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ENTRE LA MONEDITA DE ORO Y EL FASTIDIO por Juan Carlos Pérez de La Maza

A partir de esta semana, vamos por el segundo intento de reemplazar la actual Constitución. Este nuevo intento, basado en el proyecto elaborado por el Consejo Constitucional, es el que la ciudadanía deberá ratificar o rechazar el próximo 17 de diciembre y que, sin ninguna duda, es muy diferente al que elaboró hace poco más de un año aquella Convención de tan triste recuerdo. No obstante, si algo quedó del fracasado proceso anterior, fue aquella frase que resumía el anhelo de muchos chilenos respecto de nuestra Carta Magna: queríamos “una que nos una”.  Y, como claramente el anterior proyecto no era lo que la mayoría del país anhelaba, y más bien disgregaba que unía, el rechazo fue formidable.  Por eso, vamos nuevamente a la búsqueda de “una que nos una”, en versión 2.0

¿Será esta, por fin, la Constitución que el país desea? ¿Logrará satisfacer todas las expectativas que se originaron a fines de 2019, cuando se nos dijo que todos los males de Chile tenían, como remedio, el cambio de la Constitución? Este nuevo proyecto ¿será una Constitución de unidad, de armonía consensuada, merecerá ser “la casa de todos” como se dijo una vez?  ¿Será, en fin, un proyecto constitucional semejante a una “monedita de oro”? (Para los lectores que nacieron este siglo, aclaro que eso de la “monedita de oro” proviene de una canción del repertorio mexicano y alude a algo que “le cae bien a todos”.) Por eso el Proyecto Constitucional a evaluar tendría que aspirar a satisfacer dos anhelos: unirnos y caernos bien. A todos.

Voltaire, que algo sabía de política y de anhelos humanos, dijo que “lo perfecto es enemigo de lo bueno” y con ello quería señalar que es mejor destinar tiempo y esfuerzo acotados al logro de una obra razonable, antes que empeñarse eternamente en alcanzar algo perfecto y, tal vez, imposible. Así, siguiendo al filósofo ilustrado, en este proceso constitucional debiéramos pensar que el proyecto sometido a votación es una obra razonable. Mas no perfecta.

Lo anterior pareciera haber sido entendido cabalmente por numerosos referentes políticos e intelectuales, los que han expresado públicamente su opción “A Favor” del Proyecto Constitucional que se plebiscitará en diciembre. Así, en los primeros días de esta suerte de “campaña” plebiscitaria, ya hemos observado la toma de posición de gran parte de los sectores políticos vinculados a la derecha del espectro. Y, haciendo un balance, para este sector son muchos más los aspectos con los que concordar que aquellos con los que discrepar. Asuntos tales como la protección medioambiental; los numerosos mecanismos para cautelar la probidad; la consagración constitucional de la descentralización; las medidas para atenuar la excesiva fragmentación política; la protección de la vida de todos los seres humanos, incluso de quienes están por nacer; el derecho preferente de los padres a elegir la educación de sus hijos; el derecho a escoger el sistema de salud y otros similares, hacen posible que amplios sectores de Chile Vamos y, por cierto, Republicanos, manifiesten su opción favorable al Proyecto.

En el caso de los sectores situados más al centro, Demócratas y Amarillos, por ejemplo, su manifestación favorable expresa que han hecho suya la cita de Voltaire, en el sentido de señalar que el Proyecto satisface algunas de sus expectativas, no obstante deja otras fuera. Cuando señalan que no encuentran, en el Proyecto elaborado por el Consejo, algún tema fundamental para justificar el “En Contra”; o cuando dicen que aprobar el Proyecto abre la posibilidad de reformas posteriores, en un ambiente de menor incertidumbre que el que se instalaría de triunfar el rechazo, están diciendo que prefieren quedarse con lo bueno de este proyecto, antes de iniciar, otra vez, un incierto proceso de dudoso resultado.

Y la izquierda extrema (¡¡¡era que no!!!), Frente Amplio, Partido Comunista, más Socialista y PPD, han expresado su opción “En Contra”. Difícil que hubieran aceptado un proyecto constitucional que no satisficiera todas y cada una de sus expectativas. Pareciera que ellos no valoran a Voltaire y prefieren seguir a la búsqueda de una monedita de oro refundacional, maximalista y sectaria, aunque eso signifique iniciar, por tercera o cuarta vez, un proceso que ya tiene, a la mayoría ciudadana, un poquito fastidiada.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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