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¿QUIÉN ES CHILE? por Franco Caballero Vásquez

Ha llegado el momento del gran final. Las propagandas han extremado sus argumentos, unos mediante el ingenio otros utilizando sus recursos disponibles para intentar convencer a las personas para que se inclinen por su opción. Estamos ante el momento más importante para la historia cívica de nuestro país, donde hemos llevado la fórmula democrática a lo más alto de nuestras posibilidades, puesto que por primera vez se ha creado una constitución escrita por la misma ciudadanía en un proceso que según indicó Jaime Bassa cuando vino a Talca, no habría sido posible realizarlo en tan corto plazo si no fuera por la gran diversidad presente en la convención.

Técnicamente, hemos logrado homologar las posturas de los distintos sectores políticos que se vieron representados democráticamente en la convención, mediante una magna carta jurídico-política que expresará el sentir y el pensar de la ciudadanía chilena. Esto quiere decir que se han logrado aunar dos polaridades que existen en democracia según la filosofía política: el AGONISMO y la DELIBERACIÓN. En la primera se considera a la persona como un ente irracional, sobrepasado por sus emociones, en la que la democracia no se puede fundamentar, ya que las pasiones son más fuertes y le terminan conduciendo en la vida (Ranciere, Derrida, etc.) Por otra parte, está la deliberación, que entiende al sujeto como un individuo racional que es capaz de poder desarrollar una conversación, por lo que puede fundamentar la democracia a través de su racionalidad (Habermas, Cortina, etc.)

Es interesante la precisión respecto a fundamentar o no la democracia, porque lo que significa es si acaso se es posible dirimir, determinar mediante las diferencias, un encuentro común. Esa es parte esencial de la naturaleza democrática, el que se pueda establecer una comunión entre diversas posiciones. El carácter deliberativo diría: que gane el mejor argumento que pueda entregar las posibles soluciones ante un conflicto. Pero, así como hay personas capaces de discernir hay otras capaces de no hacerlo. La virtud podría estar en la postura de ambas, en la unificación de estos polos, sobre todo para quienes creemos que el hombre está compuesto por dualidades, porque de esta manera puede surgir: EL CRITERIO. Un hombre criterioso no tiene dogma. -No recuerdo si esa frase la dijo un profesor o se me ocurrió, pero la tengo anotada en mi cuaderno de apuntes-. El criterio puede utilizar la pasión para actuar y la deliberación para conversar con quienes piensan distinto. Eso fue lo que sucedió en la convención constituyente, muchas personas desde distintas perspectivas políticas, de diferentes culturas y estratos sociales hicieron ASAMBLEA y establecieron un CRITERIO COMÚN. El ejercicio más prudente de las deliberaciones sociales.

La pregunta es ¿Los valores de los recursos democráticos son apreciados por todos? ¿se desconocen, o no les interesan? En otras palabras, podría pensar que hay quienes defienden la democracia y otros que no aprecian el valor de la voluntad de las mayorías. Si hay quienes han participado de la democracia y otros que han fragmentado la posibilidad de discusión y debate político, podremos pensar que no todos están creyendo en el mérito democrático. ¿No es acaso el mejor sistema posible de administración social de una nación? Puedo decir entonces que, en ese caso, oponerse a una constitución ciudadana, es oponerse a la democracia misma.

Desde esta perspectiva podemos decir que se supera la dualidad derecha v/s izquierda, las que representan polos democráticos, y nos encontramos con un evento que parece ser lo mismo, pero no lo es, al enfrentarse la Constitución de 1980 -no democrática- v/s la nueva Constitución de 2022. ¿Cuál ganará? Pronto lo sabremos. Lo importante es no descuidar el criterio personal, aquel que logra resguardar la pasión y la deliberación por la realidad de la política nacional, según el principio que cada uno tiene. El principio, la ideología, la creencia o la conciencia política que se tenga, debe trascender las falsas apariencias de la propaganda que, en este proceso constituyente, dejó bastante que desear, por lo demás.

Se acerca el final, el lunes 05 de septiembre anunciará una mañana distinta, en la cual, independiente del resultado, lo más importante habrá sido obtener el reflejo del pensamiento de Chile, porque todo proceso de sufragio es un acto de autoconocimiento nacional, en el que podremos conocer, en este caso, cuál es nuestra postura frente a las problemáticas planteadas durante un proceso de descontento social que irrumpió volcánicamente un ya lejano 18 de octubre del 2019. Por ahora, la mejor moraleja, es que ya conocemos la democracia en carne propia, no como la teorizaban los gobiernos noventeros, sino que desde la demanda ciudadana que logró pasar de las agitadas marchas semanales a un plácido domingo de lápiz bic en vísperas de primavera.

Franco Caballero Vásquez

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