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QUÉ PENA IQUIQUE ¿Y EL MAULE? por Leonardo Vergara

La semana noticiosa que pasó estuvo muy dominada por la pesadilla que están viviendo los Iquiqueños (y buena parte de esa región), zona que se ha visto de alguna manera sometida a la difícil convivencia entre la tranquilidad y la delincuencia.  En la gran mayoría de las notas de prensa, se vincula intensamente al conflicto con la inmigración.

Esa lectura única puede ser peligrosa, pues Chile ya ha experimentado que, cuando cierta conflictividad social se ubica bajo solo una causa, generalmente esconden temas o contenidos mucho más profundos y que después, cuando ya se evidencian, los problemas son de muchísima dificultad y lejana solución.

La cultura nacional tiene ese algo, como que no nos gusta ver las realidades, tampoco abrir debates con altura de miras, amparado en principios básicos de convivencia y mejora social, como es la tolerancia y respeto a la opinión divergente, menos se da la posibilidad de abrirse a un cambio de opinión, pues se puede traicionar alguna base ideológica de forma.

La jerarquía en instituciones que deben ser requeridas por una cuestión de la naturaleza del rol, se entiende, pero la jerarquía común, para imponer una condición, simplemente porque la jerarquía lo dice, también ha llevado a mucha gente con poder (generalmente temporal) a adquirir sordera voluntaria, pero sin hacerse responsable de su actitud personal, total, en Chile siempre…paga Moya.

El lugar común, es la típica actitud de nuestra cultura chilena, de echar la basura bajo la alfombra, evitar muchas veces los impopular o bien hacer las cosas muy populares (pero generalmente con soluciones parche y, por ende, de corto plazo) en lugar de hacer la pega difícil, cual es la de tomar los temas en forma decidida hasta solucionarlos (sin calculadora de por medio)

Conversaba con amistades iquiqueñas ligadas a una de las principales actividades económicas de esa ciudad (turismo) y me indicaban que, luego de la pandemia (dos años a la baja), la falta de decisión para enfrentar el problema de la inseguridad social, se les presenta como una nueva pandemia (por el efecto y consecuencias), lo que les puede llevar al cierre de sus actividades a muchos emprendedores.

Pregunté por la causa de la causa y la respuesta fue, una mal conceptualizada permisividad para todo, amparado en excesiva comprensión a todo. Es decir, igualdad de condiciones, tanto para el que hizo bien la pega y forma parte de la norma social vigente, como para el que nunca ha hecho nada, ni quiere hacer nada, le da lo mismo la convivencia social vigente, pero sí quiere todos los derechos. En el fondo, una comunidad basada en derechos y exigencias (también exigidos por la razón o la fuerza) y ningún deber, ni menos esfuerzo o trabajo (trabajo del socialmente normal, pues el delincuente también trabaja).

Por el Maule ¿cómo estamos? o ¿para dónde vamos? Cada lector, cada barrio, cada pueblo, ciudad o comuna, puede sacar sus propias conclusiones, pero seamos cuidadosos, pues tenemos muchas áreas en que si se instala tanto la permisividad total como norma y, por otro lado, la estigmatización productiva, la vulnerabilidad socioeconómica podría incubar una nueva forma de olla a presión.

Leonardo Vergara

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