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ENTREVISTA: “La actitud de la jerarquía católica ha sido particularmente injusta”

La publicación de “El Vaticano y la Pedofilia” es una exhaustiva investigación de Felipe Portales de una problemática mundial no resuelta, que también ha golpeado a Chile. “Desgraciadamente, la actitud del Papa Francisco ha sido muy errática”, precisa el sociólogo (Mario Rodríguez Órdenes)

Felipe Portales Cifuentes es autor de libros claves para entender la historia de Chile.

Tras años de investigación, en “El Vaticano y la Pedofilia”, Felipe Portales intenta comprender cómo la Iglesia Católica cayó en lo que el Evangelio considera el peor de los pecados: el abuso sexual contra menores. La investigación analiza tres casos en profundidad: Los legionarios de Cristo, Estados Unidos y Chile. Este es un tema de gran actualidad. Felipe Portales tuvo una larga conversación con Diario Talca.

Felipe Portales Cifuentes (Santiago, 1953), sociólogo formado en la Universidad Católica de Chile es autor de libros claves para entender la historia de Chile. Entre ellos, destacamos “Los mitos de la democracia chilena” (Catalonia, 2004). Su saga “Historia desconocidas de Chile” ha alcanzado gran difusión.

Felipe, siendo católico, ¿qué le significó escribir este libro?

“Un ejercicio, a la vez muy doloroso y liberador. Pude comprobar vivencialmente lo efectivo del saber popular de que ‘la verdad duele’; y del aserto evangélico de que ‘la verdad nos hace libres’«.

La pedofilia eclesiástica se vincula a un proceso de corrupción de siglos. ¿Por qué se agravó luego del Concilio Vaticano I, de 1869?

“Es un hecho histórico archisabido que la colusión post-constantiniana de la Iglesia Católica con el Imperio Romano fue introduciendo cada vez mayores factores de distorsiones autoritarias y corruptas en las estructuras de poder eclesiásticas. Así, notablemente, la Iglesia ha combinado durante siglos la mantención de un mensaje evangélico que ha producido mucho bien en millones de personas, y que ha contribuido doctrinaria y prácticamente al fin de muchas crueles instituciones de la antigüedad; con el desarrollo de instituciones y prácticas crueles absolutamente contrarias al mensaje evangélico, como la Inquisición, las Cruzadas, las ‘cazas de brujas’ y el antisemitismo.

Si bien la pérdida de poder de las jerarquías católicas con el triunfo de la Ilustración y el liberalismo, terminó o disminuyó la gravedad de aquellas; al mismo tiempo generó en el Vaticano la mentalidad de ‘fortaleza sitiada’ que llevó a la exacerbación del autoritarismo al interior de la Iglesia. Y, particularmente, el poder papal respecto de los obispos, sacerdotes y fieles se acrecentó fuertemente; tanto en términos doctrinarios, organizacionales y punitivos”.

Esto se expresó en la «infalibilidad papal«…

“Efectivamente. La infalibilidad se inculcó mucho más allá del contenido limitado del dogma aprobado en el Concilio Vaticano I, que solo se expresaba en declaraciones formales ‘ex-catedra’ en materias de fe y moral; y que desde 1870 ¡solo se ha expresado una vez: el dogma de la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma luego de fallecida, en 1950! Por otro lado, a través de numerosos concordatos (tratados) con Estados de mayoría católica, el Vaticano fue logrando concentrar como nunca antes la total exclusividad en la facultad de designación de los obispos. Asimismo, el Código de Derecho Canónico, impuesto por el propio Vaticano en 1917, acrecentó enormemente los poderes centrales de la Santa Sede sobre el conjunto de la Iglesia. Asimismo, se estipularon estrictos juramentos de incondicionalidad al Vaticano de los nuevos sacerdotes. Igualmente -lo que tendría funestas consecuencias respecto a la pedofilia- se bajó la edad de la primera comunión y de las confesiones obligatorias de los 14 a los 7 años. Y también se fortaleció el secretismo interno y en particular respecto de los procesos que afectaban a los miembros del clero”.

¿Comparte que se estableció una Iglesia elitista muy vinculada al poder?

“En realidad, la desgraciadamente estrecha vinculación de la Iglesia al poder político y económico se remonta al tiempo de Constantino. Solo después del Concilio Vaticano II, y específicamente en América Latina, surgió fugazmente una significativa tendencia de crítica a los poderes establecidos en ‘Medellín’ y ‘Puebla’. Tendencia que se expresó notablemente en varios países latinoamericanos en la muy activa defensa de los derechos humanos en el contexto de graves y sistemáticas violaciones de aquellos. Particularmente resaltaron, en este sentido, las Iglesias de Brasil, Chile y El Salvador”.

¿Se produjo alguna reacción, por ejemplo, en el Concilio Vaticano II?

“Desgraciadamente el Concilio Vaticano II se limitó a una muy buena culminación de la doctrina social de la Iglesia que empezó poco a poco a surgir con «Rerum Novarum» en 1891. Sin embargo, mantuvo inalterables los dispositivos completamente autoritarios, verticales y machistas de su organización. Con lo cual llevó al extremo su contradicción entre su teoría y su práctica; entre lo que predicaba para afuera y lo que practicaba para dentro. Incluso, su evangélica doctrina social ¡la mantuvo alejada de la enseñanza en las escuelas, colegios y parroquias católicas! Y para qué hablamos de los movimientos elitistas, espiritualistas y conservadores como el Opus Dei, Legionarios de Cristo y Schoenstatt, entre tantos otros.

Todo esto ha acentuado la corrupción que genera el poder absoluto, como también lo precisó uno de los más destacados intelectuales del siglo XIX, el católico inglés, John Acton. Y quizás sus expresiones más visibles las vemos desde el siglo XX en los ámbitos económico-financiero y sexual. Y, por cierto, ha provocado una inmensa deserción de sacerdotes y fieles, que -con el horrible tratamiento de la pederastia eclesiástica por su jerarquía- ha llegado a grados extremos”.

Lo ocurrido recientemente con el padre Maciel, Fernando Karadima y otros, ¿qué muestra?

“Evidentemente, sobre todo el caso de Marcial Maciel ha demostrado hasta qué extremos de amoralidad y estulticia han llegado muchos de los altos jerarcas vaticanos. Pero sin duda que desgraciadamente son numerosísimos los casos que han ido en esa dirección; tanto en materia de abusos propiamente tales, como especialmente de sus encubrimientos. Por nombrar algunos casos chilenos: Karadima, Cox, Errázuriz, Poblete, Precht, Tomás González y O’Reilly”.

¿Se pueden efectuar cambios si se mantienen las estructuras autoritarias de la Iglesia?

“La lógica y la evidencia histórica demuestran que no. Como vimos, el poder absoluto genera necesariamente absoluta corrupción. Se naturaliza una autoconciencia soberbia de la propia autoridad y juicio para proceder de la forma que se estima adecuada sin ninguna otra consideración. Por tanto, solo estructuras democráticas reales y con efectiva participación y fiscalización de sus miembros pueden generar organizaciones y países donde se respeten los derechos y dignidades de todos”.

Felipe, ¿por qué califica la pedofilia en la Iglesia como una pandemia?

La utilización del término ‘pandemia’ constituye un recurso metafórico que alude al carácter mundial de la grave crisis que sufre la Iglesia”.

La práctica de defender a los abusadores, ¿de cuándo data?

“Defender a los propios abusadores constituye una práctica ancestral de toda organización o Estado autoritario. Pero cuando se traspasan todos los límites y se hacen visibles para todos, la organización o el Estado comienzan a perder toda legitimidad, al menos en la época contemporánea en que se ha socializado una conciencia ética del respeto universal de los derechos humanos. Por ello también, la importancia capital que tiene una efectiva pluralidad y libertad de los medios masivos de comunicación, para no poder ocultar eficazmente los crímenes estatales u organizacionales”.

Un ejemplo mundial es el caso del sacerdote John Geoghan…

“Efectivamente, el caso que se relata en el libro del sacerdote estadounidense, John Geoghan, es espeluznante. Primero, porque dejó más de 130 víctimas en una serie de parroquias donde trabajó desde 1962 hasta 1996. Y porque desde 1984 fue protegido por el cardenal arzobispo de Boston, Bernard Law, que lo fue trasladando de parroquia en parroquia, hasta que como seguía cometiendo indefinidamente abusos, lo suspendió finalmente ¡en 1996! enviándole una carta que decía: ‘Llevó usted una vida eficaz para el ministerio, pero por desgracia la enfermedad lo incapacitó. En nombre de aquellos a quienes ha servido tan bien, y en el mío propio, quisiera darle las gracias. Entiendo que la suya es una situación dolorosa. La Pasión que compartimos ciertamente puede parecer insoportable e implacable. Somos mejores cuando respondemos con honestidad y confianza. Dios lo bendiga Jack’. Y, de acuerdo a una investigación del ‘Boston Globe’, se descubrió que Law había cambiado de parroquia en parroquia a unos 80 curas a lo largo de 20 años. Finalmente, el propio Law se vio obligado a dimitir en 2002; y para protegerlo de la Justicia estadounidense Juan Pablo II lo llamó a Roma; donde siguió siendo protegido por Benedicto XVI y Francisco hasta que falleció en 2017, teniendo un funeral con todos los honores cardenalicios”.

Esta disociación entre el mensaje evangélico y la realidad de la Iglesia, ¿dónde la ha conducido?

“A una pérdida gravísima, sostenida y creciente de autoridad moral y credibilidad”.

¿Por qué el tema de la pedofilia eclesiástica ha sido tan grave en Chile?

“Porque ha sido el país donde el comportamiento de los obispos ha sido más complaciente con la pedofilia eclesiástica según el propio Papa que solo ha pedido la renuncia colectiva a los obispos chilenos. Y de acuerdo a un estudio de académicos de la propia Universidad Católica de dos años de duración -conocido en septiembre de 2020- que tuvo conclusiones lapidarias, y peores para la Iglesia chilena en comparación con el resto del mundo”.

¿Por qué considera que la actitud de la jerarquía ha sido injusta y cruel?

“La actitud de la jerarquía chilena ha sido particularmente injusta, cruel y autodestructiva. Injusta y cruel con el conjunto de los sacerdotes y religiosos del país al que virtualmente le puso un manto de sospecha generalizado y cuya gran mayoría no ha cometido abusos sexuales. Y autodestructiva, porque con ello ha dañado gravemente la autoridad y credibilidad del conjunto de la Iglesia”.

¿Ha habido avances para superar el problema?

“Lamentablemente, los avances que ha habido han sido notablemente insuficientes y, en general, sacados ‘con fórceps’».

¿Cuál ha sido la actitud del Papa Francisco?

“Desgraciadamente, la actitud del Papa Francisco ha sido muy errática. Particularmente en el caso de nuestro país en que por años se obstinó en mantener su apoyo a obispos que estaban con múltiples testimonios públicos -¡incluso en algunos casos de ellos mismos como se constata en el libro!- de haber protegido y defendido a abusadores”.

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