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ENTREVISTA: “Hay que asesinar la realidad y enterrarla en el patio”

Ana Martínez Castillo, visionaria editora española y autora de renombre precisa: “Queremos tender puentes con Latinoamérica, porque pensamos que en ambas orillas nos unen lazos de ruptura y oscuridad” (Mario Rodríguez Órdenes. Fotografía: Rosa Aguilera García)

(Crédito: Rosa Aguilera García): “En mi proceso (creativo) se conjugan el orden y el caos”, explica Ana Martínez Castillo.

Sucede que a veces nos deslumbramos con un autor. Es lo que nos ocurrió con “Huecos”, cuento aparecido en Ofrendas (Ediciones Eolas, 2021) de Ana Martínez Castillo. Seguramente Ana es una de las narradoras más interesantes de la narrativa reciente española. Según el crítico español David Roas: “Tras su excelente primer libro Reliquias (2019), un auténtico descubrimiento en el proceloso mundo de la narrativa fantástica y terrorífica española, la autora nos entrega en esta Ofrendas un nuevo cargamento de horrores y delirios que conecta con aquella ‘colección de miedos’ –como la calificara en su prólogo Patricia Esteban Erlés, maestra en estas lides-, pero que, al mismo tiempo, amplía buscando nuevas formas de seguir provocando nuestra inquietud… Si os sumergís en estas Ofrendas: aquí os esperan monstruos imposibles, situaciones delirantes, horrores (más o menos) cotidianos. Encarnaciones de nuestros miedos y deseos, la otra cara de lo que somos. O de lo que creemos (¿queremos?) ser”. Es verdad, develas, la aparente normalidad de la vida y aparece el lado B de la vida. Con todo lo estremecedor, insólito e inquietante que puede ser.

Nacida en Albacete el 21 de septiembre de 1978, la obra de Ana se reparte entre cuatro pasiones: Literatura infantil y juvenil, poesía, narración de relatos de género y crítica literaria. Esporádicamente ha incursionado con artículos periodísticos. Pero ahora su faceta de autora va detrás de su faceta de editora. “Es verdad, ahora la prioridad es InLimbo… Pero, en definitiva, todo forma parte de lo mismo, todo es hacer literatura”. La magia de las comunicaciones digitales, permitió que Diario Talca conversara con Ana, desde su refugio de Albacete.

Entre sus galardones destacamos el premio de relatos Los Nuevos de Alfaguara, en su cuarta edición de 1996, Primer premio en su modalidad de cuentos del XXIV Concurso Literario para jóvenes 2005, convocado por el Ayuntamiento de Albacete con el cuento titulado “Extraño episodio en la vida de un expositor”.

“Basamos nuestra filosofía en la subversión de lo real, de lo limpio, de lo optimista, de lo rosa. Al igual que lo siniestro se infiltra dentro de lo cotidiano para proceder al extrañamiento, así InLimbo se cuela en lo conocido, en lo real, para perturbarlo. Proclamamos que hay que asesinar a la realidad y enterrarla en el patio. Afirmamos que, llegados a una bifurcación, debe escogerse siempre el camino más oscuro e intrincado, ese que se adentra en el bosque. Creemos que lo oscuro es un arte, igual que es un arte la evasión. Todo lo que hacemos transita esos caminos y culmina en la coherencia de nuestro catálogo en sus dos versiones: poesía y narrativa. Queremos, además, tender puentes con Latinoamérica, porque pensamos en que ambas orillas nos unen lazos de ruptura y oscuridad”, precisa Ana Martínez Castillo.

¿Cuál sería la premisa de InLimbo?

La editorial InLimbo nace para reivindicar el papel de la narrativa de lo inquietante como alta literatura y para promover aquellas corrientes alejadas de la dictadura de lo real”.

 Ana comienza a escribir desde muy joven. ¿Qué fue decisivo en esa inclinación?

“Supongo que tuvo mucho que ver la cantidad de libros que había en casa sumado a una predisposición natural a contar historias”.

Parece tener una agenda muy recargada…

“Es verdad. Siempre tengo algo entre manos. Soy de esas personas que no saben parar”.

Esa imagen de su padre contándoles cuentos a usted y a su hermana también fue relevante…

“Mucho. Nos hemos criado con cuentos, creando publicaciones en casa que ilustrábamos…fue el mejor caldo de cultivo. Muy tempranamente me impresioné profundamente con libros y autores”.

Sus escritos se desplazan entre el terror y lo insólito… ¿Qué la acomoda más, la novela, la poesía o el cuento?

“Yo soy principalmente poeta y cuentista. La única poesía posible, la que me emociona de verdad, es la de corte vanguardista y surrealista; en narrativa, el relato insólito y de terror. Creo que el cuento tiene mucha más fuerza que la novela cuando hablamos de inquietar al lector y es un género a reivindicar”.

¿Se deja llevar por la inspiración o se ciñe al método?

“Las dos. Tienes que tener un duende, pero también ser constante en dominar la técnica, elaborar un método, instinto y planificación, la clave es esa. En mi proceso se conjugan el orden y el caos. Miles de notitas escritas y repartidas por ahí, en miles de ubicaciones distintas. La frase perfecta la asalta a una en los lugares y situaciones más insospechados… A veces también practico una suerte de escritura automática. Pero luego toca ordenar y modelar, sentarse y escribirlo”.

De los clásicos, como Edgar Allan Poe, por ejemplo, ¿qué aprendió? 

“Las atmósferas y el gusto por lo decadente, lo antiguo y lo maldito. He sido lectora de Poe, Lovecraft, Le Fanu…en mi casa estaba el volumen de Cuentos de terror recopilado por Llopis, y era un volumen de páginas amarillentas ajadas por el tiempo. Casi todos los libros de estos clásicos eran así, amarillentos. Los leía y me dejaba envolver por el perfume a papel viejo, y me imaginaba en entornos decadentes, fantasmales, torturados. La figura de Poe, en concreto, siempre la he sentido muy cercana. No solo por su literatura, sino por el personaje, su vida, su trágica muerte. Me atraen mucho los autores así”.

¿Qué explica su fascinación por Ray Bradbury?

“Descubrir a Ray Bradbury fue una conmoción. Comencé a leerlo en la adolescencia y me influyó profundamente. Me di cuenta de que había ahí un mundo muy extraño y muy lírico y comencé a escribir imitándolo hasta lograr, con el tiempo, separarme del padre Bradbury y conseguir mi estilo personal. El hombre ilustrado, Crónicas marcianas…los relatos de Bradbury son un despliegue de imaginación sin límites, casi híbridos, con esa mezcla de ciencia ficción y terror a veces. Supe que ese era el camino que yo quería transitar”.

Podría profundizar cuando dice: «Somos firmes defensores del asesinato de todo lo real». 

“Sí, ese es el lema y trasfondo ideológico de mi editorial, InLimbo, y también la postura estética tras mi obra. Cargarse lo real a golpe de pala. Elevar a las alturas las estéticas, la imaginación, lo inusual, lo weird, lo fantástico y el terror. Hacer de la literatura de evasión un arte. Y todo esto en el marco de la literatura española, cuyo canon hegemónico ha sido siempre realista y ha ninguneado históricamente los géneros fantásticos. Es toda una batalla que creo que debemos librar. En lo más íntimo imagino que entre todos llevamos a cabo una subversión del canon y que la hegemonía pasa a ser la de lo insólito. El panorama literario daría un vuelco, creo, a un escenario mucho más rico. Se tiende a pensar, al menos en España, que los géneros no miméticos son mero entretenimiento, cosa de adolescentes, narraciones poco serias, sin profundidad, para pasar el rato. Se piensa que en lo realista es donde está lo intelectual, el sesudo análisis, la crítica mordaz, que es en lo real donde la literatura brilla. Pero no, no es así. Y ciertamente, creo, es en los autores y autoras latinoamericanos donde lo no mimético goza de mayor respeto (tal vez de la mano de la tradición del realismo mágico), los que han iniciado esa subversión, aportando a nuestro mercado español obras que se tienen en cuenta, que son percibidas por la crítica, editoriales y medios como líricas, profundas y serias… y que transitan lo inquietante y lo insólito, el terror. No hay más que ver el éxito de Mariana Enríquez, por ejemplo. Ahora solo falta que crítica, editoriales y medios tomen con la misma seriedad la literatura no mimética que hacemos los autores españoles. A ello contribuyen, también con mucho trabajo, profesores como Natalia Álvarez o David Roas y Ana Casas, que desde las universidades de León y Alcalá de Henares potencian ciclos, congresos y grupos de estudio de lo fantástico”.

¿Qué pasa más allá cuando abrimos la puerta?

“Cuando abrimos la puerta puede pasar de todo. No hay límites si se cruzan las zonas liminales. Puede hacer su aparición lo daimónico susurrando historias terribles y bellas”.

En Huecos, la protagonista, da el paso y penetra en la casona que la perturbó en su infancia para sentir «como latía y dejarse apretar la nuca por el miedo». ¿Qué la impulsa a abandonar esa normalidad que tiene?

“La impulsa la curiosidad y un poco el morbo. Antes me has preguntado por abrir la puerta, y para abrirla solo hay que tener la curiosidad suficiente para transitar las zonas limítrofes y olvidar toda prudencia”.

Ana, ¿cómo concibe el rol de editora?

“Lo concibo como una forma de dar voz a otras voces. Tener una editorial es como escribir una gran novela, una gran historia que se cuenta a partir de otras historias. Todos en InLimbo estamos creando algo monstruoso, editores y autores contribuimos a construir ‘un himno gigante y extraño’”.

Un esfuerzo editorial como el de InLimbo, ¿es titánico?

“Muy titánico. Hay muchos muros que saltar, muchas frustraciones, un mercado implacable con el editor pequeño. Esto es una lucha constante”.

¿Qué mirada tiene de la reciente literatura Latinoamericana?

“Me encanta la literatura inquietante e insólita que se hace en Latinoamérica, especialmente la que viene de la mano de mujeres. Soy lectora de Enríquez, de Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero, de Giovanna Rivero y de Solange Rodríguez Pappe, a la que también he editado”.

¿Y cómo visualiza el papel de la mujer?

“Cada vez hay más editoriales que acercan al gran público historias inquietantes de autoras. Tenemos, por ejemplo, a Mariana Enríquez ganando el Premio Herralde de novela. Hoy día el terror es cosa de mujeres de una forma más patente que años atrás. También hay mucho más publico leyéndolas. De manera que, viniendo de la nada, se está alcanzando una mayor visualización que, confío, se acabará por instalar. Con todo, pese a que podemos ser optimistas con el panorama actual, todavía queda mucho espacio por conquistar”.

¿Qué planes de apertura a escritores jóvenes de Latinoamérica me podría mencionar?

“En nuestro catálogo hemos publicado a los ecuatorianos Solange Rodríguez Pappe (De un mundo raro) y a Miguel Antonio Chávez (Yo, Beato) y esta primavera verá la luz Una boca sin dientes, del también ecuatoriano Jorge Vargas. En poesía, Contexto Marte, del venezolano Luis Eduardo Barraza. Ya en 2024, en febrero, verá la luz un libro de relatos, Días de muertos, del mexicano Gerardo Lima”.

¿Cómo piensan fortalecer los puentes con Latinoamérica?

“Aspiramos a ir introduciendo poco a poco en nuestro catálogo autoras y autores de distintos países de Latinoamérica. El grueso de nuestras publicaciones es de autores/as españoles, pues hay una gran labor que hacer en nuestro país en cuanto a la difusión del género fantástico, pero concebimos lo insólito como algo potente que hermana ambas orillas, que se completa el uno con el otro. La escritura insólita española y la latinoamericana son muy distintas entre sí, pero no dejan de ser parte de lo mismo: ese asesinato de la realidad, esa subversión que estéticamente debemos llevar a cabo, sin fronteras”.

¿Qué conoce de autores chilenos? 

“La verdad es que poco. A España llegan muchas obras latinoamericanas, cada vez más, pero no de todos los países y es difícil poder leer, conocer, fascinarse, porque no se ven. Sin embargo, sé que Chile es un país rico en lo literario y es solo cuestión de tiempo que podamos tener más contacto”.

¿Qué deben hacer los autores latinoamericanos interesados en presentar sus escritos a la editorial?

“Acercarse a nuestro catálogo, seguirnos la pista, leernos, conocernos. Saber que trabajamos en la misma dirección. Y después tener paciencia: nuestro volumen de publicaciones es el de una pequeña editorial independiente y no siempre podemos recibir manuscritos. Pero todo irá llegando”.

¿Cómo han sobrevivido a la pandemia?

“Creo que hemos sobrevivido a la crisis porque acabábamos de llegar al panorama editorial. Iniciamos nuestra actividad en marzo de 2020, justo cuando nos confinaban. Solo teníamos un título que acababa de salir de imprenta. Lo pasamos muy mal, pero hemos sabido seguir adelante. Somos muy cabezotas”.

¿Ha pensado venir a Chile?

“Ojalá. Jamás he estado en Latinoamérica, pero siempre he soñado con ello. Respondo lo mismo que en una pregunta más arriba: todo llegará, es solo cuestión de tiempo”.

¿Cómo ve el año editorial 2023?

“Con mucha ilusión. Los títulos que van a ir viendo la luz son una auténtica maravilla inquietante”.

“La autora nos entrega en esta Ofrendas un nuevo cargamento de horrores y delirios”, argumenta el crítico español David Roas.
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