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Modestamente delicioso: el Mesón Español y su alma de «picada» talquina

Gastronomía española popular, sencilla y sabrosa. Sincera, sin aspavientos, como Modesto Domínguez Arrojo, nacido en Casar de Palomero, un pequeño pueblo de Extremadura (texto y fotografía: Rodrigo Contreras Vergara)

Como el Quijote, Modesto no le teme a la aventura.

Modesto Domínguez Arrojo, natal de Casar de Palomero, localidad de la provincia de Cáceres, en la comunidad autónoma de Extremadura, España, cerca de la frontera con Portugal, esboza una tímida sonrisa instalado detrás del mesón de su restaurante, ubicado en 7 Norte, entre 11 y 12 Oriente. En la cocina, se mueve sigilosa María Ivonne González, su esposa, una talquina que con 22 años se fue a Madrid a probar suerte.

El local se llama “El Mesón Español” y, claro, su especialidad es la comida española. La tortilla, las patatas bravas, los montaditos, los callos a la madrileña, la paella y la fideuá, una variación de la paella hecha con fideos, explica Modesto. Me lo recomendó Rodolfo Schmal, columnista de Diario Talca, y quien tiene una especial debilidad por Madrid, ciudad donde realizó su magister en los 80’ del siglo pasado.

Al poco tiempo de llegar de España, Modesto viajó a un campo cerca de San Clemente. En el trayecto le llamaban la atención los cartelitos promocionando tortillas. Se imaginó la aromática mezcla de papa, cebolla y huevo.  Pero lo que le llevaron cuando se detuvo en un puesto fue un pan grande maquillado con cenizas. Le hablaron entonces de la tortilla de rescoldo cocida entre las brasas.

Modesto conoció a Ivonne el 2005. Ambos trabajaban en un condominio de Madrid. Él de conserje. Ella iba a trabajar a la casa de una señora. Cinco años después iniciaron una relación y el 2013 se casaron. En eso estaban cuando en Talca el papá de Ivonne se enferma de gravedad. Comienzan a darle vueltas a la idea de venirse a Chile. A Modesto siempre le ha gustado viajar. Como cuando fue a visitar un fin de semana a Ivonne a Italia donde estaba trabajando. Fue un viaje relámpago en su auto, acompañado de un hermano de ella que también vivía en Madrid. Recorrieron mil 700 kilómetros, conduciendo toda la noche para llegar a las diez y media de la mañana a Cuneo, en la región de Piamonte. Al verlo llegar, Ivonne se mostró totalmente sorprendida. “¡Hicimos tantos kilómetros y no me dices nada!”, le dijo Modesto en tono de broma.

En el Kia Cerato recorrieron Italia, Francia, Portugal, también casi toda España. Pero cruzar el Atlántico era otra cosa. Así y todo, Modesto no lo pensó mucho. Compró los pasajes y en marzo de 2014 llegaban a la casa de los padres de Ivonne en Talca.  Modesto, en todo caso, ya conocía la ciudad. En septiembre del 2011 viajaron para pasar las Fiestas Patrias y el cumpleaños de Ivonne en Chile. Le gustó Talca, cierto aire de ciudad pequeña, de casas bajas y tradicionales.

En Madrid vendieron todo. Los muebles y el auto regalón de Modesto. En Talca partieron de cero. Lo que sí trajeron fueron las recetas tradicionales de la gastronomía española, que Ivonne aprendió en sus 25 años en Madrid. Pero del negocio no sabían nada. No venían con la idea de instalar un restaurante. Pero la familia y los conocidos que probaban los platos preparados por Ivonne y Modesto, comenzaron a decirles que por qué no abrían un local de comida. Lo pensaron, hasta que los invitan a un evento gastronómico en el centro. Hicieron más de 20 tortillas y tras un éxito rotundo, decidieron el 2017 abrir el local. Al principio le tuvieron que explicar a la gente, acostumbrada a los completos y las churrascas, de qué se trataba cada plato. Qué llevaba un montadito, cuál era la diferencia entre la paella y la fideuá, qué es la butifarra (un embutido tradicional de la cocina catalana). Y así, poco a poco, las personas comenzaron a llegar al local.

MONTADITO A 500

La tortilla chica a mil pesos, un montadito a 500. Precios módicos, incluso en época inflacionaria. Porque, aseguran, no quieren hacerse ricos. El espíritu es el de la charla y la sobremesa, de conocer gente y hacer amigos. Los fines de semana, con la alta afluencia de público que trae la feria de la 11 Oriente, el movimiento en “El mesón español” se dispara. En la semana la cosa es más calmada. Pero igual llegan clientes habituales. Entra un niño. Se dirige directamente a Modesto y le dice: “Pasé de curso con un 5.2”. Luego llega la madre que cuenta que su padre está mal de salud. ¿Qué es lo que más te gusta de la comida del local?, le preguntó al pequeño. “Los pancitos de 500”, responde refiriéndose a los montaditos. Hacen un pedido de montaditos y después que el niño demuestra sus habilidades con las matemáticas, se van. Todo muy coloquial. Como le gusta a Ivonne y Modesto.

Están bien en Talca. Pero no se atreven a asegurar que se quedarán por estos lados. Les preocupa el tema de la salud. Modesto cumplirá pronto 62 años y la salud en Chile es complicada. En España, dice Modesto, la atención médica es gratuita. Y si el sistema público no puede atender una enfermedad, una operación, la persona es derivada prontamente a un recinto privado, sin costo extra.

La tortilla española es sencilla. Papa, cebolla, huevos y un par de ingredientes secretos que Modesto no revela. Sí, sencilla y rica. Al igual que un bocadito en pan chapata con jamón serrano, tomate rayado y aceite de oliva. Simple, modestamente delicioso.

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