Ediciones, 2016).

En su estudio el doctor Dresdner precisa: “Los tormentos aplicados a sujetos presos o detenidos por parte de funcionarios del Estado nunca estuvieron ajenos en la historia de Chile. Existe un acopio historiográfico de dichas prácticas y no constituyen novedad en la historia de la nación. Sin embargo, dicho acontecer sufrió un drástico y explosivo vuelco en el periodo que abarcó desde el año 1973 hasta las postrimerías de la década de los 80’ a fines del siglo XX”.

Rodrigo, ¿qué hace que algunos hombres se conviertan en caines de otros?

La personalidad constituye una estructura psicológica que termina de conformarse hacia fines de la adolescencia. Psicológicamente determina el modo de ser en la persona adulta. Las peculiaridades en cada sujeto, en parte, están determinadas genéticamente y, por otra, mediadas por las experiencias durante periodo infanto-adolescente, consolidándose definitivamente en la adultez”.

¿Qué pretende con la publicación?

“No está demás advertir que no pretendemos ni perseguimos emitir juicios de valor o reproche de quienes, por lo demás, ya fueron juzgados y sancionados penalmente por hechos constitutivos de violación a los derechos humanos por los respectivos tribunales de justicia. El propósito del libro apunta a explorar aquellos factores biográficos y características de la personalidad que pudiesen asociarse a la opción de torturador y cómo en estos casos, se fueron imbricando con el ejercicio de la tortura; y también rescatar aquellos elementos caracterológicos de la persona con el propósito de aventurar perfiles predisponentes y compatibles con la función de torturador”.

Rodrigo, a partir del quiebre democrático el 11 de septiembre de 1973 se abre en Chile un periodo en el cual la tortura fue institucionalizada y formó parte de una política de Estado. ¿Qué alcances tuvo para la sociedad chilena?

“Para los sobrevivientes (puesto que muchos perecieron durante las sesiones de interrogatorio o, posteriormente, fueron ejecutados) la tortura les significó secuelas psicológicas para toda la vida con distintos niveles de daño psíquico irreparable”.

¿Qué hace la gran diferencia con lo ocurrido a partir de 1973?

“A partir de 1973 la tortura fue institucionalizada y practicada a gran escala, como nunca antes. Los torturadores y la tortura, cuantitativamente y cualitativamente, ascendieron a niveles hasta entonces inéditos. No fue un fenómeno aislado ni puntual, sino que respondió a una política de Estado. En cuanto a sus efectos con resultado de daño y secuelas ocasionadas en las víctimas, el suscrito no observa notoria diferencia entre los distintos momentos históricos. Lo destacable es que con el tiempo los métodos utilizados fueron ‘sofisticándose’ acorde al desarrollo tecnológico y conocimiento de la psicología humana, prestándosele particular atención a diversas vías de provocar dolor, sumado al acompañamiento y direccionamiento de dicha práctica bajo la supervisión de profesionales de la salud mental que se prestaron para aquello”.

Malraux llamó al siglo XX como «el siglo del desprecio» por las atrocidades de la Primera y Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de las bombas en Hiroshima y Nagasaki. ¿Qué avances ha hecho la Humanidad para proteger a las personas de las violaciones a los derechos humanos, entre ellas la tortura y qué efectividad han tenido?

“Es un hecho voz populi que las policías, en ciertas latitudes, incurren en procedimientos de interrogatorio de ese tipo con personas detenidas. La Humanidad mediante sus órganos internacionales ha emitido documentos así como las naciones también han suscrito tratados en relación a los Derechos Humanos de personas privadas de libertad. Lamentablemente, ello frecuentemente conforma más una expresión de deseo que efectivamente a la realidad. Hoy existe un consenso formal mayoritario a nivel de naciones en cuanto a condenar sin excepciones este tipo de prácticas, y a observar obligaciones que les caben a los Estados. Bajo ese espíritu se elaboró el Protocolo de Estambul”.

El daño mental producido por la tortura, ¿es posible de reparar?

“En mi experiencia con exámenes practicados a víctimas del periodo de la última dictadura en nuestro país aquello dependerá de la dimensión y grado de las secuelas sumado a la constitución psíquica de la víctima. La regla es la constancia de presencia de daño psicológico y secuelas dentro de diversos márgenes de gravedad”.

¿Los victimarios también sufren daño mental?

“La regla es NO, sobre todo si han recibido previamente un ‘debido adoctrinamiento, capacitación y entrenamiento’ en dichas prácticas de inteligencia militar. Empero, como en todos los ámbitos del quehacer humano, teóricamente podrían darse ciertos casos de personas con trastornos o desórdenes de personalidad, pero nunca con enfermedades mentales dado que los aspirantes a cuerpos castrenses deben pasar por un estricto examen médico y psicológico. En la experiencia chilena ocurrió que cuando, desde mandos superiores, se detectaban ciertas ‘debilidades’ en ciertos funcionarios éstos prestamente eran dados de baja o asignados a otras funciones institucionales”.

¿Cómo logran sobrevivir las víctimas? 

Por lo general, como en todos los ámbitos de la Humanidad se dan diferentes experiencias post-tortura: Desde sujetos que literalmente quedan ‘psíquicamente despedazados’ hasta (en el otro extremo) quienes consiguen reintegrarse funcionalmente a la vida cotidiana, aunque con secuelas psíquicas de baja intensidad clínica”.

Al cumplirse próximamente 50 años del golpe militar, si miramos en torno a la salud mental. ¿Qué vemos?

“Existe un sector de la población dentro del rango etario de 60 o más años con secuelas psíquicas post-dictadura y, al mismo tiempo, otro sector menor a esa edad, afectado por factores psico-sociales actuales y también incidentes en la salud mental”.

Esta práctica de tortura institucionaliza a partir de 1973, produjo una fractura en la sociedad chilena. ¿Qué se ha hecho para repararla?

Lo hasta ahora hecho, según mi humilde juicio, ha resultado insuficiente y en ese sentido el Estado chileno está en deuda”.

¿Quiénes eran las personas que practicaron y profesionalizaron la tortura?

“En el caso chileno luego del golpe militar del 1973 esas personas correspondieron, esencialmente, a oficiales y suboficiales de las distintas ramas de las Fuerzas Armadas y Carabineros”.

¿Cómo pudieron estos agentes del Estado llevar una doble vida?

“En parte, debido a sus particulares perfiles de personalidad y por lo cual fueron seleccionados y, por otra parte, el intenso proceso de adoctrinamiento y entrenamiento que recibieron. Además se encontraban sujetos a estrictas normas internas institucionales so pena de ser dados de baja y, en algunos casos, inclusive arriesgar la vida misma al incurrir en faltas institucionales consideradas graves”.

¿Qué efectos produce ser un torturador en el día y en la noche transformarse en un buen padre de familia?

“Que una persona ejerza su profesión, como en este caso, y deba cumplir a cabalidad con sus responsabilidades funcionarias, no necesariamente debe comprometer el desempeño del rol paterno en el ámbito familiar. Los seres humanos mantenemos la capacidad de desdoblarnos y mantener separados el trabajo de la vida privada.  Empero, no siempre ello se consigue y, efectivamente, hubo quienes practicaron la tortura y ello comprometió sus vidas personales con hechos de violencia intrafamiliar”.

 En su estudio profundiza en tres agentes de los organismos de seguridad del régimen militar: Manuel Contreras Sepúlveda, Pedro Espinoza Bravo y Armando Fernández Larios. ¿Nadie les pudo poner límites?

“En este punto resulta necesario contextualizar el escenario donde acaecieron los hechos de marras. Estamos refiriéndonos a tres oficiales del Ejército de Chile: Una institución castrense en la cual ninguna acción de sus miembros se ejecuta sin previa orden de un superior la cual debe ser estrictamente obedecida, más aún en el contexto que fue declarado como de ‘guerra contra el enemigo marxista’ so riesgo, caso contrario, de recibir una sanción por ‘alta traición a la Patria’».

Algunos de los torturadores que cometieron abusos de lesa humanidad, están cumpliendo condenas. Debido a su edad y precario estado de salud, sus abogados están pidiendo que las cumplan en sus casas ¿Es partidario de conceder este beneficio?

“Esa pregunta le corresponde responderla a un Magistrado en lo Penal acorde a lo estipulado en las Leyes de la República”.

El salvajismo de Armando Fernández Larios es extremo. Ultimó con corvo a algunos de los detenidos que estaban bajo su responsabilidad. Es difícil concebir que actualmente viva libremente en Estados Unidos. ¿Cómo fue posible?

“Aunque ello genere asombro y espanto en el público en general, aquellas personas que presentan ciertos rasgos de personalidad extremadamente anormales y si también es cierto que se dan excepcionalmente, al mismo tiempo también existen. Quienes hemos ejercido como peritos psiquiatras en el ámbito penal o criminal, hemos tenido la oportunidad de examinar y conocer a hombres y mujeres con rasgos severamente anómalos de personalidad de ese tipo”.

Una sociedad en que sucedan estas atrocidades. ¿Es también una sociedad enferma?

“Calificar a una sociedad de ‘enferma’, por cierto, resulta técnica y científicamente incorrecto, a lo menos desde la mirada psiquiátrica y psicológica (Aconsejaría, para aquello, consultar la opinión a un sociólogo). Y respecto al fenómeno de acciones criminales graves y atroces, se debe hacer una distinción a si ellas son obra de sujetos o grupos de sujetos con rasgos de personalidad asocial y/o psicopática, o si deviene de un sistema social manipulado por un gobierno perverso. En este último caso dicha institución gubernamental, seguramente, en gran parte estará integrado por miembros incluidos en la primera clasificación”.

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